Mala conducta (2)

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Una parodia de la autoayuda

Filmin ha estrenado directamente en su plataforma la ópera prima de Alice Englert, hija de la directora Jane Campion. Una reconocida cineasta, nominada dos veces al Oscar a la mejor dirección, por El piano (1993) y ganándolo con El poder del perro (2021).

Mala conducta (2024) es una comedia dramática, rodada en Nueva Zelanda, cuyo guion es también obra de la novel directora. La protagonista es Jennifer Connelly que da vida a Lucy, una exniña actriz que decide hacer un parón en su vida y acudir a un retiro espiritual laico en un resort situado en los bosques de Oregón.

Este centro de meditación está dirigido por un peculiar líder espiritual llamado Elon (Ben Whishaw). Además de sus traumas como niña prodigio, Lucy tiene que lidiar con una tormentosa relación con su hija Dylan, que trabaja como doble de acción en el país originario de la familia, Nueva Zelanda. Esta última es interpretada también por Alice Englert que, como hemos dicho, dirige el filme a partir de un guion propio. Su madre Jane Campion hace un pequeño cameo en la cinta.

En el resort Lucy trata de reencontrarse consigo misma y cerrar viejas cicatrices familiares. Mientras, su hija Dylan está rodando una película en Nueva Zelanda. Ambas experimentarán episodios violentos, sin conexión pero que propiciarán que la hija vuele a Estados Unidos para reencontrarse con su madre.

En el retiro, Lucy, con dificultades para liberar sus tensiones, llega a una agresión física contra el personaje de la modelo también «retirada», interpretada por Dasha Nekrasova, cuya conducta termina irritando hasta el límite a la protagonista. Este suceso hace que Lucy sea procesada, y su hija, convaleciente de un accidente en el rodaje, al enterarse de lo ocurrido acuda a acompañarla.

Los elementos de apoyo del guion giran en torno a los traumas intergeneracionales en el seno de la familia. Apoyándose en sus propios retiros espirituales –el primero fue durante su adolescencia–, la directora critica y satiriza este tipo de actividades, visibilizando la violencia psicológica e incluso física que se esconde en estos encuentros. A este respecto ha declarado: «Cuando la gente intenta superar historias del pasado o sanar sus traumas, siempre hay un último suspiro del ego. Y ahí, incluso en los momentos más oscuros, encuentras el humor».

En la primera parte del filme, la historia transcurre reflejando un paralelismo entre las vivencias de la madre en el retiro de Oregón y las de la hija en un rodaje cinematográfico en Nueva Zelanda. El personaje de Jennifer Connelly está mejor perfilado, de manera que, a través de los sucesivos diálogos en el retiro, vamos conociendo que la relación con sus padres fue problemática y que en su adolescencia tuvo problemas alimenticios. La representación de una pesadilla de la protagonista en formato de dibujos animados no resulta convincente.

El personaje de Dylan, la hija, tiene un desarrollo más lineal. El personaje del gurú que dirige el retiro, Elon, se va desdibujando progresivamente, hasta casi desaparecer. Le vemos fugazmente en el desenlace, que podemos considerar surrealista (o no). Y el resto de los personajes resultan casi episódicos.

En conjunto, la historia funciona solo a veces, ya que en su primera parte resulta lenta y, solo en la segunda, cuando se producen las agresiones de madre e hija, presentadas simultáneamente, aunque alejadas en el espacio, la trama parece crecer en interés.

Podría considerarse una parodia de lo que ocurre en los retiros espirituales que buscan aportar recursos de autoayuda a sus participantes.

El abogado de oficio (Karan Gill) que asume la defensa judicial de la protagonista como consecuencia de la agresión, es el apoyo que permite a madre e hija reencontrarse finalmente, aportando un toque de realidad a sus vidas, ciertamente alienadas.

Jennifer Connelly lleva a cabo su trabajo interpretativo de manera solvente. La película se beneficia de una cuidada fotografía (Mat Hengley) y en conjunto transmite la idea de que la novel directora ha estado apoyada por un equipo técnico competente.

Película, en síntesis, que podría considerarse una parodia de lo que ocurre en los retiros espirituales que buscan aportar recursos de autoayuda a sus participantes. Aunque su ritmo narrativo desigual haga que ese objetivo quede desdibujado.

La propuesta de profundizar en las motivaciones y conexiones que convergen en la vinculación especial que se genera entre una madre y una hija, genera inicialmente interés, pero los resultados que obtiene Alice Englertk son algo decepcionantes.

Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos Filmin