CINE NEGRO EN BLANCO Y NEGRO. CINE NEGRO EN COLOR.
Por Patricio Ruiz Brotons
LAURA: CINE NEGRO EN BLANCO Y NEGRO
Laura (Laura, 1944) no está entre las películas mas conocidas
de los aficionados, pero sí entre las más apreciadas. Es, posiblemente,
una de las mejores películas del cine negro, con muchas similitudes
con el fetiche Casablanca. Por esos misterios incomprensibles,
por eso son misterios, Casablanca es propiedad por los
siglos de los siglos del acervo cultural de todos aquellos que
se acercan al cine. Laura no, es sólo de unos pocos.
Basada muy por encima
en una obra de Vera Caspary que obtuvo el Premio ABC para novelas
de misterio en 1942, su guión, como ocurre en Casablanca es
uno de los mas controvertidos: hay cambios diarios en el rodaje,
finales varios, historia de amor a contrapelo, humo que ciega
los ojos de Tierney y Bogart y un reparto que la propia Gene Tierney
hace mágico.
No era Tierney una
gran actriz pero tenía ese don que se ha dado en llamar la
cámara la quería. Su oponente Dana Andrews, era aún menos
actor y la cámara lo apreciaba, pero respiraba honradez
e inexpresividad por poros alternos, todo lo cual quiere decir
que el papel de poli bueno e íntegro estaba hecho para él. Nunca
hubiera podido hacer de pies planos o de madero.
Y queda la tercera
parte del triángulo intrigante, Cliffton Webb, que sí era una
gran actor y se come al resto del reparto en un papel a lo Salieri.
Hay más, detrás de la cámara un maestro, Otto Preminger, ahí es
nada. Y la música. La firma David Raksin un autor que figura en
los créditos de más de ciento cincuenta películas, muchas de ellas
westerns.
Una vez hace ya muchos,
muchos años y en una galaxia que hoy me parece muy lejana, en
el Aula de Fray Luis de León de la Universidad de Salamanca, entonces
abierta al público para actos culturales, tuve la suerte de asistir
a una Sesion de Jazz donde se interpretó el tema de Laura.
No lo olvidaré nunca.
PD: Si han tenido
la amabilidad de leer estas líneas, les ruego discreción, que
no las comenten: pueden remakear otra vez la película. Gracias.
CHICAGO AÑO 30: CINE NEGRO EN COLOR.
Hubiera sido un crimen:
Cyd Charisse en blanco y negro. A Cyd Charisse le pasaba lo mismo
que a Gene Tierney, no era una buena actriz, era una bailarina
pero la cámara la quería, qué digo la quería: la adoraba.
El resto de la película sí podía haber sido en blanco y negro,
claroscuros no le faltan.
La novela, que en
este caso se sigue bastante fielmente, se publicó en España con
la firma de Marvin H. Albert cosa que no ocurrió en otros países:
la idea de los viejos amigos de la infancia cuyas vidas divergen
y luego, ya adultos, vuelven a converger es vieja en el cine y
la literatura.
El resto del reparto lo forman Robert Taylor
–hecho para las películas de acción– en un papel para Henry Fonda
o Gregory Peck, pero sin desdecir lo mas mínimo. Y, como ocurre
en Laura, sobresale el malo, en esta ocasión malo evidente
desde el comienzo de la película: Lee J.Cobb.
Cobb/Webb son los prototipos de los malos del
cine. Cobb el malo de la fuerza bruta, que se impone todo
músculo. En esta película, Cobb pude compararse sin ningún demérito
a Edgard G. Robinson que es el patrón-oro para este tipo de personajes.
Puro habano incluido. Webb no tiene fuerza bruta, ni siquiera
fuerza, pero su cerebro es puro músculo.
Chicago año 30 (Party Girl, 1958) la dirigió Nicholas
Ray. No es ni mucho menos la mejor película de Ray, pero como
ocurre con los grandes directores, aún sin serlo, es mejor que
las mejores de otros muchos.
No sé quién está detrás de la música de la película,
pero siempre se ha rumoreado que, aunque no conste en los créditos,
el autor es André Previn.
PD: Si han tenido la paciencia de seguir leyendo
hasta aquí, pueden comentarlo. No podrán remakear Chicago
año 30: no encontrarán a otra como Cyd Charisse.