EL AGUA
Por Marcial Moreno
Cada vez resulta más difícil encontrar
películas con una duración que ronde los canónicos noventa minutos,
y casi imposible que no pasen de los ochenta. Una simple ojeada
a al cartelera de estrenos constata que las dos horas se van convirtiendo
en el metraje habitual, y no son extraños los casos de cintas
que se acercan a las tres horas. Y aunque es cierto que esta observación
no puede tomarse como una regla que calibre aspectos relacionados
con la calidad del producto final, no lo es menos que indica algo
más que el rendimiento temporal obtenido por el precio de la entrada.
Y eso es así porque la duración de las películas parece haber
pasado de ser una herramienta, a una finalidad del relato. Cuando
un director alarga el metraje de su obra, debiera estar respondiendo
con ello a la necesidad de contar más cosas o aportar más elementos
que enriquezcan, completen o den significado a la historia presentada,
pero en los tiempos que corren las cosas no son así la mayoría
de las veces. Y nada mejor para comprobarlo que volver la vista
hacia las grandes obras de la historia del cine y apreciar la
diferencia que existe entre la concisión narrativa que estas obras
nos ofrecen y la banalidad con que se ocupan los minutos en el
cine que en nuestros tiempos se hace. Dicho con otras palabras,
en la actualidad el tiempo se rellena con lo que sea con tal de
mantener al espectador en al butaca, mientras que la norma debería
ser utilizar el tiempo estrictamente necesario para desarrollar
lo imprescindible, huyendo sin reparo alguno de cualquier elemento
superfluo o insignificante.
Valga toda esta disquisición para mejor
comprender una de las razones que hacen de Retorno al pasado una indiscutible obra maestra: no es otra, podrá adivinarse, que la perfecta funcionalidad
(necesidad podríamos decir, si adoptamos una perspectiva interna
al relato) que poseen todos y cada uno de los elementos que se
nos presentan en la pantalla para la construcción final del producto.
A diferencia de lo que suele ocurrir hoy en día, la película no
sería la misma, se perdería algo de su significado, si suprimiésemos
un solo plano, un solo minuto de su metraje.
Uno de esos elementos esenciales, aunque
figure en un segundo plano, es el agua. Su relevancia llega a
convertirla en el punto de referencia alrededor del cual se construye
la estructura de la película, al tiempo que sirve para insertar
los diferentes personajes en esa estructura. Tres son los modos
en que se presenta el agua: el río, el mar y el lago, y cada uno
de ellos va asociado a uno de los personajes esenciales con los
que se relaciona Jeff, hasta el punto que el deambular del protagonista
por cada uno de esos lugares equivaldrá a la sucesiva relevancia
que adquieren en su vida las personas correspondientes.
En primer lugar, y es la primera aparición
de Jeff, nos encontramos con el río, lugar idílico en el que Jeff
pesca junto a Ann, dotado de una luz clara y brillante, promesa
de futuro, pero también muestra de fragilidad e inconsistencia.
Rápidamente la paz queda truncada por el anuncio de la presencia
de Joe, y los pensamientos inquietantes pueblan la mente de Jeff.
La felicidad inicial se desvanece, y Tourneur nos muestra los
dos enamorados hablando pero sin que se crucen sus miradas, acentuando
así el desgarro que se ha instalado entre ellos. La música que
envuelve la escena, al alterarse cuando Jeff se da cuenta de la
presencia del chico sordomudo, recalca la ruptura de la situación.
El río es el territorio de Ann, es el
lugar en el que Ann ha conseguido, o eso cree, cazar a Jeff (el
hecho de que aparezcan pescando no es baladí), y es el lugar al
que Jeff volverá cuando huya, si bien en ese momento el remanso
inicial es sustituido por el fragor y la inquietud de las cataratas,
lugar donde morirá Joe empujado por el anzuelo que le lanza el
chico sordomudo, una especie de pesca que parece recomponer la
que su llegada al principio de la película interrumpió. El dominio
de Ann sobre el río se muestra también en el hecho de que es el
lugar en el que Jim se dirige a ella para intentar recuperarla,
y sus límites quedan manifiestos cuando Ann acompaña a Jeff a
la casa del lago y vuelve dejando a su amado allí, sin penetrar
en un territorio que no le pertenece.
El lago, efectivamente, es el ámbito
de With, donde ejerce su poder, donde gobiernan sus normas. Tanto
es así que cuando se aleja de él, el personaje pierde su fuerza.
Podemos verlo en el momento en que viaja a México para averiguar
el estado de la investigación de Jeff: su reacción es casi ingenua,
impropia de alguien con su poder, dejándose engañar con toda facilidad.
Sin embargo, recuperada su posición en el lago, su dominio vuelve
a expresarse en toda su amplitud, y ahí está la sumisión de Kathy
para mostrarlo.
Y nos queda el mar, la eterna metáfora
de la libertad. Y eso es justamente lo que es el mar para Jeff,
como lo es Kathy, el personaje a él asociado. Cuando la encuentra,
el dominio que sobre su actitud hacia Kathy ejercían las órdenes
de With desaparece, siendo ella quien pasa a dominar la situación.
Acapulco, y concretamente “La mar azul”, el café donde se encontraron
por primera vez, ejerce durante toda la película el papel de lugar
donde escapar, el comienzo de una nueva vida, el sitio donde esconderse
sin miedo a ser descubierto. Pero no solo es eso; el mar es al
mismo tiempo amenaza: el primer beso de Jeff y Kathy sucede en
la playa, pero ante un mar revuelto y en medio de redes que los
pescadores han dejado allí (el paralelismo entre las redes y la
caña de pescar podría llevarnos a reflexionar sobre el diferente
papel de hombres y mujeres en el relato). En el fondo, Jeff no
escapa, sino que cae preso de Kathy, y su anhelo por huir con
ella no es sino el reverso de las ansias de Kathy por poseerlo,
por dominarlo.
Por eso, al final de la película, la
huida hacia Acapulco, que es la huida hacia el pasado, queda abortada
por la lucidez de Jeff, por el reconocimiento de que el mar no
es sino la jaula que Kathy le tiene preparada. Y la muerte de
Jeff viene a ser la constatación de que no hay huida posible,
la confirmación de la tragedia que es Retorno al pasado, y que como las tragedias
griegas, tiene su marco de acción en las playas y en el mar.