Perfect Days (4)

Published on:

En la sencillez se encuentra la sabiduría de la vida

La ecléctica y variada filmografía de Wim Wenders (1945), de largo aliento, se inicia en los años setenta, dentro del movimiento denominado Nuevo Cine Alemán. Lo que dio pie al surgimiento de un tipo de cinematografía diferente, alternativa, utópica incluso, cuyos miembros rompieron con la generación anterior, que había apoyado o sufrido a Hitler. Cineastas como Alexander Kluge, Werner Herzog, Rainer Werner Fassbinder, Margarethe Von Trotta, Volker Schlöndorff y Wim Wenders, entre otros, hicieron posible ese cambio.

El cine de estos autores supuso una ruptura por las temáticas abordadas, la manera de rodar y el tipo de influencias que recibieron. Una muy evidente fue la cinematografía estadounidense de los años setenta y ochenta, algo reconocido por los propios cineastas.

La amplia filmografía de Wenders, que se prolonga a lo largo de cinco décadas, contiene contribuciones tan estimables como Alicia en las ciudades (1974); En el curso del tiempo (1976); El amigo americano (1977), basada en la novela de Patricia Highsmith El juego de Ripley; Relámpago sobre el agua (1980), codirigida con Nicholas Ray; París, Texas (1984), con guion de Sam Shepard; El cielo sobre Berlín (1987),  con guion de Wim Wenders y Peter Handke; Llamando a las puertas del cielo (2005), con guion de Sam Shepard y Wim Wenders; o documentales como Tokio-Ga (1985), sobre su admirado Yasujirō Ozu; o La sal de la tierra (2014), sobre la obra del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado.

La última aportación de Wenders que nos ha llegado ahora es una coproducción japonesa y alemana. Se trata de Perfect Days (2023), elegida para representar al país nipón en los premios Oscar y que se acaba de estrenar en España.

Perfect Days muestra el día a día de un hombre bueno, enigmático y parco en palabras que trabaja limpiando los lavabos públicos del centro de Tokio. Hirayama (Kōji Yakusho) tiene organizada su vida en base a una rutina invariable. Vive en una modesta vivienda, se levanta muy temprano, se asea, riega sus plantas caseras, se desplaza al trabajo en una pequeña furgoneta donde tiene todos los utensilios de limpieza. Ejecuta su labor con una gran minuciosidad y eficacia. Al final de la jornada se asea en unos baños públicos, cena siempre en la misma casa de comidas, regresa a su hogar y lee alguna novela hasta que le vence el sueño.

El filme tiene en su origen algunas particularidades externas al ámbito cinematográfico. En él se identifica un singular proyecto arquitectónico orientado a la renovación del diseño de inodoros públicos de Tokio, en el que participaron reconocidos nombres de la arquitectura, entre ellos varios premios Pritzker. La iniciativa está vinculada a la organización de los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020; el creador y propietario del proyecto, Koji Yanai, es, además, uno de los productores del filme de Wenders.

Se trata de 16 instalaciones con soluciones modernas y creativas pero funcionales, que están localizadas en el distrito de Shibuya, en el centro de la capital japonesa. El resultado es una llamativa combinación de arte público, tecnología e higiene llamada The Tokyo Toilet.

Seguramente, los más llamativos son los inodoros con paredes transparentes diseñados por Shigeru Ban y situados en dos parques. Cuando el usuario entra, cierra la puerta y pone el seguro, las paredes se opacan. La idea es poder confirmar desde fuera si el servicio está ocupado y su estado de higiene. En torno a estos servicios públicos gira la actividad diaria del reservado y eficiente Hirayama.

Wenders nos propone en esta película un mensaje de optimismo sobre el ser humano. No es una historia de supervivencia, sino que aporta unas humildes claves que permiten ser feliz. Siempre viendo el lado bueno de las cosas. Esas claves son tan sencillas como el mantenimiento de los hábitos, la higiene personal, la austeridad, o incluso la reivindicación de lo analógico (no todo lo anterior debe ser desechado o reemplazado).

Podemos rastrear algunos aspectos del filme que pueden hacer pensar que están influidos por Yasujirō Ozu.

Las canciones asumen un papel relevante en el desarrollo de la historia y sus letras de artistas occidentales de los años sesenta y setenta como The Animals, Otis Redding, Lou Reed, Van Morrison o Nina Simone, se me antojan fundamentales para aportar el tono de la historia; grabadas en antiguas cintas de casete, que el protagonista escucha mientras se desplaza en su vehículo por la ciudad de Tokio, bellamente fotografiada por Franz Lustig.

Podemos rastrear algunos aspectos del filme que pueden hacer pensar que están influidos por Yasujirō Ozu. Las repetidas rutinas de Hirayama —nombre tomado de uno de los protagonistas de El sabor del sake (1962), la última película dirigida por Ozu— se muestran de manera hábil, cada vez de una manera distinta. De esta forma, Wenders aporta variedad y vistosidad a su, en principio, anodina historia.

El seguimiento de las acciones del día a día son uno de los elementos más identificables del director japonés. También lo es su capacidad para mostrar el paso del tiempo o la ausencia de flashbacks. Estos aspectos están presentes en Perfect Days.

Apenas se aportan referencias sobre el pasado de Hirayama, salvo por sus costumbres de respeto con la naturaleza, su interés por la higiene o su afición a leer. Esto es así hasta la escena del encuentro con su hermana. Deducimos entonces que su clase social es distinta a aquella en la que se encuentra ahora. Y que la forma de vida que lleva es una elección personal.

El protagonista obtiene de la rutina y la vida sencilla la sabiduría de la vida.

El protagonista obtiene de la rutina y la vida sencilla la sabiduría de la vida. Su rutina diaria no es intrascendente, sino todo lo contrario. Lo cotidiano es los que nos revela lo realmente importante de la vida.

La admiración de Wenders por la cultura japonesa es evidente a lo largo de toda la película, excepto la música. Eso le confiere una personalidad propia. La cámara sigue al protagonista acompañándole en la furgoneta, en bicicleta o caminando de manera natural. Sin grandes alardes técnicos. El trabajo de edición (Toni Froschhammer) es coherente con la propuesta naturalista que reciben las imágenes.

El actor Kôji Yakusho, protagonista absoluto del filme, recibió en Cannes el premio a la mejor interpretación. Su trabajo resulta fundamental para dotar de humanidad a la historia. Aporta una gran serenidad y ternura a la película.

La nominación al Oscar como mejor película internacional ha sido un reconocimiento merecido para un filme que se sitúa fuera de los cánones actuales y que nació de una invitación a Wim Wenders para crear un contenido promocional de los inodoros The Tokyo Toilet.

Escribe Juan de Pablos Pons