EL PASADO PRESENTE
Por Anaïs Pérez
Figueras
Humo. Entre el humo,
tu cara. Detrás de tu cara, tu sombra. Detrás de tu sombra, tu
pasado. A veces el pasado entra y sale por las habitaciones, te
deja una nota de bienvenida y se escapa de nuevo por la puerta
principal. Él siempre es un invitado.
Retorno al pasado es el recuerdo
de que nada se borra y de que aunque no queramos, muchas veces
quedamos atrapados en una fotografía en blanco y negro, a la que
únicamente cambian el decorado pero donde siempre terminan apareciendo
los mismos actores.
Se puede sentir en
la película de Tourneur un desasosiego continuo. Una trama atrapa
a otra sin dejar que el espectador pierda la tensión. La necesidad
de los personajes por explicar lo que sienten en cada momento
y el miedo, en parte, a defraudar al “otro”, les obliga o a mentir
o a aplazar el instante en revelar quiénes son en realidad y cuál
fue su pasado. Un tiempo que terminó pero que aunque parece quedar
tras los pasos, siempre regresa y tropieza con sus actuales vidas
recordándoles lo que hicieron.
Las sombras que oscurecen
sus caras indican cuándo se aproxima la tensión, cuándo vuelve
la seriedad. Las escenas se desenvuelven dentro de un ambiente
enrarecido. Cada cigarro encendido en el momento exacto, aliviando
una situación que arrastra el estrés acumulado por los ojos de
los espectadores, marca las pausas y el momento de respiración
necesarias para volver a tomar aliento.
Las mentiras circulan
alrededor de los diálogos y la acidez se desliza con facilidad
envolviendo las paredes de las habitaciones, espectadoras de asesinatos,
lloros fingidos y sublimes interpretaciones. Escenarios que se
visten para distintas ocasiones pero donde personajes con sombrero
o sin él, dependiendo de las ocasiones, las recorren junto a sus
sombras.
EL MIEDO
Hay que señalar que
todos los personajes, desde los principales a los secundarios,
están teñidos de dos caras. Aunque los papeles de los actores
están definidos y caracterizados, nunca podemos saber con exactitud
frente a quién nos encontramos. Desde la
femme fatale, que nos embauca para que creamos que sus lágrimas
saben a azúcar en vez de ser amargas, hasta el detective, que
aunque parece convencido de que su corazón puede vencer a la provocación
de la seducción, termina traicionándole. Esta mezcla de emociones,
construyen una trama acompañada de un enrevesado diálogo lleno
de suspicacias, que no dejan al espectador tranquilo.
Se puede observar
a un Kirk Douglas absorbido por la tensión en las últimas escenas
al darse cuenta de la perversidad de Jane Greer, frente a la estabilidad
de la que hacía alarde al comienzo del filme. Al igual que se
presiente la desesperación en la piel de la protagonista cuando
es sorprendida por Robert Mitchum mientras trama su inculpación
en diversos asesinatos.
UNA PELÍCULA CIRCULAR
Por otra parte, debemos fijarnos en el carácter
circular de la película. Se trata de una composición de escenarios
casi paralelos. Al mismo tiempo que se obliga al espectador a
regresar a la gasolinera desde donde comienza la trama, se le
muestra el hecho de que en ambas situaciones se pregunta por la
misma persona con un objetivo, obtener una explicación. Mientras
que al comienzo el ayudante de Kirk Douglas acude para saber dónde
se encuentra Robert Mitchum intentando sacarle de lo que hasta
entonces había sido la huida de su pasado…La que es su pareja,
al final, acude embaucada por la necesidad del dolor y de despojarse
de un amor que sólo es posible arrancar con la mentira.
No es insignificante tampoco el detalle de
que el protagonista comience a relatar su anterior vida dentro
de un coche con su novia y termine muriendo, también conduciendo,
pero con la que había sido su amante, esta vez vestida con un
traje de monja teñido de negro, frente al despampanante conjunto
blanco con el que apareció en el bar la primera vez que se conocieron.
LA MUERTE
Otro punto se enclava
en la palpable repetición de situaciones de violencia y constante
amenaza de muerte que presiden el devenir de los relatos y las
conductas de los personajes.
Ante la muerte no
hay seguridad ni existe nada ni nadie que pueda proteger al héroe
o al resto de actores que le rodean, sobre todo cuando ésta no
se encarna en un enemigo en concreto sino en alguien cercano a
quien se ama. En este sentido, hay que subrayar que frente al
convencionalismo del final feliz del cine clásico, la serie negra
presenta un parentesco incuestionable con la gran tradición representada
en la tragedia.
LOS DETALLES
Este estilo de cine juega con las luces, con
las sutilezas, con las metáforas y los escondites de las palabras
y Jacques Tourneur no deja a medias al espectador con el tacto
de la cámara.
Cada plano y cada escena que esconde situaciones
innecesarias de describir, sólo posibles de decir con la imaginación
de los ojos de quien observa atentamente el filme, están medidos.
El momento en el que se oyen las voces de los padres de la novia
de Robert Mitchum pero no se les ve; el hecho de que la femme fatale aparezca más tarde con los pendientes que dijo que no
utilizaba o la apertura de manera violenta de la puerta de la
habitación donde los dos amantes se desenvuelven en caricias…Suponen
algo más que una frase locuaz de algunos de los personajes de
la película.
EL FINAL
Lo maravilloso de Retorno al pasado no es que seamos conscientes de las perversidades
que cada personaje (necesarias en cierto modo para estabilizar
las relaciones existentes entre ellos), sino del hecho de que
nosotros veamos sus acciones y los actores no conozcan los movimientos
de los que les rodean.
De esta manera, el director entrelaza con el
público el misterio del filme, dejando los nervios únicamente
para él y aliviando la tensión del escenario donde se desenvuelven
los protagonistas que, mientras dialogan y miden cada una de sus
palabras, saben que puede que les quede un minuto menos para seguir
frente a la cámara.