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El falso estado del bienestar
Escribe Adolfo Bellido
Colombia, una cinematografía de la que nos llega muy poco cine (La vendedora de rosas fue una muy recomendable excepción) y de la que por lo tanto sabemos demasiado poco (hace ya muchos años se estrenaba en los cineclubs Tres historias colombianas, un caso casi único en esta cinematografía). Hoy sabemos, por ejemplo, que no hace mucho se celebró en Bogota un festival de cine y que en su programación había varias películas del país.
Paraíso Travel es la segunda película de Simon Brand, quien a los diecisiete años había realizado ya un vídeo musical. Su primera película la realizó en Los Ángeles. Se titulaba Mentes en blanco. La segunda transcurre a medias entre Colombia (concretamente en Medellín) y los Estados Unidos (en Nueva York en su mayor parte, al final en Atlanta). El filme ha recibido el primer premio en el Festival del cine latinoamericano de Los Angeles. La historia que narra trata sobre la emigración, el desarraigo, el encuentro y la pérdida. Es el largo viaje exterior e interior de un joven, Marlon, hasta que llega a encontrarse consigo mismo en la búsqueda desesperada de un esquivo y destructivo amor, Reina, y la presencia de una joven salvadora, Milagros, o al menos encauzadora de su vida.
Entre la denuncia, el documento y el tratado psicológico, el filme trata de organizar un viaje desorganizado. Primero, el de una serie de personas que quieren llegar a Estados Unidos pensado que allí encontrarán la riqueza; y segundo, el del protagonista en busca de la mujer que cree amar y a la que ha perdido. Una búsqueda que será su propia búsqueda. En ese itinerario, en el que se mezcla el ayer con el hoy como forma de enlazar y unir la historia, es donde se pasa revista a la lucha del emigrante para ser alguien en un país hostil.
Bienintencionado y hábil en la realización (incluso sabiendo sacar partido el director a su militancia videoclipera en la original resolución de algunos momentos: las escenas de amor, los momentos de la búsqueda de la chica por la ciudad, el instante en que se pierde Marlon en Nueva York); no logra, sin embargo, equilibrar la balanza entre sus diferentes núcleos narrativos, entre la existencia de unos personajes que aparecen como ángeles buenos dispuestos a ayudar a sus compatriotas como si fueran fieles samaritanos. Tampoco acierta en los tonos elegidos, que nunca se alinean de una forma conjunta y que van del naturalismo, al humor, al desaforado amour fou, a lo psicológico y a lo descriptivo.
Sobra también la insistencia en lo ya explícito, como por ejemplo, el aclarar por dónde camina la idea central, sobre todo a partir de la visita de la adivina. Algo claro desde el inicio. Un final en interrogante, rápido, sin solución, evita que la historia pueda caer hacia un lado o hacia el otro: lo feliz o lo infeliz.
Lo mejor son algunos momentos, algunas ideas (el ruido continuo de bolas de billar en la casa de los okupas) y el sentido físico de un relato que nunca va a más, quizás porque empieza en un punto alto. Bien filmada (la persecución, por ejemplo, del protagonista por la policía en la ciudad desconocida, en un Nueva York que suena a real), se deja ver bien.
Se echan cosas de menos, pero lo que hay es acertado, sobre todo su dibujo de la emigración y su trasiego inhumano (el "transporte" de los colombianos a Estados Unidos nos lleva a recordar In this world de Winterbottom).
Con sus defectos, como la no muy coherente forma de tratar de "relacionar" el pasado -viaje hacia Estados Unidos- con el presente -estancia en Nueva York-, es una película que muestra sin medias tintas la mentira de los paraísos o la falsedad de los viajes que conducen hacía engañosos paraísos.
Lo peor es que al final no se sabe muy bien lo que se busca, si la felicidad, a uno mismo, a la madre perdida…
