Mucha personalidad
Escribe Ángel Vallejo
La programación veraniega, en ocasiones desasistida y vacacional, suele deparar a menudo gratas sorpresas. Quizá debido a ese forzoso abandono estival, ciertas distribuidoras se dignan a ofrecer productos que hace tiempo dormían el sueño de los justos en remotos almacenes, esperando a ser estrenados en el momento en que las omnipresentes realizaciones norteamericanas bajaran el fuelle y su falta de empuje pudiera dejar paso a otras películas que revitalizaran un tanto nuestra cartelera.
Ese parece haber sido el caso de Mad detective (2007), estrenada con dos años de retraso y cuando su co-director, el muy prolífico Johnnie To, ha tenido tiempo de dirigir tres películas y producir otras tantas.
To, afamado director de filmes como The mission (1999), Exiled (2006) o Election (I y II, 2005 y 2006), viene acompañado en esta ocasión de su colaborador habitual, el guionista y co-director Wai Ka Fai, para ofrecernos un producto tremendamente original y fresco, que podría discurrir por los muy trillados cauces del cine negro oriental de no ser por su vinculación con el fantástico.
Efectivamente, la historia de asesinatos, desapariciones y corrupción policial no bastaría para sostener una trama que apenas apunta algún esbozo interesante sobre la realidad social de Hong Kong, una ex colonia británica donde los chinos parecen constituir una clase social y económica que tiene a sus propios parias en la inmigración indo-pakistaní. Pero la curiosa personalidad del protagonista, un detective capaz de ahondar en la psique humana de una manera muy peculiar, consigue dar más de un giro y aumentar bastantes grados el nivel de interés de la película.
A ello contribuye una realización formalmente impecable, alejada de los excesos acrobáticos de la escuela insular pero muy cuidada técnicamente, que hace tanto del montaje como de la puesta en escena dos elementos más de la trama sin los que la película sería difícilmente comprensible. Sé que esto puede parecer extraño, pero la naturaleza de la misma hace que la presentación física de los personajes juegue un papel preponderante en su desarrollo y en ese sentido, ambos elementos tienen mucho que decir.
Éste es un punto crucial: el grado de calidad de la realización viene reforzado sin duda por el buen hacer de su actor principal, un (para mí) desconocido Lau Ching Wan que borda el papel de ex policía trastornado con una caracterización desaliñada y obsesiva que nos hace dudar sobre la salud mental del actor mismo. Aunque no es menos cierto que hay momentos en los que puede llegar a pensarse que quien de verdad desvaría es el mismísimo Johnnie To: no es extraño sacar la conclusión, quizá apresurada, de que sus presupuestos son demasiado "orientales", casi incomprensibles para determinada mentalidad occidental.
Nos ha llevado a tal situación un comienzo del filme desconcertante, una presentación de situaciones rocambolescas que no parecen tener ningún sentido hasta que se ofrece una explicación medianamente (in)sensata que nos hace reformular todo el comienzo y empezar a disfrutar doblemente de la película una vez transcurrido el primer cuarto de la misma. En ese momento, nos reconciliamos con To y se disipan las dudas sobre nuestra supuesta incapacidad para comprender los postulados metafísicos del director oriental, que no resultan por lo demás muy alejados de cierta tradición psicoanalítica ya presente en determinados clásicos literarios occidentales.
El problema, como puede imaginarse, es que después de habernos desconcertado y posteriormente animado, mantener el nivel de interés puede resultar desmesuradamente difícil. Y he aquí que Mad detective sólo lo consigue a medias. Si puede ponérsele un pero a esta, por lo demás excelente película, es despertar unas expectativas que quizá luego no cumple en el tramo central de su desarrollo: la acción decae en algunos momentos, el exceso de originalidad formal no alcanza el equilibrio con la simplicidad de la trama policíaca y la complejidad y riqueza del personaje principal eclipsa con mucho la presencia del resto, toda vez que se pretenda suplir esta carencia con la propia caracterización de los mismos, es decir con la profunda disección que de sus personalidades hace el detective loco.
No obstante, la película recupera el pulso cinematográfico en los momentos finales, y nos deja con un buen sabor de boca general, además de la sensación de que un posterior visionado de la misma podría incluso enriquecer su disfrute. Es una lástima que autores de este calibre no se prodiguen más por nuestra cartelera… desde luego, por falta de películas no será.
