Función de noche (1981) de Josefina Molina

  23 Enero 2014

Lola a través del espejo

funcion de noche-1Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Es probable que tu marido caiga entonces en un sueño profundo, así que acomódate la ropa, refréscate y aplícate crema facial para la noche y tus productos para el cabello.”

Todo estudiante o profesor de historia española de siglo XX sabrá que la mención a la Guía de la buena esposa es un clásico imprescindible que nunca se podrá obviar. Se repite incesantemente, ya sea mediante una fotocopia impresa o lectura en alta voz. No importa si el nivel de estudios es secundaria, bachillerato o universidad, que por todos es conocido el legado escrito acerca de la mujer ideal por Pilar Primo de Rivera. El protocolo de presiones escritas al que eran sometidas (pretérito imperfecto dudoso) hoy se comparte entre el horror y el desconcierto.

Función de noche, dirigida por Josefina Molina en 1981, remite al paradigma de mujer producto que se pretendía engendrar en las décadas anteriores a partir de un caso específico. Si en los años en los que el espacio radiofónico pro absoluta integridad de la mujer, El Consultorio de Elena Francis, la regla de oro por excelencia había sido “los trapos sucios se lavan en casa”, Función de noche despliega crudamente su arsenal y desnuda los obstáculos y contrariedades de una pareja de la forma más honesta, acertada y decente posible.

La dramatización es una de las técnicas auxiliares más utilizadas por la psicoterapia general. Jaime Rojas Bermúdez explica en Teoría y técnicas psicodramáticas cómo el concepto de “psicodrama” conforma un método terapéutico con profundas raíces en el teatro. Ello hace que el cuerpo se active, que participe manifiestamente. Mediante la dramatización, a diferencia del teatro, se procede sin existir un guión a seguir por los actores. El libreto es la propia vida del protagonista.

De forma previa al rodaje de Función de noche, Lola Herrera había estrenado hacía unos meses la representación de la obra de Delibes Cinco horas con Mario. La ficción teatral se había adentrado en su terreno personal, en el plano real. De forma paralela, a cada nueva representación, el personaje de Carmen Sotillo servía de extensión a la confrontación de Lola Herrera con sus traumas pasados. Cada palabra que ella enunciaba encarnando a Carmen Sotillo era una prolongación que le servía como terapia, como un choque con la realidad. Incluso hoy en día, la asociación de la actriz con el soliloquio de Carmen Sotillo es prácticamente automática, posiblemente haya sido el personaje que más ha marcado su carrera profesional.

Josefina Molina, primera mujer graduada en España en dirección cinematográfica (aunque otras como Rosario Pi, Ana Mariscal y Margarita Alexandre ya habían tomado contacto en el mundo de la realización) es la encargada de encontrar los mecanismos narrativos más adecuados para imprimir el mundo interior de la absoluta protagonista, Lola Herrera. El resultado es un producto de naturaleza híbrida.

Función de noche alterna representaciones guionizadas de la vida de la actriz (como la redacción del documento que registra la petición de divorcio, la consulta al médico o la visita a la vidente) con un diálogo improvisado en el interior de un camerino que funciona como hilo conductor principal de la película. Sin caretas, sin actuaciones, una desnudez total de dos personas ante cámaras ocultas. Lola Herrera ha repetido hasta la fecha actual que su participación en esta película no es producto del valor, sino de la necesidad. 

Que el pilar más importante de la película esté basado en una conversación nunca antes mantenida hace que Función de noche sea una producción de cierto riesgo. Los interlocutores de este diálogo son Lola Herrera y Daniel Dicenta, los protagonistas de un matrimonio frustrado, de una relación fracasada como pareja, que años después analizan en ese preciso escenario cuáles han sido los errores, las causas y consecuencias de esos años de convivencia en sus vidas.

Es en ese camerino cuando comienza el ejercicio catártico, cuando la psicoterapia ayuda a Herrera, la persona que más revela y confiesa, que más se explaya en verbalizar sus sentimientos. La que cuestiona el rol que tanto la sociedad como ella misma se ha impuesto en sus relaciones personales.

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En el camerino

Ocho cámaras son las encargadas de registrar el diálogo. Se encuentran ocultas detrás de las cuatro paredes del camerino, a través de varios espejos. Como explica la propia directora, se trata de una grabación en la que reina la incertidumbre. Al no haber un guion previo, se procedería a grabar una conversación entre un hombre y una mujer en la que proyectan, durante un tiempo indeterminado, sus problemas personales.

