CEREZOS EN FLOR (3)

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Cerezos en flor
Título original:  Kirschblüten – Hanami
País, año:  Alemania – Francia, 2008
Dirección:  Doris Dörrie
Producción: Molly Fürstenberg, Harald Kügler
Guión: Doris Dörrie
Fotografía: Hanno Lentz
Música: Claus Bantzer
Montaje: Frank C. Müller e Inez Regnier
Intérpretes: Hannelore Elsner, Elmar Wepper, Aya Irizuki, Maximilian Brückner, Nadja Uhl
Duración: 127 minutos
Distribuidora:   Wanda Visión
Estreno: 6 marzo 2009
Página web:  www.kirschblueten-film.de

Morir para nacer (pero a la moda oriental)
Escribe Daniela T. Montoya

Vivimos en una sociedad de riesgoLas nuevas tecnologías de la información y la comunicación están transformando la manera en que interaccionamos entre nosotros además de influir en cómo los individuos interpretamos el mundo.

Hace ya una década que el sociólogo Ulrich Beck (La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad) advertía de los riesgos de esta sociedad postindustrial, regida por la lógica neoliberal. Seguramente, uno de los cineastas que mejor ha captado hasta el momento los aires de esta nueva aldea global (siguiendo el título homónimo de otro teórico referente para la comprensión de la sociedad actual, Marshall McLuhan) es Jia Zhang Ke.

A la espera de que algún día se pueda visionar en España su última película, el documental Er shi si Cheng ji / 24 city (2008), en Naturaleza muerta (2006) anticipa de forma poético-narrativa el análisis de la disloque social que ha supuesto la dinámica de la ultramodernidad.

Desde Europa, quizás sea Olivier Assayas quien, con mayor o menor tino, más se ha interesado por las consecuencias del mundo globalizado. Demonlover (2002), Clean (2004), Boarding Gate (2007) e incluso Las horas del verano (2008) deambulan por los resquicios del pasado en la sociedad digital, tratando de encontrar respuestas o, al menos, planteándose preguntas.

Doris Dorrie reflexiona sobre la intimidad de la pareja en el mundo actual

Y es ahora, cuando casi llevamos cumplida una década del siglo XXI, el momento en que Doris Dörrie, con Cerezos en flor / Kirschblüten – Hanami, hace acto de presencia en las carteleras españolas con su visión intimista sobre el desplome de los asideros de la existencia. Pero, a diferencia de los directores mencionados más arriba, Dörrie toma como eje principal el ámbito de lo íntimo y, además, opta directamente por dar una solución. Una salida a la desorientación vertiginosa, basada en las filosofías orientales existencialistas, lo cual puede molestar a más de uno.

Un matrimonio alemán cuya estabilidad se resquebrajaTrudi (Hannebre Elsner) y Rudi (Elmar Wepper) son en Cerezos en flor un matrimonio germano que vive felizmente en su casa campestre, a la espera de que él pueda gozar plenamente de su inminente jubilación. Ella, en cambio, hace décadas que se retiró de la vida laboral para convertirse en la abnegada esposa que dé estabilidad a su esposo. En sus días monótonos, sólo la muerte puede suponer un punto de inflexión.

El médico de la familia anuncia a Trudi que su marido padece una enfermedad terminal y, de paso, le aconseja aprovechar sus últimos días haciendo juntos algo realmente excepcional. Pero, por el temor de que semejante noticia quiebre la apacible estabilidad de Rudi, ella decide ocultarle los resultados médicos y optar por una estrategia soterrada de sugestión de nuevas actividades, en concreto, viajar.

La muerte de su esposa abrirá a Rudi una nueva existenciaRudi es el paradigma de un tiempo pasado, donde salirse del orden del día supone incomodidad. De ahí su reticencia a ir de vacaciones, como le propone su abnegada esposa, e irse juntos en busca de nuevas experiencias. Horarios cronometrados, repetición sistemática de las mismas conductas y tópicos, recogimiento en el hogar y pueblo apacible donde los riesgos son desarticulados por la fe ciega en la rutina. Que todo continúe igual es el utópico sueño de Rudi.

Pero Dörrie, directora y guionista de Cerezos en flor, hace un giro imprevisible en la narración y aboca le aboca a la soledad de la pérdida. Con la muerte de su esposa, la jubilación y la constatación de la desvinculación con sus hijos, a Rudi se le han desmoronado los sólidos pilares sobre los que se asentaba su existencia. Atónito, se aferra desesperadamente al kimono que utilizaba su mujer. Pero este comportamiento fetichista no logra sanar la culpa que siente cuando, su hija política, le descubre la pasión frustrada de su difunta esposa.

Claramente dividida en dos partes, separadas por un breve interludio funerario, Cerezos en flor se inicia en la plácida gelidez germana para acabar trasladándose a la sensibilidad espiritual de la cultura nipona.

La película está claramente dividida en dos partesDe Alemania a Japón, el viaje en el que Dörrie embarca a su protagonista no es sólo geográfico, sino que implica una transformación vital. Supone la obligación de reubicarse en un mundo que, como los deseos ocultos de su mujer, le son totalmente desconocidos. Un mundo que se esmera por asimilar y que, a pesar de su torpeza, llega a aprehender. Pero, sin embargo, ya queda fuera de su alcance.

Como en la mencionada Las horas del verano, o en la recién estrenada Gran Torino, extraordinario último trabajo (por ahora) de Clint Eastwood, el tiempo pretérito debe ser enterrado para dar vía libre a las nuevas generaciones. (O, para los más tremendistas, el pasado sucumbe engullido por el maremagnum deshumanizado.)

Sin embargo, siempre quedarán las huellas de los maestros que, como en el caso de Yasujiro Ozu, sirven de inspiración para películas como ésta de Doris Dörrie.

Dörrie se ha inspirado en Yasujiro Ozu para su último filme