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LA ÚLTIMA PRIMAVERA  
 
Título orginal: Ladies in Lavender
País, Año:

EE.UU., 2004

Género: Drama
Dirección: Charles Dance
Intérpretes: Judi Dench, Maggie Smith, Natascha McElhone, Daniel Brühl, Miriam Margolyes, David Warner
Guión: Charles Dance
Producción:

Nicolas Brown

Fotografía: Peter Biziou
Música: Nigel Hess
Montaje: Michael Parker
Distribuidora: Filmax
Duración: 99 minutos
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sentimientos de juventud

Con esta película, basada en el relato corto Ladies in Lavender de William J. Locke, el actor Charles Dance, que también ha adaptado el guión, debuta en la dirección. Una historia sencilla e intensa iluminada por la magnífica interpretación de sus actrices protagonistas.

La acción se sitúa en Cornualles, a mediados de los años treinta, un tranquilo pueblecito de pescadores, que permanece ajeno a los avatares históricos que se avecinan. Dos hermanas solteras, de edad avanzada, Ursula y Janet Widdington, llevan una rutinaria y sosegada vida familiar, en su casona del acantilado. Un día, mientras pasean por la playa encuentran a un joven náufrago desmayado en la orilla. Lo trasladan a su casa con la ayuda de algunos vecinos del lugar, alojándolo en ella hasta que se restablezca.

Instalado en su residencia y en sus vidas, las dos mujeres lo atienden y alimentan bajo la vigilancia del médico. Durante su convalecencia descubren que se llama Andrea, que desconoce su lengua y que toca el violín divinamente. El muchacho es un inmigrante polaco huido de su tierra y de la persecución antisemita y arrojado al mar mientras intentaba llegar a Nueva York.

Janet, con sus escasos conocimientos de alemán, consigue comunicarse con el joven, mientras Ursula le enseña su idioma. Ambas parecen competir en cuidados y atenciones hacia él que, ajeno a la intensidad de las emociones que provoca, sobre todo en Ursula, se deja querer y mimar por ellas. Una vez recuperado físicamente, Andrea va integrándose en la vida del pueblo, suscitando el recelo de algunos vecinos. Su presencia empieza a hacerse imprescindible para las hermanas que lo invitan a que permanezca en su compañía el tiempo que desee, pero el joven parece inquieto por marcharse.

Reside también en el lugar una joven pintora rusa, Olga, que pulula entre el paisaje con su caballete portátil y sus pinceles. Un día, al escuchar tocar a Andrea, se siente atraída hacia él, pero con un interés meramente artístico. La amistad entre los jóvenes despertará los celos de sus anfitrionas que procurarán distanciarlos sin conseguirlo. Andrea, finalmente, se marchará furtivamente con Olga a Londres, donde ésta le presentará a su hermano, un famoso violonchelista, que le abrirá las puertas del éxito. Meses después, las hermanas Widdington recibirán una carta del joven disculpándose por su actitud y anunciándoles que pronto debutará como músico.

El alma de la historia es la relación de las dos mujeres con el joven náufrago, el resto de personajes y las situaciones que viven son poco consistentes, apenas apuntes que no llegan a desarrollarse, excusas para prolongar y distraer el relato y justificar alguna reacción imprevista, como, por ejemplo, la relación entre el médico y la pintora, un pretexto reiterativo e insistente para lo poco que aporta a la trama. 

Ursula es la hermana más íntimamente afectada por la aparición de Andrea, su nula experiencia amorosa la deja a la intemperie ante esta avalancha de sentimientos que la desbordan de repente, sin saber qué hacer para contenerlos. Ella actuaría con la vehemencia que le pide su corazón, viviendo sus sentimientos con la pasión y la ingenuidad intacta de una jovencita. Desearía acariciarle, besarle, tocarle, pero la represión a la que tiene que someter sus sentimientos para no hacer el ridículo intensifica su desasosiego emocional. En la escena en la que están ambos en la playa, con el joven sentado a sus pies, cuando éste reposa la cabeza en su regazo, ella duda si acariciarle o no, quiere hacerlo pero se contiene, teme el contacto tanto como lo desea. Sólo en sus sueños se permite esa licencia: se imagina joven y feliz viviendo su amor junto a Andrea.

Janet es la hermana mayor, la que organiza y dirige la casa y, aunque la llegada de Andrea también la afecta emocionalmente, en ella el sentimiento está más contenido. El chico es más un detonante que activa un sentimiento vivido en el pasado, pero nunca disfrutado plenamente, que una pasión desconocida e ineludible. Su experiencia y su posición como primogénita la facultan para mostrarse más serena y comedida y refrenar los impulsos de su hermana.

Andrea, a medio camino entre la ingenuidad y la picardía, aprovecha la hospitalidad de las damas que se desviven por él. Quiere ser agradecido sin herirlas; desea complacerlas pero su impulso vital le impele a abandonarlas. Su llegada altera no sólo la vida de sus benefactoras, sino la de todo el pueblo, que muestra hacia él sentimientos contradictorios. Pero Andrea, a veces, parece hueco, inexpresivo, ausente.

La riqueza del texto literario, la inteligencia del director y la magnífica interpretación de sus actrices principales hacen creíble la intensidad de los sentimientos desbordados por estas dos mujeres sin rozar en ningún momento el patetismo. Ellas no sólo dan credibilidad a la relación planteada sino que la poetizan. Una delicadeza que no se percibe en el tratamiento de otras pasiones también desajustadas. Parece mucho más patético, por ejemplo, el intento por parte de Andrea de enrollarse con Olga o la obsesión del viejo doctor por la joven pintora, que la pasión y emoción que el muchacho despierta en las hermanas Widdington.

Judy Dench (Ursula) y Maggie Smith (Janet) dan fuerza y luminosidad con su magistral actuación a esta interesante película a la que, no obstante, se le nota demasiado que el guión está estirado. Calidad interpretativa que se hace extensible al resto del reparto, aunque sus personajes no posean la fuerza arrolladora de las protagonistas. Los demás elementos están supeditados a la interpretación: una puesta en escena discreta, una fotografía que parece buscar más la estampa que la potenciación de la belleza natural del paisaje, desenfoques, ralentizaciones… todo lo que no es texto parece sobrar en la historia de esta tardía, intensa y poética pasión.

El paréntesis emocional se cierra y la historia termina, aparentemente, como si nada hubiera ocurrido, con un plano semejante al del inicio: dos mujeres mayores caminan despreocupada y tranquilamente, a la orilla del mar, por una playa pedregosa.

Purilia