El asesino (4)

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La psicopatía como profesión

El rol del asesino a sueldo es habitual en la literatura de ficción, el cine o el cómic, dentro del llamado género negro o de suspense. En el ámbito anglosajón se ha terminado imponiendo la denominación de thriller. Se trata de un formato que admite diferentes adjetivos (policiaco, psicológico, judicial, político, erótico, etc.), pero con la inevitable presencia del asesinato como componente principal.

En el caso que nos ocupa, El asesino (2023), la última película de David Fincher, es una adaptación de la novela gráfica homónima de Luc Jacamon (dibujo) y Matz (guion), publicada en España por Norma Editorial. También ha participado en la escritura Andrew Kevin Walker que ya colaboró con Fincher en Seven (1995).

La historia es la de un asesino amoral, frío y anónimo, de hecho, un hombre corriente, si no fuera por su terrible profesión. En el cómic original dominan las reflexiones de este personaje sin nombre sobre los escasos diálogos. Este planteamiento se ha mantenido en la versión cinematográfica. La narración, por tanto, está sometida a los estados de ánimo y reflexiones de este asesino solitario.

Con este material el veterano director David Fincher elabora su propuesta cinematográfica, configurando su relato como un juego, prescindiendo de cualquier artificio de guion. Una fórmula que ya está presente en su filmografía —Seven (1995), The Game (1997), Perdida (2014)—, y que de nuevo utiliza en su última película. Aquí nos invita a introducirnos en la mente de un asesino que asume su trabajo con total frialdad, sin asomo de emoción o sentimiento de culpa.

En coherencia con la lógica cartesiana que el personaje aplica a su vida, la película está narrada de forma lineal y se estructura en seis capítulos correlativos y un epílogo: Capítulo 1: París, El objetivo. Capítulo 2: República Dominicana, El escondite. Capítulo3: Nueva Orleans, El abogado. Capítulo 4: Florida, El bruto. Capítulo 5: Nueva York, La experta. Capítulo 6: Chicago, El cliente. Epílogo: República Dominicana.

Cada uno de estos capítulos tiene su propio planteamiento, desarrollo y desenlace. Esta estructura permite seguir las peripecias del protagonista en busca de venganza. Lo que une los capítulos desde un punto de vista narrativo, es el estilo eficaz y riguroso que caracteriza a David Fincher.

La voz interior del protagonista (un excelente Michael Fassbender) nos va desvelando su manera de pensar y la forma en que afronta su realidad. Su comportamiento es sistemático: «Soy distante». «No soy un genio. Soy uno del montón». «No te fíes de nadie». «Cíñete al plan». «No improvises». Domina las rutinas. Cuida los detalles. Maneja estadísticas. Es minucioso. Se cuida físicamente. Siempre viaja en vehículos de alquiler o en taxi. Su absoluto control de las situaciones quita dramatismo a su conducta delictiva.

El tratamiento dado al protagonista en el filme, accediendo a su manera de pensar, junto con un montaje que elimina tiempos muertos al mostrar la acción, es lo que dota de originalidad a la propuesta de Fincher. Podemos encontrar su referente primigenio en el asesino de El silencio de un hombre (Le Samourai, 1967), del gran director francés Jean-Pierre Melville, donde el protagonista (Alain Delon) es un asesino a sueldo cuya vida está regida por el código de honor y de silencio. Nunca traicionaría a sus mentores, pero estos han dejado de confiar en él y buscan hacerle desaparecer después de acometer un «encargo» y haber sido detenido por la policía. Precisamente en Francia encontramos el origen de la expresión «cine negro» en alusión al título de la serie de libros Série noire, publicada por la editorial Gallimard en París, a partir de 1945, donde se publicaban traducciones de novelas policíacas estadounidenses.

Por tanto, Fincher nos propone la historia de un asesino meticuloso que, al realizar su último encargo, la eliminación de un magnate en París, extrañamente falla en el intento. A partir de ese momento él es el objetivo de los que le hicieron el encargo. Entonces comienza una caza para encontrar y eliminar a los responsables que atacaron a su novia en el refugio de República Dominicana, donde pensaban encontrarle a él.

Aplicando una lógica irrefutable, el protagonista viaja a Luisiana para que Hodges (Charles Parnell) el abogado que le ha venido asignando los encargos, le revele el nombre de los dos sicarios que han atacado a su novia. Hodges termina siendo asesinado sin decir nada, pero su secretaria Dolores (Kerry O’Malley) le revela los nombres a cambio de que su asesinato parezca un accidente. De esa manera su hijo podrá cobrar el seguro. Es el único momento del relato en el que el personaje de Fassbender muestra algo de empatía.  Identificados sus objetivos, prosigue su cacería eliminando a El Bruto (Sala Baker) en Florida y a La Experta (Tilda Swinton) en Nueva York.

Fincher aprovecha la historia para subrayar los contrastes del capitalismo salvaje que nos domina a todos.

Estos homicidios muestran la versatilidad del asesino, realizando su trabajo en el primer caso con una extrema violencia, y en el segundo de manera limpia y rápida. Finalmente, localiza y accede al cliente (Arliss Howard), un multimillonario aparentemente inexpugnable. Él fue quien ordeno el trabajo original y luego, aceptó la oferta de que se «borrase el rastro» generado por el error en el disparo del encargo inicial. Aquí está el motivo de que intentaran eliminar al asesino que da título al filme.

Fincher aprovecha la historia para subrayar los contrastes del capitalismo salvaje que nos domina a todos. El asesino se sirve de él, adquiriendo equipos por Amazon, planificando sus misiones con apoyo de Google Maps o comiendo hamburguesas de McDonald’s. El magnate que está en el origen de toda la cadena es un hombrecillo de apariencia insignificante, pero extraordinariamente poderoso. El asesino decide no eliminarlo, pero le amenaza con hacerlo si le ocurre algo a él o a su entorno. Considera que así estará más seguro en su paradisíaco retiro.

El asesino ha sido producido por Netflix. Se ha estrenado de manera selectiva en algunos cines y desde el pasado 10 de noviembre ya está disponible en la plataforma estadounidense de streaming. David Fincher apoya la presencia de las plataformas en la industria del cine. Ya utilizó esta misma fórmula para realizar su película Mank (2020).

En síntesis, las dos horas de metraje están bien utilizadas para contar la historia de un psicópata profesional, abocado a su propia tragedia personal. La narración, muy eficaz, no resulta angustiosa, como ocurría en otros thrillers de Fincher como Zodiac (2007). Al valorar este título, cabe establecer un cierto paralelismo con la estética bressoniana, al identificar en él algunos rasgos como un cierto ascetismo en el lenguaje, el distanciamiento con los personajes y el uso de las elipsis como recurso expresivo. El propio protagonista verbaliza su visión escéptica al final de la historia: «El único camino en la vida es el que dejas atrás».

Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos Netflix