SIN FUTUROimprimir
Por Luis Tormo

En cada revisión que se efectúa de Retorno al pasado siempre queda constancia, como todas las obras de cierta complejidad, de que cada nueva visión saca a la luz aspectos diferentes de una película que creíamos ya conocer. Es, por lo tanto, una película que permite abordarla desde perspectivas diferentes siendo todas ellas igualmente enriquecedoras.

Obviamente la adscripción más clara es al género de cine negro, tanto por el abanico de temas que despliega en la pantalla como por el aspecto estilístico. Así tenemos temas clásicos como la imposibilidad de huir del pasado, la mujer fatal, cinismo y dureza en los diálogos, violencia... todo ello enmarcado en localizaciones que explicitan las características del cine negro (la ciudad, la noche, luces y sombras, etc.). Pero sin negar todas estas referencias, la última impresión que me produce Retorno al pasado no es la de estar viendo una película de cine negro, o sólo de cine negro, sino la de asistir a una obra de carácter trágico, a una historia cargada de pesimismo, de una tristeza acentuada, con un componente dramático que se impone o que va más allá que el thriller.

Desde luego que el género negro, como aproximación a una visión de un mundo que existe por debajo de la sociedad que consideramos normal, y donde se revela en los personajes aspectos oscuros de su condición humana, como la codicia, la corrupción, la violencia, la inadaptación... es lógico que se de un componente dramático. Pero este componente siempre aparece mediatizado por la trama narrativa, por el hilo conductor que suele ser una investigación, la resolución de un caso, las aventuras de un personaje, etc.

En Retorno al pasado ocurre esto pues tiene una intriga compleja que incluye multitud de localizaciones (el campo, ciudades, México), personajes (la pareja principal y una cohorte de secundarios importante), saltos en el tiempo (incluyendo el flash-back donde se nos cuenta el origen de toda la historia), y que en una primera visión encorseta al espectador en el seguimiento de los acontecimientos que se suceden. Pero es en posteriores revisiones, liberados ya del qué pasó o del qué pasara, deja al descubierto unos personajes tristes, apagados, condenados desde el principio pues las diferentes historias se saben fracasadas de antemano: el personaje de Kirk Douglas sabe que Robert Mitchum se enamorará de la mujer, Mitchum sabe que su historia con esa mujer fatal es imposible, la chica del pueblo sabe que Mitchum no se quedará con ella...

Si analizamos el personaje de Jeff (Robert Mitchum), ya desde las primeras imágenes sabemos que el personaje está fuera de lugar en ese pequeño pueblo, ocupándose de una gasolinera, en esas escenas bañadas de luz y que contrastan con la llegada del emisario de la ciudad (traje oscuro). Es un personaje acabado, sin futuro, pero es que la continuación de la historia, el flash-back y los acontecimientos posteriores, no suponen ningún cambio. Por eso el desenlace final se asemeja a una especie de muerte premeditada, casi un suicidio (que Tourneur resuelve elegantemente con la inserción de la llamada que hace Jeff antes de huir con la mujer), pues Jeff en realidad ya no tiene nada, perdida la esperanza de un amor que quizá nunca tuvo.

Y no sólo ocurre respecto al protagonista, pues esta situación se extiende a todas las personas que van apareciendo en su camino, el mafioso (Kirk Douglas) que contrata a Jeff para que encuentre a la mujer que le ha robado una cantidad de dinero, la mujer fatal que juega con los hombres que se cruzan en su trayectoria, los matones y compinches, la joven del pueblo que sueña con un futuro junta a Jeff, etc. No hay ningún personaje al que el guión le conceda el mínimo resquicio o posibilidad de afrontar un futuro con dignidad. Desde el principio están acabados. El personaje de esa mujer manipuladora que acaba con todo lo que tiene alrededor, si reflexionamos unos instantes se antoja irreal, está demasiado sometido a los giros del guión, pero es que sólo puede ser entendido desde la perspectiva de que no existe ya, de que deambula de un lado a otro sin sentido. Igualmente podemos hablar de una mujer de una pequeña ciudad que sueña con una vida al lado de Jeff, vida que se nos antoja imposible y que tendrá que conformarse con el segundo premio ese típico chico de pueblo –un tanto aburrido– que está enamorado de ella.

Y a ese sentido trágico de la existencia, a ese pesimismo, se adapta perfectamente el estilo de Jacques Tourneur pues la recreación no sigue las pautas exclusivamente del cine negro. De hecho el director francés afincado en Hollywood, recrea una atmósfera que termina de apuntalar ese aspecto de personajes fuera de la realidad. El ejemplo más claro lo constituye las primeras imágenes de la protagonista, recreada en un bar de Acapulco, donde el personaje de Kathie (Jane Greer) emerge de un contraluz, vestida de blanco, haciendo una entrada casi como una aparición y que marca exageradamente, de una manera irreal su presencia, indicando una lectura interna…

Pero hay más porque en muchas partes del filme la fotografía remarca las sombras y la oscuridad, pero no como en el cine negro sino como en los dramas góticos, incluso remitiendo directamente al género fantástico que Tourneur cultivó en los filmes producidos por Val Lewton. Así, en la parte final, las escenas en la casa de Fred Sterling (Kirk Douglas), cuando éste aparece muerto, y las posteriores con el paseo bajo los árboles de un frondoso bosque, con los personajes de Jeff, su prometida del pueblo y el amigo de ésta, podrían encajar perfectamente en La mujer pantera o Yo anduve con un zombie, acentuándose la carga dramática.

En definitiva, una historia muy pesimista (1) y de la que cabe destacar ese componente dramático que hemos apuntado basado en unos personajes abocados al desastre, y donde lo más trágico de este desastre es que, por un lado, todos tienen consciencia de la situación de falsedad en que viven actualmente, y por otro, ni siquiera estos personajes pueden apelar a un pasado complaciente. Una gran historia dramática que emerge con fuerza por los resquicios que deja todo ese tejido argumental propio del cine negro.

 

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(1) En este sentido, el filme terminaba con la escena en que la pareja protagonista muere, el propio guionista del filme, Daniel Mainwaring explica a propósito de esta situación: “La dirección del estudio dijo: ‘Dios Mío, no podéis acabar la película con ellos dos muertos. Tenéis que añadirle algo’. Hoy en día el film habría terminado ahí, con ellos dos muertos” (Jacques Tourneur, Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Filmoteca Española, San Sebastián, 1988, página 86.)