Beginners (Principiantes) (2)

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El arco iris del amor

beginners-0Focalizada a través del dolor que embarga la mirada del personaje protagonista, encarnado por un siempre eficiente Ewan McGregor, Beginners pretende escarbar en el origen de esa herida dolorosa, hurgar en los recovecos anímicos de una tristeza soterrada que a Oliver Fields (McGregor), a pesar de sus denodados esfuerzos por disimularla bajo un manto de seriedad, frialdad y distanciamiento, se le escapa a raudales por los ojos.

Y al modo del enamoramiento petrarquista, será esa melancólica mirada la puerta de acceso por donde el amor penetrará en su devastado corazón, cuando su campo de visión sea ocupado por la ojizarca transparencia de la mirada de Anna (Mélanie Laurent), pues la tristeza ocular será la manifestación externa de una aflicción profunda que anida en ambos personajes.

Significativo es el espacio donde el encuentro se produce: un fiesta de disfraces donde Oliver se enfunda en el ropaje del vienés padre del psicoanálisis, lo que le obliga a actuar como tal, escuchando los relatos de otros asistentes; mientras que Anna se engalana con la mudez  característica del cómico más famoso de aquellos tiempos modernos. Obviamente, tal y como se corresponde a los nuevos tiempos y usos amorosos, la iniciativa recae en la mujer, aparentemente con mayores dotes para las lides sentimentales, más segura y experta en la brújula del amor, frente a la ya arquetípica desorientación masculina.

Embastado el conocimiento, sólo queda recorrer el periplo de la narración emocional, de tal modo se suceden las secuencias que muestran y afianzan la relación, con los subsiguientes paseos, patinajes conjuntos, conocimiento carnal… Cabe resaltar que la química física entre los actores no se corresponde con los personajes: estamos esperando a que el guión nos ofrezca unas chispas que nunca acaban de brotar en la pantalla, que paulatinamente resbala por cierto aburrimiento, artificiosidad e inanidad.

La causa de esta carencia de catálisis tal vez haya que buscarla en el otro patrón sobre el que se ha diseñado el vestido cinematográfico: la aflicción latente y de origen familiar que impide el pleno desarrollo emocional de los protagonistas, que lastra su educación sentimental.

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En el caso de Anna, su desasosiego se despacha con una secuencia en la que renuncia a contestar al teléfono puesto que la llamada corresponde a su padre. Estas recurrentes llamadas a la hija no tienen otro motivo que anunciarle sus repetidos intentos de suicidio, puesto que ella es su niña, su amor. Queda en suspenso, elíptico, si ese amor puede responder a un impulso incestuoso.

Por contra, la prehistoria familiar de Oliver ocupa un lugar prominente en el desarrollo argumental, de tal modo que se puede intuir que la historia amorosa de la pareja sea una mera excusa, más que un efecto, un simple recurso colateral, para acompañar el núcleo temático y fundamental del guión: la reivindicación extemporánea de la salida del armario del padre de Oliver, Hal Fields, al cual presta sus servicios un adánico Christopher Plummer, en un papel que socava la fertilidad paternal del antiguo patriarca de la familia Trapp.

A través de saltos hacia el pasado, anclados respectivamente en 1938 (año en que los padres de Oliver se conocieron en el instituto), 1955 (su casamiento), 1965 (año de nacimiento del protagonista), así como unas recurrentes secuencias en las que Oliver aparece con su madre tanto en el hogar como en las respectivas exposiciones museísticas comisariadas por el padre, se expone la atmósfera en la que los progenitores se formaron emocionalmente, así como la ausencia de la figura paterna en el discurrir infantil de Oliver.

Estas analepsis van pautando el presente de la historia, junto con la lenta agonía de Hal, al que se le ha detectado un cáncer de pulmón incurable. La enfermedad detectada es la espoleta para que Hal, a los 78 años, decida dar un paso moral al frente y hacer pública su salida del armario. La consumación de Hal, arropado por Olivier y por un joven novio, Andy, también se entrecruza con el presente de la narración.

