REVOLUTIONARY ROAD (1)

Published on:

revolutionaryroad0.jpg
Título original: Revolutionary Road
País, año: USA – Inglaterra, 2008
Dirección: Sam Mendes
Producción: Bobby Cohen, John Hart, Sam Mendes, Scott Rudin
Guión: Justin Haythe. basado en la novela Vía revolucionaria de Richard Yates
Fotografía: Roger Deakins
Música: Thomas Newman
Montaje: Tariq Anwar
Intérpretes:

Kathy Bates, Kate Winslet, Leonardo DiCaprio, Zoe Kazan, Kathryn Hahn, Michael Shannon, David Harbour

Duración: 119 minutos
Distribuidora: Paramount
Estreno: 23 enero 2009
Página web:  www.revolutionaryroadmovie.com

Escaparate sin revolución
Escribe Juan Ramón Gabriel

revolutionaryroad1.jpgAmparado en el prestigio literario del texto homónimo sobre el que se cimienta  la adaptación cinematográfica (Vía revolucionaria, de Richard Yates, editorial Alfaguara, Madrid, 2009), Sam Mendes aspira a realizar un melodrama que rezume el aroma de los clásicos del género, a la par que le ofrece a su mujer un papel de los que se consideran dignos de la “estatuilla”; la empareja, de nuevo, con el actor con el que consiguió un mayor éxito de público y taquilla; a ambos les ofrece la posibilidad de redimir su éxito juvenil con una interpretación de una historia seria y profunda, dramática, que les posibilite desplegar sus recursos interpretativos.

Pero la apuesta no obtiene premio, fracasa estrepitosamente, ofreciendo al espectador dos horas de imágenes melodramáticas, falsas y exageradas, cuando no burdamente patéticas. Dos son las causas principales que originan el naufragio del filme.

revolutionaryroad2.jpgEn primer lugar, la ranciedad de la perspectiva sobre la que se fundamenta la recreación histórica de los años cincuenta. A nivel de ambientación, vestuario, diseño de producción, tal recreación es impecable, propia de una industria que no ahorra medios materiales para escenificar con verosimilitud épocas de su pasado histórico. Sin ir más lejos, la misma perfección que logra Clint Eastwood en El intercambio con respecto a los años veinte y treinta.

Sin embargo, el anacronismo propio de toda recreación de tiempos pretéritos muestra las preocupaciones y la ideología del presente desde el que se lleva a cabo el acercamiento y la representación. En el caso de estas dos películas, la nostalgia y el tono elegíaco por un tiempo asociado a la infancia feliz del director (Eastwood) por un lado, y la mera estilización de una década que permanece en el imaginario colectivo norteamericano como una especie de “edad dorada” perdida y que hay que recuperar como sea (Mendes), malogran la aproximación al tiempo de la historia cronológica que sus respectivos filmes ilustran.

revolutionaryroad5.jpgNo es de recibo que el malestar larvado y soterrado que aflige a la sociedad opulenta de los Estados Unidos de Eisenhower, que el fermento de podredumbre moral sobre el que se asentaba un modus vivendi en apariencia idílico, en el fondo castrante y asfixiante (y que muchas películas americanas de los cincuenta ya evidenciaron en su momento), sea retratado, en pleno siglo XXI, con un enfoque más conservador e idealizante que en su propia etapa histórica.

Por supuesto que el director no debe de ser consciente de tal hecho, lo cual muestra su incapacidad para desarrollar y entender la carga de profundidad que la novela adaptada contiene. Es decir, al final se muestra una insoportable insatisfacción vital desde un punto de vista satisfecho, complaciente; su desapego con el dolor, la frustración que corroen al matrimonio protagonista, redunda en una estilización epidérmica y superficial, fría, carente de cualquier nudo emocionante; en un minimalismo de diseño ahíto de aliento vital.

El director se recrea en representar aquellas imágenes de las películas de los cincuenta que han quedado grabadas como iconos de una época: el vestuario, cuidado al detalle; los preciosos trajes de April (Kate Winslet) y de Frank (Leo DiCaprio), tan “retros” y tan actuales; las secuencias que transcurren en la oficina de Frank, en el ascensor, con sus compañeros de trabajo, en los restaurantes (El apartamento, de Wilder); esos interminables vagones de los trenes que desplazaban a los hombres desde las zonas residenciales al centro de la city ( Rock Hudson, Doris Day); se fuma y se bebe con una ansiedad exacerbada, pero ni el humo enturbia la diafanidad del diseño, ni el alcohol provoca resaca ni causa estragos en los personajes.

revolutionaryroad4.jpg

En segundo lugar, hay una desproporción dramática e interpretativa entre los protagonistas. Las escenas de matrimonio, la carcoma que en teoría destruye la felicidad de una pareja, resultan en todo momento inverosímiles: el combate entre ambos actores es un tongo, puesto que la lucha se produce entre una mujer y un pelele. DiCaprio no consigue estar a la altura de Winslet; en todas y cada una de las secuencias, desde el inicial encuentro en una fiesta-cócktel en una librería, aquél tiene la batalla perdida.

revolutionaryroad3.jpgEsta descompensación resta intensidad a los choques que se producen entre ellos: una mujer fuerte, con carácter, aunque desorientada y desnortada en una sociedad que, aparentemente, le impide desarrollarse, tiene como antagonista a un “chiquillo”, tanto física como espiritualmente. El director ha vuelto a infantilizar a un actor que había conseguido hacerse mayor gracias de Scorsese e, incluso, a Ridley Scott. Puede que sea un error del guión o que, más aviesamente, haya querido desbrozarle el camino a su mujer-protagonista, cediéndole toda la intensidad dramática del filme. No obstante, la falta de entidad del sujeto masculino resta padecimiento moral al rol femenino, haciéndola despeñarse por una ladera que la aproxima a cierto desquiciamiento psiquiátrico, lectura esta que “envejece” la construcción emancipadora del personaje, impropia de una perspectiva moderna y actual.

Qué despilfarro de recursos y que desaprovechamiento de historia. Queda claro que un buen guión es conditio sine qua non para cualquier relato fílmico, más cuando lo que se ventea es el fondo del pozo del espíritu humano, su trascendencia y el dolor que su ausencia acarrea.

Por mucho que se utilice la imagen especular como indicio de falsedad, de carencia de autenticidad (Sirk, cuántos emuladores pretenciosos tienes), previamente hay que dotar al personaje de la misma; de lo contrario lo aparatoso se enseñorea del discurso, y esto sí que es corrosivo para el resultado, decepcionante, de la película.

Por oposición a los personajes protagonistas, cabe destacar la labor de los cinco actores y sus respectivos papeles secundarios. Estos sí que son verosímiles, sí que insuflan dolor, frustración, locura, insatisfacción, mediocridad… al desarrollo dramático; éstos sí que están dotados de carne y hueso, llenan la pantalla y la traspasan. En ellos el fondo y la forma se complementan: su mera presencia rellena el vacío. El patetismo se trasluce a través de su actuación. Lástima que sólo sean secundarios. Cualquiera de ellos hubiera solidificado un filme independiente, propio. Dignamente se conforman con ser comparsas de dos juguetes rotos.

revolutionaryroad14.jpg