La cueva (2)

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Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre)

la-cueva-0Una falsa película amateur o, mejor dicho, una presunta película encontrada (found footage) marcó el éxito de público de este nuevo subgénero gracias a una extraordinaria campaña publicitaria (fundamentalmente en Internet) que hizo creer a los espectadores que la historia y la película, efectivamente, eran reales.

Hablamos de El proyecto de la bruja de Blair (The Blair witch Project, 1999), de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, el film seminal de un subgénero hoy bautizado como found footage, que ya ha creado una secuela, el mockumentary (cuando se trata de materiales presuntamente documentales, falsos naturalmente) y que ha tenido variantes de todos los tipos imaginables: desde cámaras de seguridad (Paranormal activity), hasta adolescentes que graban todo lo que sucede ante sus narices aunque les cueste la vida (Monstruoso).

Personalmente, nos quedamos con dos grandes ejemplos de este género: el programa de televisión realizado por profesionales íntegros hasta el fin (Rec, de Jaume Balagueró y Paco Plaza, sin duda la mejor y más coherente de todas) o la ingeniosa trama para explicar cómo un director neozelandés desconocido (e inventado) es el creador de casi todo en la historia del cine (La verdadera historia del cine, de Peter Jackson).

La cueva, una alabada y premiada cinta española de terror, responde punto por punto a las premisas del subgénero, de hecho, tiene no pocos puntos en común con El proyecto de la bruja de Blair. Pero, además, es un film de tesis: pretende demostrar que, en situaciones extremas, un grupo de amigos no tendrá ningún problema en, literalmente, devorarse unos a otros si hace falta para sobrevivir.

En definitiva, que el hombre es un auténtico lobo para el resto de los hombres.

Confieso que hace tiempo que el cine basado presuntamente en material encontrado dejó de interesarme. Me pareció fascinante Rec y el resto no sólo no alcanza su nivel, sino que realmente aburre, cansa, fatiga, acaba con la paciencia del espectador… por más real que se pretenda la grabación de turno.

Tras reposarla un tiempo, sigo teniendo serias dudas sobre si recomendarla como una película que asusta por su capacidad de reflejar cómo somos alejados de la sociedad, reducidos a la oscuridad y, en última instancia, amenazados de muerte (recordemos: un grupo de amigos se pierde en el interior de una cueva en Formentera), o recomendaros que huyáis por su molesto tono de found footage, es decir, material rodado de forma amateur por un componente del grupo que, de alguna manera, nos llega a nosotros ahora.

A favor, sin destripar la trama, señalar que algunos momentos son realmente agobiantes, llegan a causar miedo en el más estricto sentido.

A destacar, la huida de una moza que no sabe manejar la cámara pero debe utilizarla para huir en la oscuridad de la cueva, sin encender ninguna luz porque atraería la atención de “los otros”. Todo lo vemos a través de la “visión nocturna” de la cámara en plena huida en una cueva a oscuras… aunque también oímos cómo alguien carga una linterna dándole vueltas a una manivela. Buscándola. Cada vez más cerca.

En contra, uno está harto de tanto amateurismo en el cine, y más cuando éste no tiene una lógica, o, mejor dicho, cuando la lógica se echa por tierra en un momento determinado de la función: si todo se basa en el material encontrado, en la grabación de lo que pasó dentro, ¿por qué hay unos planos finales externos a esa grabación, pero necesarios para conocer el final de la historia?

El problema es de coherencia.

Uno debe respetar el punto de vista, algo que no siempre se tiene en cuenta al elaborar el discurso. Un ejemplo: El sexto sentido, de M. Night Shyamalan, basaba su sorpresa final en que todos asumíamos que los que aún no saben que están muertos siguen por aquí, alrededor nuestro, deambulando. Sin embargo, las normas puestas por el director indicaban que esos muertos vivientes no podían entrar en una iglesia… y nuestro protagonista entra, acompañando al niño que posee ese sexto sentido que permite ver a los muertos. Si ha entrado en la iglesia no puede estar muerto en vida al final de la película. El castillo de naipes se viene abajo.

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Con La cueva sucede algo parecido: si todo lo basas en una premisa (esto es una grabación real) no podemos añadir planos de una cámara «desde fuera» cuando nos haga falta para clarificar la historia.

Tú, como director, eliges la premisa. Tú debes respetarla.

Y el director Alfredo Montero lo estropea al final, después de habernos hecho soportar multitud de planos innecesarios, atropellados, burdos técnicamente… con la excusa de que “esto es una historia real y aquí tenéis lo que hemos encontrado”.

La inserción de los planos de la salida de un personaje, su mirada final, son muy significativos, necesarios para transmitir ese mensaje sobre el ser humano convertido en un animal, en un lobo para el hombre… pero traicionan el espíritu con el que se ha creado toda la película y, por tanto, invalida lo anteriormente visto.

¿Entonces no pueden utilizarse imágenes “normales” en una película de found footage? Por supuesto, siempre y cuando se entienda que van aparte del presunto material encontrado. Monstruoso dejaba clara la diferencia entre la ficción y el material encontrado. En eso era coherente.

Incluso La cueva tiene en cuenta esta condición de lógica dentro de la narración.

El prólogo de la película —con bellas imágenes del paisaje de Formentera mientras oímos en off distintas llamadas de teléfono preguntando por los protagonistas— no incumple esa premisa porque es un material previo a la grabación casera de los protagonistas. De hecho, podría funcionar como un flashforward (las imágenes son posteriores a lo sucedido) o incluso convertir en un flashback todo el film: lo narrado ya ha pasado, por eso alguien muestra el vídeo grabado en el interior de la cueva.

Pero lo que es admisible antes de comenzar a ver el material encontrado no es admisible una vez comienza la exposición de ese material y menos si lo insertas «dentro» del material encontrado: es hacer trampa. O simple incapacidad narrativa: faltan planos, pues los añado. Si no forma parte del material encontrado no se puede incluir. Sin más.

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Pese a esta incoherencia, la película no deja de ser una propuesta arriesgada y de visión difícil, no sólo por su fatigosa apuesta por el amateurismo aparente de la puesta en escena, también por la visión que da del ser humano: nunca la expresión “el hombre es un lobo para el hombre” ha estado expuesta con más claridad… pese a la oscuridad de la cueva donde transcurre la práctica totalidad del film.

Insistimos, La cueva no es una experiencia agradable ni temática ni estilísticamente…

Como muestra un botón: la reacción de unos jovencitos en el cine Lys de Valencia, durante la proyección a la que asistió este cronista: risas de adolescentes en la sala cuando los miembros del grupo de amigos deciden echar a suertes a quién se comen para sobrevivir.

Exacto, la risa no era por lo gracioso de la situación. Eran risas nerviosas. Incómodas.

A ello contribuía el cómo: la incomodidad de ver unas imágenes movidas, desenfocadas, mal encuadradas, cortadas en algún momento, amateurs…

Pero también contribuía el qué: el no tener asideros de ningún tipo para enfrentarse a lo que se estaba contando. Un grupo de amigos devorándose a sí mismos.

Un film que no deja indiferente a nadie no es algo que veamos todos los días. Y eso hay que valorarlo.

Vosotros mismos.

Escribe Mr. Kaplan

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