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De estos recurrentes saltos temporales cabe destacar tanto su forma como su contenido. Formalmente, se recurre a planos fijos, a fotografías, a iconos culturales fácilmente reconocibles por el imaginario colectivo para ilustrar el ambiente histórico, emocional y cultural en que los padres de Andy debieron sobrellevar su relación matrimonial. Estos recursos están acordes con la profesión de diseñador gráfico que ejerce Olivier, cuya voz en off narra e hilvana la documentación mostrada.

Temáticamente, realizan una radiografía de la sociedad norteamericana del siglo XX. Ambos se casaron asumiendo dos ingentes renuncias: la madre renunciaría a su condición de judía mientras el padre haría lo mismo con su condición homosexual. Este acuerdo se mantuvo durante ¡cuarenta años!, hasta la muerte por cáncer de la madre, acaecida cinco años antes de la publicación de su orientación sexual por el padre. Lo que Olivier consideraba falta de amor, la frialdad emocional que su mirada infantil había detectado en la relación de pareja de sus padres, tenía una nítida explicación. Esta revelación paternal no provoca ningún tipo de reproche en el personaje protagonista, antes bien actúa como un acicate para velar a su padre enfermo.

El director aprovecha la sinceridad terminal de Hal para exhibir, desgraciadamente, toda una serie de lugares comunes sobre la condición gay. Entre todos los tópicos que desfilan, resulta patético el personaje de Andy, el joven amante no exclusivo de Hal, en una interpretación y un papel que lo asemeja al más histriónico Jim Carrey. No podían faltar las gotas de cultura homosexual, con las menciones e intertextualidades de Harvey Milk (últimamente puesto en órbita cinematográfica por Sean Penn), del prototípico poeta gay de la beat generation Allen Ginsberg, así como menciones lingüísticas propias del argot ¿homosexual? ¿contracultural? tales como “el agujero del conejo” (Rabbit Hole), especie de mantra psicodélico.

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Después de toda esta panoplia icónica gay, tras la sentida muerte de Hal propiciadora de la catarsis emocional de su hijo Olivier, a éste sólo le resta tratar de superar el océano de mentiras en el que se ha criado y que el director benévolamente justifica, sobre todo en el caso masculino, puesto que el dolor femenino asociado a ese itinerario marital plagado de embustes lo ha mostrado a través de la mirada que Oliver ha posado sobre su madre en los flash-backs, de los cuales señaladamente estaba siempre ausente el padre.

En el presente de su relación con Anna, ambos se esfuerzan por sobrellevar sus miedos, mostrándose desconocedores de los mecanismos que deben utilizar para llevar su amor a buen puerto, en un mar proceloso que contiene preguntas pero no respuestas.

Como muestra del ingenio del que hace gala el director y guionista, Oliver mantiene toda una serie de diálogos con Arthur, el perro de su extinto padre. Los diálogos no son, o no pretenden ser, metafóricos: el perro responde, mediante subtítulos que aparecen en pantalla.

Así finaliza una película que ha desaprovechado tres buenos actores; una historia que ha basculado entre un tono naïf, posiblemente importado junto con la protagonista de Francia; entre una indagación muy suave del desorden amoroso contemporáneo, de su fobias e incapacidades; de una reivindicación un tanto extemporánea e inverosímil del universo gay, así como de un recorrido histórico por las dificultades que tuvo que arrostrar hasta alcanzar cierto reconocimiento, legal y social, pero dejando de lado las aristas, obviando todo lo relativo al SIDA; una estructura débil, que en ocasiones resulta plúmbea y aburrida.

Correcta, demasiado políticamente correcta.

Escribe Juan Ramón Gabriel 

 Título  Beginners (Principiantes)
 Título original  Beginners
 Director  Mike Mills
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  105 minutos
 Guión  Mike Mills
 Fotografía  Kasper Tuxen
 Música  Roger Neill, David Palmer y Brian Reitzell
 Distribución  Universal Pictures International Spain
 Intérpretes  Ewan McGregor, Christopher Plummer, Mélanie Laurent, Goran Visnjic
 Fecha estreno  08/7/2011
 Página web  http://www.golem.es/