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¿Pero qué narices es Salt?

Salt, de Phillip NoyceLos designios de las estrellas son infinitos. Los recursos de las multinacionales, también. Pero al final quienes tienen la última palabra siempre son los ejecutivos de turno, más pendientes de los gustos del público que de la coherencia de la historia narrada. Así son las superproducciones de Hollywood. Así es Salt.

¿Rocambolesco?

Puede, pero recordemos que estamos hablando de una película de espías donde todo vale.

¿Todo?

Quizá no. Pero para entender a qué nos referimos quizá lo ideal es acercarse a cualquier videoclub, alquilar la película y comprobar con estupor / curiosidad /indignación (táchese lo que no proceda) que en el menú del DVD se nos ofrecen tres versiones distintas del film: la estrenada en cines, el montaje del director y una versión ampliada.

Y eso sólo referido al título que finalmente se ha rodado, montado y estrenado, porque antes hubo otro proyecto, uno cuyo protagonista no era una exuberante espía, sino un espía, y no iba a tener los rasgos de Angelina Jolie, sino los de un tal Tom Cruise.

Entonces, ¿podemos saber realmente qué o quién es Salt?

La respuesta inicial es muy sencilla: Salt es un producto de su época. Dicho de otra forma: un ejemplo perfecto de película de productor adaptada a los gustos de hoy en día.

Una simplificación quizá excesiva que conviene revisar en toda su extensión para comprender mejor cómo funcionan los mecanismos de decisión de las grandes multinacionales hollywoodienses hoy en día. Intentemos desvelar cómo Salt llega a convertirse en un prototipo del cine de acción del siglo XXI con Angelina Jolie de protagonista… una historia, la de su génesis, tan compleja que deja en mantillas la presunta originalidad del guión.

Vayamos por partes.

El proyecto comienza a gestarse en 2007, cuando Kurt Wimmer coloca un guión de acción a la Columbia Pictures. El autor no es ningún novato en el tema, no en vano ha escrito e incluso dirigido algunos discretos productos de acción (Equilibrium y, sobre todo, Ultraviolet), aunque es más conocido por algunos remakes que ha escrito (El secreto de Thomas Crown y el futuro Desafío total), junto a adaptaciones no demasiado brillantes (Esfera, Dueños de la calle) y su título más original, Un ciudadano ejemplar.

Entonces el guión se titulaba Edwin A. Salt e iba a ser el típico blockbuster veraniego de acción: una película de gran presupuesto, con una gran estrella de cabecera y con la posibilidad de convertirse en una serie con sucesivas secuelas cada dos o tres años. De hecho, Columbia aspiraba a crear con este guión su propia franquicia de acción, tipo Mission: Impossible en la Paramount.

En Salt, Angelina nos ofrece dos caras de un mismo personaje con una sutileza que quita el hipo

En este punto entra en juego Tom Cruise, que acepta interpretar al protagonista, lo que pone en marcha la maquinaria de preproducción del blockbuster que, por su propia definición, es un proyecto lento, caro, con muchos efectos especiales y una compleja postproducción. En Columbia comienzan a soñar…

Pero, ya lo decíamos al inicio, los designios de las estrellas ―como los del Señor― son infinitos: un año después, Tom Cruise se desentiende del guión porque ha descubierto que Edwin Salt se parece demasiado al Ethan Hunt de la saga Mission: Impossible, por lo que decide embarcarse en otro proyecto que se diferencie… ¡y elige Noche y día, que acaba siendo algo así como una parodia de las aventuras de Ethan Hunt… pero con unos presuntos Sanfermines en Sevilla como escenario para algunas secuencias!

Más allá de lo discutible de su nueva elección, el cambio de película de Tom Cruise deja clara al menos una cosa: cuando aceptó rodar Edwin A. Salt buscaba un éxito inmediato en el campo del cine de acción (tras los fracasos de sus últimos filmes, incluido Leones por corderos y la entonces pendiente de estreno Valkiria), pero es evidente que no se había molestado en leer el guión de Kurt Wimmer. Un año después, con el libreto ya estudiado ―Dios mío, lo que tardan las estrellas en leer un centenar de páginas―, Cruise se pregunta para qué va a rodar una secuela de Mission: Impossible con la Columbia cuando puede filmar una secuela del original con la Paramount. Y se pone a preparar Mission: Impossible 4, todavía hoy en fase de preproducción, que será dirigida por Brad Bird, hasta ahora especializado en películas de animación (ojo al dato) para Pixar, con Los increíbles como su gran tarjeta de visita.

