LA VENTANA (4)

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La ventana
Título original: La ventana
País, año: España – Argentina, 2008
Dirección: Carlos Sorin
Producción: Guacamole Films, Wanda Visión
Guión: Carlos Sorin
Fotografía: Julián Apezteguia
Música: Nicolás Sorin
Montaje: Mohamed Rajid
Intérpretes: María del Carmen Jiménez, Antonio Larreta, Alberto Ledesma, Emilse Roldán, Roberto Rovira
Duración: 85 minutos
Distribuidora:  Wanda Vision
Estreno: 4 diciembre 2009
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Un cuento chejoviano
Escribe Gabriela Mársico

Al igual que Chejov o Carver, escritores admirados por el director, Sorín se vale de unos pocos elementos Con La ventana, el director Carlos Sorín (La película del rey, Historias mínimas, El perro) nos cuenta una historia que, en palabras del autor, se evapora al contarla.

Antonio (Antonio Larreta) es un escritor de 86 años que debido a una enfermedad cardiaca espera postrado la llegada de su hijo Pablo (Jorge Diez) afamado pianista que reside en Europa.

Al igual que Chejov o Carver, escritores admirados por el director, Sorín se vale de unos pocos elementos tales como una ventana que recorta una infinita extensión de campo apenas abarcada por la mirada del protagonista, un piano desafinado de tanto no ser tocado, o una botella de champagne que ha perdido las burbujas, para contarnos una historia mínima sobre el final de una vida.

El relato transcurre entre una sucesión de gestos y rituales que el protagonista lleva a cabo durante su convalecencia. El desayuno, el cambio de sábanas, o la visita del médico con el que compartirá una charla sobre literatura y sueños. Citas incluidas a La invención de Morel, donde los personajes desaparecen, o a El memorioso Funes, en obvia alusión a la memoria y los recuerdos. Antonio le cuenta a su médico el sueño que tuvo la noche pasada. Ese sueño, vuelto a contar y a recordar tomará un protagonismo tal, que se le impondrá a su propia realidad e irá expandiéndose deviniendo en su propio presente hasta abarcar todo el universo del filme.

El relato transcurre entre una sucesión de gestos y rituales que el protagonista lleva a cabo durante su convalecencia

El tiempo cronológico, mientras tanto, fluye constante y despiadado. Su presencia invade el espacio a través de un omnipresente tic-tac, mientras el relato avanza abriéndose hacia una multiplicidad de significaciones dadas a través de objetos que parecen cobrar vida al ser tomados en planos detalles: los dos soldaditos sin brazos que el afinador rescata del piano, o el zapato donde el protagonista esconde dinero.

El otro tiempo, el de la duración, va llenándose de evocaciones, recuerdos, pensamientos, y afectos. Antonio va construyendo mentalmente el espacio onírico que elegirá para refugiarse como última morada. El protagonista ha tenido un sueño. Ha soñado con la cara de la mujer que lo cuidaba de niño.

El pasado, a través del sueño, irá desplazando al presente a tal punto que esa imagen, el recuerdo de esa escena evocada y acompañada con el sonido en off de un proyector que abre y cierra el relato, dejará flotando entre otros interrogantes, la gravitación del pasado en nuestro presente, cómo lo imaginario, a través de los sueños, se impone a lo real, o cuál es ese lugar secreto y recóndito donde guardamos nuestros recuerdos, esos que ya creíamos olvidados…

El pasado, a través del sueño, irá desplazando al presente