How to have sex (3)

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Adolescencia y consentimiento sexual

Presentada el pasado mes de noviembre en la última edición del Festival de Cine de Sevilla, ahora se estrena en España How to have sex. Estamos ante una película valiente que afronta un tema complejo, como es el consentimiento sexual en los jóvenes. Es la primera película dirigida por Molli Manning Walker, una joven cineasta inglesa (30 años) con la que ha ganado el premio Una Cierta Mirada en el Festival de Cine de Cannes de 2023 y el premio Descubrimiento Europeo – FIPRESCI en la 36ª edición de los Premios de la Academia de Cine Europeo.

Molli Manning Walker, también autora del guion —elaborado al parecer a partir de experiencias propias—, propone desde la ficción una forma de abordar la complejidad que supone llegar a la mayoría de edad, por parte de las jóvenes adolescentes de hoy y cómo afrontar las relaciones sexuales. Más específicamente, se plantea cómo transitar por el territorio impreciso y ambivalente de lo que supone el «solo sí es sí» en las relaciones sexuales. Expresión que implica la manifestación libre y auténtica de la mujer, obviando la presión, el miedo y la violencia estructural a la que debe hacer frente en muchas ocasiones.

Un territorio incómodo y en ocasiones difuso, sobre el que es esencial dar visibilidad a cuestiones como la inseguridad habitual que el poder, aún vigente de una sexualidad patriarcal y tóxica, ha normalizado con el uso de la violencia como conducta de dominación en las relaciones entre jóvenes, y que la película muestra de manera explícita.

Se trata de una cuestión muy relevante —el «solo sí es sí»—  que hay que tratar como problemática global, más allá de que en España sea una cuestión que se ha politizado, he incluso deformado, por culpa de una ley tan necesaria como desgraciada en su tramitación y aplicación.

El relato se inicia con la llegada de tres jóvenes teenagers inglesas, compañeras de instituto, a una Magaluf camuflada, en este caso a Malia, en Creta, rodado allí por motivos presupuestarios. Un destino escapista, elegido por jóvenes anglosajones donde encontrar diversión, alcohol barato, sol, playa y fiestas nocturnas descontroladas. Se trata de atreverse a hacer lo que en otro contexto social no se haría.

Las tres jóvenes viven sus vacaciones con ansiedad, tras realizar sus últimos exámenes, sin saber qué les deparará el futuro. Las opciones son el acceso a la universidad, o en caso contrario, el mundo laboral. Tienen 17 años y van a pasar su último verano juntas.

La actriz protagonista, Mia McKenna-Bruce (Tara) hace un excelente trabajo interpretativo, ya que es capaz de transmitir con gran verosimilitud las vivencias de una adolescente en constante negociación interior (hablar o callar, mostrar o no sus sentimientos, aceptar o repudiar las relaciones sexuales). Está bien flanqueada por Enva Lewis (Em) y Lara Peake (Skye).

Los personajes masculinos suponen el contrapunto en las relaciones que se van configurando. Badger (Shaun Thomas) invita a las tres chicas (son vecinos de apartamento) a salir juntos. Su compañero Paddy (Sam Bottomley), un macho alfa engreído, se suma a la fiesta. Tara y Badger parecen compartir una química grata y natural. Pero Skye, motivada quizás por la rivalidad sexual femenina, insiste maliciosamente en que Tara puede «hacerlo mejor» y la anima a acercarse a Paddy. Lo que conduce a un encuentro sexual en la playa, que llegamos a conocer íntimamente, a medida que esa situación se reproduce en la mente de Tara.

Este tipo de películas da forma a la potencialidad del cine como herramienta útil para explorar lo complejo, para abrir debates, para concienciar y, sobre todo, para colaborar a romper con la indiferencia o el silencio encubridor y cómplice; en el caso que nos ocupa, sobre la sexualidad de los jóvenes.

Más específicamente, hablamos de la capacidad del cine para plantear, desde el punto de vista femenino, una reflexión sobre la representación cinematográfica del sentido del consentimiento sexual. Y la importancia de la formación.

El cierre de How to have sex, incorpora una reflexión final, plena de coherencia, que comparten las tres jóvenes.

Molli Manning Walker, en una entrevista publicada en Caimán (Cuadernos de Cine, número 186) profundiza en las cuestiones de fondo que plantea su película. Específicamente, en relación con el consentimiento afirma: «Creo que el concepto de consentimiento se ha vuelto algo demasiado binario. Todo el mundo se obsesiona con el ‘sí’ o el ‘no’ verbal, pero también deberíamos prestar atención al lenguaje corporal y a cómo la otra persona se está sintiendo en una situación determinada. Las relaciones sexuales deberían tener más que ver con pasar un buen momento con el otro, involucrarse verdaderamente, relacionarse de una manera más profunda. Ahí encontramos el consentimiento, más que en preguntas binarias».

La directora visibiliza con inteligencia y buen pulso narrativo cómo se afrontan las relaciones sexuales entre jóvenes. También señala cómo las desigualdades culturales siguen influyendo en la manera de comunicarnos. Y, sobre todo, dónde cabe situar los límites en un contexto de descontrol y desenfreno.

El cierre de How to have sex, incorpora una reflexión final, plena de coherencia, que comparten las tres jóvenes, mientras esperan en el aeropuerto su vuelo de regreso a casa. Una capacidad de reflexión de la que parecían carecer durante sus desbocadas vacaciones. Esa puesta en común las lleva a pensar lo que significa ser mujer joven y sobre los riesgos físicos y emocionales que conlleva aceptar las relaciones sexuales. Pero también incorporar una capacidad de resiliencia que puede ser culposa o liberadora.

A pesar de toda la energía explosiva que transmite, se trata de una película triste. Es una historia de pérdida, pero no de pérdida de la virginidad, sino de pérdida de la inocencia, que inicia el camino hacia la madurez. En definitiva, una película recomendable por su mensaje honesto, abierto y progresista.

Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos Avalon