MAMMA MIA! (2)

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Título original: Mamma Mia!
País, año: Estados Unidos – Inglaterra – Alemania, 2008
Dirección: Phyllida Lloyd
Producción: Gary Goetzman, Tom Hanks, Benny Andersson, Björn Ulvaeus, Judy Craymer
Guión: Catherine Johnson
Fotografía: Haris Zambarloukos
Música: Björn Ulvaeus, Stig Anderson, Benny Andersson
Montaje: Lesley Walker
Intérpretes: Meryl Streep, Stellan Skarsgård, Pierce Brosnan, Colin Firth, Amanda Seyfried, Julie Walters, Christine Baranski
Duración: 108 minutos
Distribuidora: Universal
Estreno: 8 agosto 2008
Página web: http://www.mamma-mia-lapelicula.es

Apología y apoteosis de ABBA
Escribe Juan Ramón Gabriel

De igual modo que en el frontispicio de la academia platónica la leyenda "Quien no sepa geometría no entre aquí" advertía al posible discípulo de lo que se iba a encontrar, también en el cartel anunciador de la película Mamma mia! debería advertirse al incauto espectador "Quien no sea un fan incondicional de ABBA absténgase de entrar en la sala de cine"; de lo contrario será partícipe y corifeo de una apología del grupo musical sueco que tomó el relevo en el mundo de la canción al fenómeno beatle.

mamamia-1.jpgSi The Beatles constituyeron el origen del fenómeno pop a nivel musical, el grupo ABBA fue la encarnación del fenómeno kitsch en el mundo de la música en la década de los 70 y hasta su separación a principios de los 80.

Sin embargo, el paso del tiempo no sólo no ha arrumbado con su estética hortera y su dudoso gusto, sino que los ha encaramado a un altar de culto y los ha revitalizado. El cine ha jugado un papel importante en su legitimización artística, gracias a la banda sonora de la película La boda de Muriel  (P. H. Hogan, 1994), filme australiano del que surgió la actriz Toni Collete y en el cual las canciones del cuarteto sueco desempeñaban una función de subrayado en la progresión dramática del personaje principal.

De esta película australiana también se desprendía un toque kitsch sobre el que parece ser que se asentaba cierto segmento de la sociedad que retrataba.

En nuestros días, qué duda cabe que lo que ha sido un fenómeno aislado se ha generalizado y expandido hasta impregnar todo un sustrato de cultura popular que reivindica sus epifenómenos artísticos a través de una espectacularización de lo vulgar, de la conversión del simulacro “artístico” en su referencia “intelectual”, propiciando que recursos técnicos como el play back devengan en manifestaciones aceptadas y asumidas precisamente por su condición de imitaciones a través de la glorificación del karaoke y su estatus de arte: programas como Operación Triunfo y sus sucedáneos; el gusto asiático por esta práctica mimética (recuérdense algunas secuencias de Lost in translation), …

Así pues, la industria cinematográfica era el último peldaño (de momento) en la explotación del fenómeno ABBA. Actuando sobre seguro, a partir del éxito cosechado en todos los escenarios donde se ha representado y escenificado el musical Mamma mia!, se ha realizado la transposición al celuloide de tal éxito teatral, prácticamente sin variar ni una coma.

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Para que la adaptación cinematográfica siguiera cosechando la misma aceptación popular e incluso la superase, se han buscado a unos actores que sirvieran de reclamo debido a su fama y que estuvieran dispuestos a ser la etiqueta de un producto que se basaba en la posible ridiculización de su faceta actoral, puesto que lo que se les solicitaba no era que actuasen e interpretasen dramáticamente a unos personajes vacuos, sino que sirvieran como meros maniquíes de sus propias personas, es decir, de su propio horizonte de expectativas como actor consagrado en una serie de papeles que los han hecho famosos.

mamamia-2.jpgY, en cierto modo, la estrategia funciona y sustenta una historia insustancial, sentimentaloide, almibarada y previsible. El eje sobre el que se erige la película, la mamma mia del título, es Meryl Streep, que consigue aguantar el tipo y salir si no victoriosa, al menos no derrotada, airosa, en su faceta de cantante y bailarina, vistiendo durante prácticamente todo el tiempo un mono azul y unas zapatillas, desvestido su rostro de cualquier maquillaje rejuvenecedor, exhibiendo sus cincuenta y tantos años de manera digna. El resto de actrices que la acompañan cumplen con éxito también su cometido, aportando la vis cómica y la fuerza dramática y emocional del relato, pues, tal y como exigen los tiempos, las mujeres son ahora los elementos “dinámicos” (el grupo musical de juventud de la Streep se llamaba Donna y las Dinámicas).

Frente a ellas, el elenco masculino, que representa la desorientación de los cuarentones y cincuentones, cuando no el fracaso vital; objetos del deseo femenino en una inversión del clásico rol de la guerra de parejas: dubitativos, pusilánimes, pero simpáticos y de buen corazón.

mamamia-3.jpgNadie duda desde el principio que Pierce Brosnan será el que se lleve el gato al agua en la pugna por reconquistar el corazón de Donna-Meryl Streep, aunque no está tan clara su elección para desempeñar el papel: a Brosnan se le ve envarado durante todo el filme, bien por exigencias de un personaje mal construido; bien por su incomodidad ante el papel que debe desempeñar y que no se cree; bien por miedo al ridículo. Da la sensación de cierto pudor actoral.

Junto a estos personajes “adultos” y “maduros”, coetáneos de las canciones de ABBA, el contrapunto juvenil veinteañero, representado por la hija de Donna y el evento familiar de su boda; encargados de servir de coro y coreografía a sus mayores, amén de ser los nuevos candidatos para disfrutar (y consumir) las sempiternas melodías del cuarteto escandinavo.

Por supuesto, también hay espacio para la cuota gay, pues al fin y al cabo el argumento se desarrolla en una paradisíaca isla griega, lo que propicia la salida del armario de uno de los tres antiguos amores de la protagonista (pobre Colin Firth, siempre se le asigna el papel de reprimido). Además de que Dancing Queen se ha convertido en un icono musical queen.

mamamia-6.jpgSiguiendo un orden inverso al establecido por los cancioneros de base petrarquista poéticos, en los que se narraba un proceso amoroso mediante canciones, a partir de las canciones de un grupo musical se ha levantado un edificio fílmico, pues son las letras de dichas canciones las que sustentan el enclenque guión de la trama. Estos eslabones musicales constituyen el núcleo y se engarzan mediante unos pocos e insulsos diálogos. De ahí la estructura de video-clip y el tempo discotequero dominante.

Precisamente la asunción del kitsch por parte de la mirada de la  directora, la parodia de este estilo y su irónica representación e ilustración en la pantalla, convierten algo patético en un entretenimiento divertido y distanciador; en un simulacro de musical fílmico digerible para los seguidores incondicionales de ABBA y para un amplio espectro del público actual.

La coda con que finaliza la proyección, necesaria para introducir la canción Waterloo, con los principales protagonistas interpretando el tema cual ABBA redivivos, muestra la joie de vivre que ha presidido tanto como la historia, el rodaje de la misma.

¡Qué bien se lo ha debido pasar la Streep!    

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