Dos chicas a la fuga (1)

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Un divertimento queer (*)

Hace cuatro años, los hermanos Ethan y Joel Coen disolvieron su vinculación profesional, desgastados después de más de treinta años de una exitosa convivencia creativa. Un dúo que ha aportado películas tan atractivas como Muerte entre las flores (1990), Fargo (1996), El gran Lebowski (1998), El hombre que nunca existió (2001) o No es país para viejos ((2007).

Ya por separado, en 2021 Joel Coen dirigió La tragedia de Macbeth, una película en blanco y negro, basada en el drama de Shakespeare, protagonizada por Denzel Washington y Frances McDormand, esposa del director, en el papel de Lady Macbeth.

Un año después, Ethan Coen presentó Jerry Lee Lewis: Trouble in Mind (2022) un documental sobre el cantante de rock, rodado durante la pandemia y presentado en el festival de Cannes.

Ahora, Ethan Coen ha estrenado Dos chicas a la fuga (2024) una película coescrita con su esposa Tricia Cooke, montadora de bastantes películas de los hermanos Coen, que parece querer recuperar el espíritu de las clásicas películas de serie B, tomando como referente las comedias transgresoras y desenfadadas de John Waters y Russ Meyer de los años setenta.

En cuanto a influencias más cercanas, la puesta en escena recuerda a Arizona Baby (1987), con sus personajes estrambóticos y situaciones absurdas. A ello cabe añadir la delirante violencia de los criminales de Fargo.

La historia que nos proponen Ethan y Tricia es la de dos amigas lesbianas, interpretadas por Margaret Qualley (Jamie) y Geraldine Viswanathan (Marian) que se embarcan de una manera algo azarosa en un viaje automovilístico, cruzando Estados Unidos de norte a sur, con destino a Tallahassee (Florida). Se trata de una huida improvisada, después de que Jamie haya roto con su novia (Beanie Feldstein). En el transcurso del largo viaje serán perseguidas por un grupo de delincuentes bastante torpes, como suele ser habitual en el universo de los hermanos de Coen.

Las dos actrices protagonistas son poco conocidas, pero resuelven bien sus papeles antagónicos. Llamativamente, comparten sus peripecias con dos superestrellas de Hollywood, de la talla de Matt Damon y Pedro Pascal, con papeles episódicos; junto con unos secundarios tan sólidos como Beanie Feldstein, Joey Slotnick, Bill Camp y Colman Domingo. Se trata de actores y actrices no habituales en las películas de los Coen.

La historia avanza apoyada en unas escenas bien rodadas, cuyas transiciones se apoyan en los sucesivos golpes de efecto que van alterando las previsiones de las dos jóvenes viajeras. Hay una llamativa insistencia en mencionar a Henry James a lo largo del relato, posiblemente con la intención de remitirnos en un giro metafórico al viejo Sur patriarcal, conservador y racista. El elemento desencadenante de todos los problemas es una maleta que contiene consoladores de látex y que supuestamente puede llegar a truncar la carrera presidencial de un político.

Cabe percibir que la intención de los guionistas ha sido la de proponer una historia ligera, un divertimento, que rinde un homenaje jocoso al cine negro. Puede considerarse una versión festiva de Kiss me deadly (El beso mortal), un filme noir, de bajo presupuesto, dirigido por Robert Aldrich en 1955.

La película propone abiertamente un reconocimiento desenfadado al mundo queer, ya que con el transcurrir de la historia accedemos a los ambientes de bares de lesbianas, relaciones homosexuales explícitas y personajes heterosexuales masculinos estúpidos.

Resulta llamativo ver cómo la película ha desatado la curiosidad por parte de varios críticos cinematográficos, por tratar de establecer, a partir del resultado de Dos chicas a la fuga, la diferencia y cualidades de una película de los hermanos Coen, y una película de uno de los hermanos Coen; y deducir asícuál de los dos es el más creativo y brillante. En este caso, Ethan no sale muy bien parado.

En síntesis, una película filmada como un divertimento, fácil de ver, pero sin duda se trata de una obra claramente menor. Es la demostración de que, para próximos proyectos, más le vale tener cerca a su hermano.

Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos Universal Studios

(*) Queer: es un término de origen anglosajón que se vincula con una identidad sexual o de género que no se corresponde con las normas tradicionales de sexualidad y género.