El resultado sería un material que podría haber sido completamente inútil, desechable o no contar con el consentimiento de difusión por parte de los dos interlocutores. Si el resultado tras la grabación no convencía a los protagonistas o se negaban a hacer público lo acontecido en ese camerino, la inversión de tiempo y de recursos hubiera sido totalmente improductiva. Josefina Molina valora la confianza de José Samano, el productor que arriesga su dinero para hacer posible que Función de noche se grabara, independientemente de si pudiera o no haberse llegado a estrenar.

Por lo tanto, lo único patente es la intención de una mujer de poner las cartas sobre la mesa, de manifestar un hecho sobre su vida personal y sexual que había guardado en secreto y llegaba la hora de compartir con su ex marido. Un simple dato que hoy sería carnaza para rellenar el horario de prime time y mañana ya estaría olvidado, en Función de noche se convierte en un giro clave y perdurable, en una confesión íntima expuesta con clase y que funciona como un reflejo de la absoluta modernidad que caracteriza a la película. Se trata de una arista, de una de las infinitas secuelas de una estafa, de una educación podrida que bajo las etiquetas “decencia” e “integridad”, han carcomido la vida personal de Lola Herrera.

Detrás de toda esta confesión no hay un objetivo de ganancia económica, de bombazo exclusivo precedente al género del periodismo del corazón o al reality show, sino una intención terapéutica real, de necesidad. Resulta increíble que después de tantas confesiones de personajes públicos, de tantos programas de televisión que utilizan el recurso de la grabación detrás de espejos para captar la realidad que viven una serie de personas, Función de noche haya sobrevivido tan bien al paso del tiempo. El motivo de ello es un montaje soberbio de Nieves Martín y un contenido honesto y descarnado. En la actualidad, la propia actriz confiesa cuánto le ha ayudado la grabación de Función de noche y cómo le ha ayudado el no guardar egoístamente su historia.

Desde las palabras utilizadas hasta cómo varía la distancia física entre los dos se convierten en detalles puramente absorbente. Lola Herrera es la principal confidente, la que mejor sabe curar sus demonios a través de la dramatización y de la realización de este docudrama. Sin embargo, la presencia de Daniel Dicenta tiene un valor que no se puede menospreciar. Durante la película, escucha, contra argumenta y se defiende de todo aquello que su ex mujer relata. No se justifica, no termina de romper la cáscara ni parece entregarse del todo al juego que propone la realización de esta película.

Esto hace que para muchos espectadores pueda existir una clara división de buenos y malos, en la que Lola Herrera sale victoriosa y Dicenta se dibuja como el absoluto tirano. No obstante, se trata de un diálogo en el que no hay medallas, ambos son perdedores y los dos han sido desgraciados. Dicenta no entra a analizar cómo ha sido su educación o cuáles han sido las influencias que a lo largo de su vida le han llevado a tomar ciertas decisiones. Lola acaba helada de frío mientras que Daniel no para de secarse el sudor de la frente.

No se puede obviar la tremenda generosidad de Daniel Dicenta de volcar su identidad, de compartir una historia mediante un diálogo al que perfectamente podría no haber accedido a participar. En cambio, se convierte en el compañero respetuoso y esencial para la limpieza de los traumas sentimentales de Herrera.

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Feminismo y transición

El 26 de octubre de 1981 se estrena Función de noche. Mismo año y unos meses antes, el 7 de julio, se aprueba la Ley 30/1981 por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se determina el procedimiento a seguir en los casos de nulidad, separación y divorcio. Se trata de la primera Ley del Divorcio en España, desde que entró en vigor la actual Constitución. Parece que no solamente se acierta con el “cómo” contar una película, sino con el “cuándo”. La intención de Función de noche es mostrar a una mujer de su tiempo y fuera de toda moralina, las dudas e inquietudes de su generación, y sobre todo servir de utilidad.

El campo privado salta al escenario público y el ejercicio de confesión funciona además como un estudio de los roles de género. Que una mujer relate a su ex marido, de forma directa, temas que hasta el momento habían sido tabú supone un ejercicio revolucionario y feminista dentro del arte en general y del cine español en particular.

Esta particular función es una película de contrastes. Josefina Molina habla del choque psicológico que las mujeres han vivido entre su educación en período franquista y los años de liberación, de no supeditación. Un contraste que artísticamente se plasma por un lado, entre la crudeza de una conversación natural, dentro de un camerino, sin apenas cortes, donde el tiempo del relato se adecua de forma casi total con el tiempo y por otro, el de una planificación absoluta de la reconstrucción de momentos de la vida de Lola Herrera.

Función de noche es una película sobre la generación de los complejos, sobre la importancia de la espiritualidad; de la influencia del arte, en este caso una obra firmada por Miguel Delibes, para curar almas. Un ejemplo de que con un tratamiento exquisito, lo personal también es político.

Escribe Juan Bernardo Rodríguez

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