Con todo y con ello, Letras robadas consigue robarte, valga la redundancia, algún que otro suspiro melancólico, y es que en el fondo somos unos románticos de tomo y lomo.
Una película cautivadora por su visión caleidoscópica de la ciudad natal de la directora, donde los personajes parecen rebotar, pero Taipéi es brillo y es resplandor.
Una niña de nueve años es elegida en su clase para reunir los ingredientes del pastel de cumpleaños del presidente: harina, azúcar, huevos, levadura que, o no hay, o son muy caros.
En 2014, en Francia, para criar a un hijo juntas como pareja del mismo sexo, las dos mujeres deben cumplir una serie de requisitos, del todo caducos si lo miramos desde el presente.
En vez de un choque entre lo analógico y lo digital, reivindicando lo primero y despreciando lo segundo, rechaza una posición maniquea y desarrolla los aspectos positivos de ambos universos.
Laura es un ángel caído que ha vuelto a la vida después de un accidente de coche para reencarnarse en una ausencia que había disuelto la unidad armónica de una familia de clase media.
Aunque Robin Campillo dirigió Enzo, en los créditos iniciales la película aparece acreditada a Laurent Cantet, fallecido en 2024; esto resulta inusual, pero sin duda lógico.
El filme cuida con mimo varios aspectos importantísimos: el vestuario, música de distintos tipos, sonidos, variedad de espacios... y con ello la magnífica alernancia de interiores y exteriores.