El terror sobreentendido
Escribe Gabriela Mársico
Basado en un hecho real sacado de la crónica policial (una joven que logró escapar del burdel en el que fue prostituida) el filme La mosca en la ceniza de Gabriela David (Taxi, un encuentro) nos cuenta una historia sobre la trata de personas, y la explotación sexual.
El filme pone al descubierto, además, la actitud de indiferencia y complicidad que se genera a su alrededor, pero también pone de manifiesto los valores de amistad, lealtad y, sobre todo, la lucha por la supervivencia en las peores condiciones.
El camino de Buenos Aires
Dos jóvenes amigas provenientes del noreste argentino: Pato (Paloma Contreras) y Nancy (María Laura Cáccamo) viajan a la capital para trabajar como empleadas domésticas contratadas por una mujer que las entrega (previo pago de dos mil pesos) a una banda de traficantes de personas y proxenetas en las que se destaca la áspera madama Susana (Cecilia Rosetto) que regentea un burdel junto a su socio amante Oscar, donde trabajan adolescentes prostitutas (interpretadas por Dalma Maradona y Vera Carnevale, entre otras) ubicado sobre una calle tan transitada que hasta podemos encontrar una florería en la puerta, y enfrente, una confitería.
Tanto Pato como Nancy son despojadas, al llegar, de sus pertenencias, documentos incluidos, y son llevadas a una pieza que compartirán con otras adolescentes que se encuentran en las mismas condiciones que ellas: en cautiverio, y obligadas a prostituirse. Ese espacio reducido, una pieza de cuatro por cuatro, cuyas paredes sucias y descascaradas hablan del abandono, negligencia y hacinamiento al que serán sometidas, se convertirá en el pequeño infierno donde pasarán una noche interminable, ya que hacen turnos rotativos: mientras unas duermen, las otras atienden a los clientes recién llegados…
Mujeres cautivas
Al llegar, Susana, la madama, les hace saber a Pato y a Nancy, que ellas están en deuda. Cada una debe ganar los mil pesos que sus explotadores pagaron por ellas, así que en adelante deberán saldar la deuda que irá aumentando con el paso de los días a través de multas aplicadas por mal comportamiento…
Pato y Nancy se convierten en Vanesa y Lulú. Pato no se somete, se rebela, pero es castigada con una golpiza física y psicológica. Permanece atada y encerrada en un baño. Típica modalidad de ablande que nos recuerda métodos utilizados en otras épocas…
Nancy, con un leve retraso mental, por el contrario, se adapta y entiende que debe someterse a las reglas de juego, es decir, prostituirse, si quiere seguir con vida.
Es Nancy, a la que Pato en un rapto de furia llama estúpida, la que resiste, y ayuda a la mismísima Pato a sobrellevar el encierro, hablándole y alimentándola entre otras cosas.
De eso no se habla
Nancy-Lulú con delantal blanco de colegiala, y botas de caña alta, conocerá a José (Luis Machín) mozo que trabaja en la confitería de enfrente. Nancy le confiesa a Pato que José no es como los demás. José es diferente. Es suave, como alguna vez su tío lo fue con ella…
Es en este punto donde se corre el velo de un eterno secreto: la explotación sexual comienza muchas veces en el propio hogar, por eso cuando Nancy lleva al primer cliente a la habitación, le dice: sí, sí, ya sé…
José, que confiesa haber perdido los dientes, al menos habla como si no los tuviera, mantiene con Nancy una relación en la que el juego que se da entre los dos atenúa la sordidez del encuentro. Hay una escena magnífica en la que Nancy y José juegan entre las sábanas, Nancy aprovecha el momento de intimidad y le cuenta su historia y la de su amiga Pato, y, además, le pide ayuda. José escucha, se viste y se va, pero promete ayudarla, y avisar a la policía.
A partir de ese momento, cada vez que tocan el timbre, Nancy esperará confiada la llegada de la policía…
Pacto de silencio
Es impensable la existencia de la prostitución sin el apoyo del poder político, que no necesariamente estará ligado al gobierno de turno, sino a instituciones más perdurables en el tiempo, fieles representantes del Orden, como lo son la policía, el poder judicial o los dueños del dinero. Recordemos cómo el policía que vigila la calle sobre la que está el burdel, observa con naturalidad la llegada de las nuevas pupilas, y hasta saluda a los proxenetas…
Sin embargo, existe algo más peligroso que convive con esta complicidad que conforman las redes de poder, y con esto me refiero al pacto de silencio que suele darse entre los testigos de tales catástrofes sociales, como en este caso lo son la trata de blancas y la prostitución.
Con un paneo que recorre las ventanas del edificio aledaño al burdel, descubrimos cómo una madre de familia con sus niños, corre la cortina del ventanal, o cómo un ojo de buey se va oscureciendo en el momento en el que se escuchan los gritos de Pato después de recibir una golpiza. Cuando Pato intenta escapar del burdel y pide auxilio, el florista que escucha sus gritos sigue trabajando inmutable, o la actitud de connivencia con la policía que toma José, nos da a entender que ha perdido algo más que los dientes…
Pareciera darse una voluntad de negación entre la gente que convive con tales realidades. Una especie de mecanismo al que se recurre cuando se ve algo de lo que no se quiere saber nada…
Yo, argentino…
Se crean así zonas de silencio de una realidad que nos resistimos a enfrentar, y que nos mantienen como extraños en nuestra propia historia social e individual.
Una de las causas que da cuenta de esta actitud tal vez sea el terror. El terror, a veces expresado, pero con más frecuencia sobreentendido, permeabiliza nuestras vidas a través de algo que se sabe, pero que nunca se dice.
Nadie ignora que en nuestro país, la violación, el secuestro y el cautiverio han formado parte de la política nacional.
El primer paso hacia la libertad consiste en develar el secreto que rodea la explotación y la esclavización que sufren las mujeres.
La mosca en la ceniza
La única manera de entender la supervivencia de una mujer es ponerse en su lugar. Y eso es lo que ha logrado el filme de Gabriela David, al mostrarnos que las mujeres que permanecen cautivas en burdeles no tienen libertad para cambiar las condiciones de su existencia. Se les ha negado los derechos humanos fundamentales que deberían tener por el hecho de ser seres humanos.
La supervivencia en este caso puntual depende de la unión inquebrantable que se da entre Pato y Nancy en torno a la violencia sexual que es ejercida contra ellas.
Gracias a la lealtad incondicional de una con la otra en distintos momentos cruciales de sus vidas, logran, como lo hace la mosca ahogada dentro de un vaso de agua, reveladora metáfora del filme, resurgir de las cenizas.
