Sala de profesores (3)

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La historia de un fracaso

La película alemana que va a representar a su país en los premios Oscar, como mejor película internacional, nos propone una lúcida crítica sobre el funcionamiento de los centros educativos, incorporándose a una tradición del cine europeo, interesado por reflejar las problemáticas de la educación institucional. Buenos ejemplos de ello son filmes como Hoy empieza todo (1999), Los chicos del coro (2004), La ola (2008), La clase (2008) o La profesora de historia (2014).

Existe una larga tradición académica, apoyada en considerar que los centros educativos son un reflejo de la sociedad en su conjunto, reproduciendo modelos, dinámicas y también errores. Formulación que encuentra sus bases en la ciencia sociológica.

Ilker Çatak, director turco afincado en Alemania, nos presenta un estimable ejercicio cinematográfico, mostrando las claves del funcionamiento de un instituto de clase media en la Alemania actual. Para ello, toma como referencia la actuación de una entusiasta profesora novel, Carla Nowak, interpretada de manera convincente por Leonie Benesch (actriz que en el año 2009 interpretó a la niñera de los gemelos en el filme La cinta blanca, de Michael Haneke).

La historia que nos propone Sala de profesores (2023) se desarrolla prácticamente en su totalidad dentro de un centro educativo, subrayando la idea de ecosistema autosuficiente. En este espacio es donde se desenvuelve la joven profesora, de origen polaco, a cargo de una clase de alumnos de 12 y 13 años. Con una gran implicación personal, trata de llevar a la práctica sus ideales sobre cómo debe educarse a los niños y niñas desde la tolerancia, los principios democráticos, el respeto y el diálogo.

A partir de un suceso menor, ocurrido en el propio centro, la joven profesora pasará de tomar la iniciativa para encontrar soluciones a ser víctima de una situación que terminará complicándose de manera injusta para ella.

La concatenación de una serie de errores irá generando una preocupante degradación en los comportamientos de profesores, estudiantes y padres, cada vez más perniciosa; aumentando exponencialmente la trascendencia del problema. Así, irán saliendo a relucir aspectos como los prejuicios sociales, el machismo, la falta de solidaridad entre los docentes, el racismo, las fake news o la violencia psicológica. Al transcurrir en la actualidad, la narración incorpora la realidad de las redes sociales, haciéndose presentes, tanto para informar como para difamar.

La historia progresivamente va tomando la forma de un thriller, de manera que el ritmo de la narración llega a ser asfixiante en determinados momentos. Las expectativas que el inicio de la película anuncia, se van desmoronando, convirtiendo la experiencia educativa, finalmente en una pesadilla.

Cuestiones como la autoridad docente, la responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos, la credibilidad personal o el respeto a la palabra dada se van poniendo en cuestión. De esta manera, la película llega a funcionar como reflejo de una sociedad como la actual, en permanente conflicto.

El director ha optado por recurrir a un formato de pantalla de 4:3 que sirve para reafirmar una sensación claustrofóbica y de angustia, que ocupa todo el relato; la banda sonora con notas repetitivas contribuye a acrecentar la tensión.

El desenlace resulta descorazonador y deja una sensación de desasosiego a los espectadores. Volviendo a la idea de que un centro educativo es un reflejo de la sociedad en la que está inmerso, puede deducirse que los conflictos escolares y los de los adultos se resisten en bastantes ocasiones a ser resueltos de manera razonable.

La autoridad docente, la responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos, la credibilidad personal o el respeto a la palabra dada…

En las salas de cine españolas han coincidido en el tiempo dos películas que abordan el mundo de la educación institucional, pero con planteamientos opuestos. Se trata de la aquí analizada Sala de profesores y la producción norteamericana Los que se quedan (2023), dirigida por Alexander Payne. Ambas han sido nominadas en diferentes categorías para los próximos premios Oscar.

En la segunda de las películas mencionadas, se propone una visión optimista y amable sobre la profesión docente, basada en una visión humanista, con el referente del veterano profesor interpretado por Paul Giamatti. Este tiene una concepción positiva sobre la vida y recursos pedagógicos para transmitir su mensaje; aunque sea un cascarrabias y no cuide mucho su aseo personal. Un perfil que puede entroncar, en tanto que actúa como guía de sus alumnos, con los profesores protagonistas de películas como Rebelión en las aulas (1967), El club de los poetas muertos (1989) o Profesor Lazhar (2011).

Sala de profesores, se sitúa en un perfil opuesto para representar la realidad educativa. En ella se visibiliza la complejidad de la tarea docente, sus dificultades, su insuficiente reconocimiento social y la falta de apoyo, que en ocasiones proviene de los propios colegas, de las autoridades educativas o de las familias.

El sombrío desenlace no augura un futuro amable para la profesión docente. A pesar de ello, esta película debe hacernos reflexionar detenidamente sobre las cuestiones que plantea y las responsabilidades individuales y colectivas que debemos asumir ante las nuevas generaciones.

Escribe Juan de Pablos Pons | Fotos A Contracorriente films