DESPEDIDAS (5)

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Okuribito
Título original: Okuribito
País, año: Japón, 2008
Dirección: Yojiro Takita
Producción: Toshiaki Nakazawa, Toshihisa Watai, Ichirô Nobukuni
Guión: Kundo Koyama
Fotografía: Takeshi Hamada
Música: Joe Hisaishi
Montaje: Akimasa Kawashima
Intérpretes: Tsutomu Yamazaki, Ryoko Hirosue, Masahiro Motoki
Duración: 140 minutos
Distribuidora:  Golem Distribución
Estreno: 3 julio 2009
Página web:  http://www.golem.es/despedidas/

La inmensa belleza de un adiós
Escribe Fernando Ramírez

Me permitirá el lector que le hable de la muerte, del acto irreparable de despedirse de un ser queridoMe permitirá el lector que le hable de la muerte, del acto irreparable de despedirse de un ser querido. De todo el amor que surge en ese momento, de todos los sentimientos que afloran en el momento del adiós. También hablaré de los nuevos despertares que la vida trae consigo, de los rutinarios y de los inesperados, de los que se sobreentienden y de los que deambulan por los derroteros de la incomprensión. Me permitirá el lector que le hable de una poesía sinfónica de imágenes y situaciones que bascula entre los umbrales de dos mundos. Me permitirá que le hable de Despedidas, del veterano realizador japonés Yujiro Takita.

La obra es una de aquellas joyas, inauditas para nuestros tiempos, que recurren a la esencia clásica del cine en su estado puro para transmitir más que una historia, un poderoso sentimiento que se perfila a cada secuencia, a cada paso con el que el espectador acompaña el latido de su protagonista. Cuenta, además, con el honor de ser el primer filme japonés en 50 años en haber conseguido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa para su país.

Relata la historia de iniciación y descubrimiento de Daigo, un violonchelista que, tras la disolución de su orquestra, decide abandonar la capital y volverse a su pueblo natal junto con su novia Mika. Una vez allí, conseguirá un empleo socialmente rechazado, el de nokanshi, o profesional que prepara a los muertos antes de que inicien su viaje hacia el otro mundo. Daigo decide aceptar la profesión, pese al desprecio que muestra su mujer ante el empleo, debido a la alta remuneración que le es ofrecida. Pronto se verá envuelto por el arte que supone el acondicionamiento de los cuerpos y encontrará un valioso sentido a su existencia, y por ende, a la vida, y por supuesto a la muerte.

Relata la historia de iniciación y descubrimiento de Daigo

El protagonista ejercerá sus veces como guardián entre las puertas de la vida y de la muerte, descubriendo la fuerza de ese momento de despedida, de partida hacia una vida invisible a nuestros ojos. La preparación de los cuerpos no es mostrada de modo grotesco, pese a que gozamos de algún momento distendido en su centrifugado de sentimientos delicados. La liturgia se ofrece de manera delicada, elegante y revitalizadora. Toda la esencia de la persona que ha de partir está recogida con pasmosa virtualidad, a la par que se cincela una aterciopelada atmósfera que intensifica el momento del adiós definitivo. Supone un emotivo periplo al corazón de Japón y a una parte sagrada de la herencia cultural nipona.

Estamos ante una obra mayestática, bellísima, donde el espectador viaja al corazón de la tradición japonesa en torno al ritualismo de la muerte. Donde el realizador consigue envolver al público en un halo místico, casi mágico, con una sensibilidad pasmosa que descubre una maestría capaz de desgranar lentamente el alma de la película. Toda la liturgia del paso de este mundo al más allá queda cristalizado en la retina del ojo furtivo que lo observa. La única opción que tiene el espectador es la de la rendición a su inspiradora historia. La elegancia de sus imágenes evoca un estado trascendental, el clasicismo de las partituras perfila las atmósferas, y el delicado trazo de su narración logra la quintaesencia del arte de contar historias.

Estamos ante una obra mayestática, bellísima

La técnica como expresión

Joe Hisaishi, autor de la banda sonora, ejerce una función equilibrista con los momentos que precisan de contrapeso. Su música asienta la construcción de algunas de las secuencias más grandilocuentes, así como de las escenas más íntimas. Su emotividad,  ciertamente perseguida aunque sobradamente justificada, está plasmada a través de sus texturas y de sus melodías envolventes, y engrandece e ilumina el pincel de su director como si de una acuarela se tratara.

Joe Hisaishi, autor de la banda sonora, ejerce una función equilibrista con los momentos que precisan de contrapesoFilmada con colores tenues, casi grisáceos, la sobriedad de la imagen contrasta con ciertas decisiones estéticas que enardecen el conjunto, ya sea para dibujar el devenir de su protagonista como para describir las secuencias fraguadas en la intimidad de su  trabajo: en las que la cámara se mantiene fija y el silencio se apodera de la banda de sonido: tan sólo los llantos o las risas de los familiares lo logran romper.

Despedidas se asienta en el ritual mediante un acercamiento lírico, marca los gestos, busca los rostros, investiga el preciosismo del detalle -las manos apretando la cara, escurriéndose el atuendo mortuorio bajo las mantas, la atenta mirada de los familiares, el cariño que destila la escena-.

Es una de aquellas obras que parecen haber sido concebidas en estado de gracia. Los personajes configuran una emotiva cosmología -unos actores espléndidos ayudan al cometido- donde la celebración de vida equivale a la celebración de la muerte, que aquí se interpreta como un tránsito (de ahí su título), como un nuevo viaje donde hay que partir con la mejor versión de uno mismo, la versión más cercana a la existencia vivida. De ahí, que la profesión de nokanshi sea fundamental para el dibujo de una vida.

Es una de aquellas obras que parecen haber sido concebidas en estado de gracia

El conmovedor filme hace comprender que fuera el culpable de arrebatar la preciada estatuilla a las dos películas que partían como favoritas de la noche, Vals con Bashir y La clase. Podríamos incluso profetizar que, si la obra goza de una promoción decente y el efecto boca-oreja la acompaña (creemos que así será), podría convertirse en uno de aquellos filmes que entran en la carrera comercial sin ávidas pretensiones, pero que finalmente alcanzan un reconocimiento popular digno de mención. Despedidas es una de aquellas películas que cualquier amante del cine que deja poso debería ver.

Puede que la obra tenga ciertos defectos. Pero son tan inapreciables en comparación a sus virtudes, que sería mezquino sacarlos a colación. Resulta desconcertante haber visto una película tan hermosa y transparente, pura aunque sentimentalmente amplia, sencilla aunque arquitectónicamente compleja, cristalina aunque con implicaciones sociales más oscuras de las que se pueden representar. Es un poema de la vida, mezclada con la muerte, aunque ambas fotografiadas con la celebración del amor y de todos los temas universales que la historia ha dado.

Su contemplación es divertida, amarga, inspiradora, honesta, enorme. El resto de los muchos estrenos que irán produciéndose este año lo va a tener difícil para hacerle sombra.

Yujiro Takita, ganador del Oscar por este filme