Smoking room
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La vida en primer plano

Sin caer en los manierismos del "dogma", la película sabe hacer uso de la cámara a mano y del rodaje en vídeo digital.Al fin y al cabo, la lucha de Ramírez (el personaje interpretado por Eduard Fernández) para conseguir una sala de fumadores en la oficina donde trabaja, y de este modo no tener que salir fuera y pasar frío para fumarse un cigarrillo, no deja de ser una anécdota que pretende actuar -como todo- a modo de metáfora de la sociedad en que vivimos. Como el propio Ramírez reconoce en el film, "no se trata de eso", hay algo más detrás. Y lo que hay detrás de Smoking room es un amargo retrato de unos individuos atrapados por un sistema asfixiante y castrador que censura y castiga los comportamientos demasiado independientes.

El edificio donde "viven" los personajes, y del cual no salimos (como mucho al exterior del edificio), es el mundo de estos. En su interior les vemos desarrollar todos los aspectos de su vida, tanto profesional como personal. De algún modo esto es el mundo para ellos. Por eso salir fuera para fumar un cigarrillo es visto con desagrado como una especie de acto furtivo de criminales. No tienen un espíritu de romántica libertad, les gusta estar dentro del sistema porque, a fin de cuentas, es lo único que conocen. Pero piden que se les deje vivir con dignidad, y por ello exigen sus derechos. No se dan cuenta de que ahí dentro no son más que simples piezas de un engranaje inmenso que no pueden llegar a ver en su plenitud.

Esos jefes americanos de la empresa nunca presentes son la representación de este poder invisible que mueve los hilos del mundo y de las vidas humanas como los dioses griegos; personajes demiúrgicos que ejercitan su poder de forma indirecta, sin necesidad de recurrir a la violencia, porque sólo les basta un poco de psicología y de conocimiento del alma humana para que sean los mismos oprimidos quienes perpetúen su situación. Nadie quiere apuntarse a la lista de firmas que Ramírez crea para luchar por sus derechos, porque saben, aunque nadie se lo diga explícitamente, que su bienestar depende de ello. De esta forma el sistema fomenta el individualismo reprimiendo a su vez la autonomía (brillante paradoja). Nadie quiere apuntarse a la lista de Ramírez, pero en cambio la lista para el partido de fútbol contra los empleados de otra oficina rebosa de éxito.

Los americanos nos siguen imponiendo todo: ahora, la obligación de no fumar en el trabajo.Varios tópicos de nuestra cultura aparecen reflejados en esta historia, y no por ser obvios resultan menos ciertos. En primer lugar el hecho de que los espectrales jefes de la empresa sean americanos. Ellos son sin duda quienes llevan las riendas del mundo, y quienes de algún modo controlan las vidas de todos sus habitantes, colonizándolo todo con sus McDonald's, su Coca-Cola, su cine... y ahora, con su "prohibido fumar", como apunta el propio Ramírez. En segundo lugar el fútbol como "opio del pueblo", como el instrumento del poder para relajar a sus individuos, ya que estos se valen del deporte para desahogar su rabia y su tensión, y porque mientras juegan se olvidan de sus diferencias, fomentando el espíritu de grupo. Ya por último, el hecho de que todos los personajes implicados en esta lucha sean hombres. El mundo de la competitividad en el cual se basa el sistema es para los hombres, y es así porque las mujeres han sido excluidas de éste. Dos de las "protagonistas" no llegan a ser vistas ni oídas, están como en otra dimensión (sólo una mujer aparece ocasionalmente como parte de la vida privada -en la oficina- de uno de los hombres). Su batalla está en otro lugar, tienen que luchar todavía para que se las reconozca como iguales, aunque tal vez eso no sea deseable, en vista de lo que les sucede a sus compañeros. Lejos de querer decirnos que los hombres están en un estadio superior rigiendo los designios del mundo, la película nos muestra a estos como desafortunadas víctimas de su propia situación. Lo que vemos son unos hombres desquiciados, que sólo podrían encontrar equilibrio en sus mujeres, pero al estar separados de ellas no les es posible. Es el reflejo de una sociedad enferma que no se atreve a cambiar porque, parafraseando a Shakespeare, el temor que le infunde lo desconocido confunde a su alma y le hace a sufrir los males que la cercan antes que huir en busca de otros que ignora.

El uso continuado de primeros planos transmite perfectamente la sensación de claustrofobia: ni los personajes ni el espectador pueden respirar.Tanta presión sobre los personajes se ve reforzada en una puesta en escena basada esencialmente en el primer plano. Estos planos cerrados eliminan todo lo posible los aires, cinematográfica y metafóricamente. Ni los personajes ni el espectador pueden respirar, acrecentando su sensación de angustia. A su vez los personajes quedan descontextualizados ya que no vemos aquello que los rodea. De este modo las oficinas de la empresa desaparecen y los personajes pueden encontrarse en cualquier otro lugar, porque todos son iguales, no hay salida. Las reacciones de los personajes ante semejantes situaciones se nos presentan de forma brutal por el tamaño que toman en la pantalla, de modo que su lucha adquiere proporciones épicas y más terribles si cabe.

En este caso la cámara al hombro y el uso de la DVCAM tienen plena justificación. Era importante que los actores no vieran limitada su espontaneidad y libertad de movimientos por la necesidad de ser encuadrados de cerca, así que tenía que ser la cámara quien se encargara de perseguir su expresión, y esto únicamente era posible de esta forma. Alguien podría pensar en el "dogma" de Lars von Trier, pero lo que hace esta producción es negar la necesidad de semejante movimiento. Aquí la planificación está hecha en función de la historia, y no pretende robar protagonismo a ésta, y cuando conviene "clavar" la cámara -como se ve hacia el final- se hace.

Jordi Codó

SMOKING ROOM

Título Original:
Smoking Room
País y Año:
España, 2002
Género:
COMEDIA
Dirección:
Julio Wallovits, Roger Gual
Producción:
Ovideo, El Sindicato, Planeta 2010
Intérpretes:
Eduard Fernández, Juan Diego, Chete Lera, Juan Dechent, Francesc Garrido
Distribuidora:
Planeta 2010
Calificación:
Todos los públicos

 

 

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