Más que un filme de terror es de miedo ante lo que propone: no habla de un conjuro, sino la de la realidad en una relación de pareja que termina mal ante la pretensión de uno de ellos
Película de género, una adaptación aceptable, respaldada por un reparto sólido y diálogos bien elaborados, sin grandes alardes, que tiene el valor de recuperar de nuevo al icónico personaje.
Película en tonos grisáceos y apagados, queriendo representar la España de los sesentas, con la represión sexual de entonces y los cuidados que había que tomar para no ser delatado.
Aunque no todas las decisiones narrativas funcionan a la perfección, el director demuestra en su ópera prima cómo se pueden combinar el cine político y la narrativa de suspense.
Una parábola perturbadora de los micro procesos de la tiranía estalinista. Además, obra de mérito: puesta en escena coherente, fotografía sepia, tipo de toma y encuadre ajustados.
Esa ambigüedad moral culmina en un final a la vez impredecible e inevitable. Sin caer en el cinismo, muestra lo delgada que es la línea entre la elección y la necesidad, entre la culpa y la supervivencia.
Un repaso al ascenso de Michael Jackson sintenizado en el enfrentamiento con su padre y multitud de temas musicales. Todo con un eficaz Antoine Fuqua como director.
Su técnica y su estética primitivista favorecen lo turbador y lo misterioso. Película con textura del cine arcaico, filmada en 16 mm, revelada a mano, con arañazos...