LOS CONDENADOS (3)

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Los condenados
Título original: Los condenados
País, año: España, 2009
Dirección: Isaki Lacuesta
Producción: Adrián Guerra, David Matamoros
Guión: Isaki Lacuesta e Isabel Campo
Fotografía: Diego Dussuel
Música: Gerard Gil
Montaje: Domi Parra
Intérpretes:  Bárbara Lennie, Arturo Goetz, Daniel Fanego, Leonor Manso
Duración: 104 minutos
Distribuidora:  Barton Films
Estreno: 20 noviembre 2009
Página web:  http://www.loscondenados.es/

Sobrevivir de prestado
Escribe Carlos Losada

Isaki LacuestaAnte esta última película estrenada de Isaki Lacuesta, caben dos interrogantes, de principio, para abrir boca sobre las relaciones de las personas entre sí y la perentoria necesidad de comprender nuestros actos, pasados y presentes, y qué y por qué los motivaron.

Isaki Lacuesta cita con gran sentido a Joseph Conrad: "un hombre que se resigna a matar no tiene que hacer muchos esfuerzos para resignarse a morir", que escribió en 1911, y lo fácil que puede ser darle la vuelta a la frase. Hoy aún estamos con este interrogante, porque conlleva una inquietud que el cineasta refleja en su película.

La otra cuestión es si se debe hacer, o no, una película moral. ¿Y qué entendemos que es, o puede ser, una película moral?

Después de su excelente documental Cravan vs. Cravan (2002), con un aire entre agónico y realista, que refleja la realidad del pasado en tiempo de hoy, de muy buenos resultados, Isaki Lacuesta rueda La leyenda del tiempo (2006), donde intenta, y lo consigue, plasmar la realidad cotidiana de los acontecimientos como si de un documental se tratase, se enfrenta ahora con Los condenados a la recuperación de la memoria, por un lado; y al análisis de las relaciones cuando el paso del tiempo ya marca un antes, un ahora, y estamos en el después, ese presente escurridizo que pronto será pasado.

Isaki Lacuesta cita con gran sentido a Joseph Conrad

En Los condenados lo de menos es la raíz del argumento en sí, esos camaradas que excavan de forma clandestina una fosa común para encontrar los restos de otro camarada, sino lo que surge cuando viene de España el exilado Martín -muy matizado y real Daniel Fanego- para ayudar a Raúl -muy convincente Arturo Goetz- y se dan cuenta que el tiempo de las revoluciones no es ya sólo un pasado, sino que puede cuestionarse si en realidad fue un tiempo necesario.

A parecida conclusión llega Silvia -excelente Bárbara Lennie- en la que puede ser la mejor secuencia de la película, la más intensa y cinematográfica: un largo primer plano donde Silvia explica que aquella lucha armada le parece un grave error de la generación de sus padres. Impactante y realista, Silvia sabe que no están de acuerdo con ella, pero su tiempo ya se mide en Joseph Conrad y su opinión sobre estar dispuesto a matar, y por tanto a morir.

Naturalmente que eso es una declaración moral, pero es que nuestra vida debe estar constituida, entre otras cosas, por la impronta moral tanto en nuestras ideas como actos, dando así lugar a nuestro propio entendimiento y como consecuencia comprender mejor las posturas de nuestro semejantes.

La película está rodada en impresionantes escenarios naturales, localizados, muy bien, en Argentina

La película, rodada en impresionantes escenarios naturales, localizados, muy bien, en Argentina, plantea esa condición moral humana, tanto en las conversaciones que tienen los diversos protagonistas -todos muy entonados-, como en lo que hacen, cómo lo hacen y por qué lo hacen. Y sin echarse las culpas unos a otros, sí indagan, al menos lo intentan, las razones de abrir esa fosa común de forma clandestina para encontrar los restos de un compañero desaparecido en los días de la guerrilla, que ya nadie osa ensalzar, aunque para la mayoría sí estaba justificada.

Todo ese pasado se debe a la existencia de una dictadura. Sin ella, no tendríamos historia, personajes, rebeldes; en suma, ¿cómo actuaríamos nosotros en parecidas circunstancias? Y ahí surge el problema moral, que cada uno es lógico que resuelva a su manera. Al hacer la película, el problema moral persiste, ¿y por eso la película ya es moral? Lo es, y no precisamente por eso, sino porque Isaki Lacuesta lo enfoca moralmente, pues de otra manera estaría traicionando la idea, el germen y el sentido de esta indagación sobre los comportamientos humanos.

Hay que ver Los condenados, y recomendamos su visionado, con la pasión que se estudian los acontecimientos que tienen interrogantes no fáciles de resolver. Y aunque tenga momentos de duda y vacilación sobre la utilización del escenario y lo que dicen y hacen sus protagonistas -con la singularidad de que esa fosa común puede pertenecer a cualquier grupo, y casi en cualquier suelo patrio de las dictaduras de turno del siglo XX-, al final nos queda la sensación de haber asistido a una toma de conciencia moral, y sensible, sobre las debilidades del ser humano, de esos que en momentos así puede decirse que sobreviven de prestado: eso les ocurre a los protagonistas de esta singular historia, que está contada con imágenes, la mayoría muy precisas y necesarias.

Al hacer la película, el problema moral persiste, ¿y por eso la película ya es moral?