(Nota entre paréntesis: sobre la tendencia de las multinacionales a contratar directores cada vez más especializados en la técnica y los efectos especiales, y menos preocupados por el trabajo con los actores, nos permitimos sugerir la lectura de una reflexión que ya apareció en esta revista hace cinco años, con motivo del estreno de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, de un tal Andrew Adamson, que hasta entonces sólo había dirigido el primer Shrek.)

Va a hacer falta algo más que la CIA para detener a esta agente doble (o triple, ya no recuerdo)

Brangelina al rescate

Descartado Tom Cruise, ¿qué opciones tiene la Columbia?

Tras haber pasado un año tanteando a distintos directores (entre ellos Michael Mann, quien sin duda habría proporcionado a la película una dureza y una fisicidad de la que carece el producto final), la multinacional se enfrenta a un grave dilema: o abandona el proyecto o lo adapta para otro intérprete… pero, ¿quién puede ser Edwin A. Salt?

Y en ese preciso momento, el ejecutivo de turno tiene la genial ideal: ¿y si lo interpreta Angelina Jolie?

Sobrepuestos del amago de infarto, los componentes de la junta de ejecutivos comienzan a repasar la filmografía de la señora de Brad Pitt (¡lástima, el marido no estaba por la labor!) y descubren que las dos entregas de Lara Croft: tomb raider han cumplido con holgura en taquilla, al igual que Sr. y Sra. Smith (¡que no, que Brad Pitt no está interesado!) y aquella pequeña película del ruso de impronunciable apellido, Wanted, ya convertida en franquicia por derecho propio. Con tales avales, no cabe duda que es la nueva reina del cine de acción.

Y Angelina Jolie, que tiene una amplia prole que atender (adoptados, naturalmente… ya hemos dicho que Brad Pitt no está por la labor), acepta encantada la propuesta, sin duda porque le permite ampliar sus registros interpretativos con una historia original y tal y cual…

Y volvemos a Columbia: aquella productora que había pasado tanto tiempo tanteando directores ahora debe comenzar a tantear al honrado gremio de los guionistas. Al final, el reputado Brian Helgeland (guionista y director de títulos como Payback con Mel Gibson, y un habitual de los guiones de Tony Scott y Paul Greengrass) acepta hacerle la vasectomía al viejo Edwin Salt y acaba transformándolo en la nueva Evelyn Salt.

El reputado no figura en los créditos del film, ni falta que hace: la participación de negros guionistas anónimos ―doctores de guiones los llaman los eufemistas― es una práctica muy habitual en Hollywood… tanto que a veces se cobra más por curar el guión enfermo que por fabricar uno nuevo en perfecto estado de salud.

Definitivamente los recursos de las multinacionales también son infinitos, por lo que entre marzo y junio de 2009 se desarrolla el rodaje sin mayores contratiempos.

Tom Cruise abandonó Salt para no rodar este tipo de escenas... y se fue a Noche y día para rodar ¡¡las mismas escenas!!

Ante todo, mucha calma

Bueno, sí, un pequeño detalle casi sin importancia: antes han tenido que contratar a un director para que se ocupe del tema. Con tantos problemas y atrasos, los ejecutivos de Columbia no están por la labor de trabajar con un individuo con ínfulas de autor ―adiós a Michael Mann y su trabajo físico―, y se busca a alguien aplicado en el movimiento de la cámara, pero dócil con los ejecutivos.

El elegido es Phillip Noyce, aquel australiano que se dio a conocer en medio mundo al haber fusilado un antiguo proyecto de Orson Welles ―rodar una película completa en un barco― para convertirlo en Calma total, uno de esos títulos que apuntaba a obra maestra y se quedó en peliculita de sobremesa ―excepto la violación de una primeriza Nicole Kidman, eso no sería adecuado para los tiernos retoños―, con una trama harto previsible.

Conocido por sus concesiones a los productores en títulos como Juego de patriotas (probablemente también a Harrison Ford, que entonces no estaba en horas bajas) y por los continuos cambios en la versión final de Sliver/Acosada (lo que hizo jurar a Sharon Stone que jamás volvería a trabajar con un tipo con tan poca personalidad… y de momento lo ha cumplido), el responsable de la insoportable El santo contaba además con una baza a su favor para ser el elegido: ya había dirigido a una primeriza Angelina Jolie en El coleccionista de huesos, diez años antes.

Cumplido el trámite del rodaje de la primera unidad, es la hora de los especialistas y los chicos de los efectos especiales. Paralelamente, se encomienda la tarea de poner orden en el caos rodado a otro veterano mítico: Stuart Baird, que no sólo es un maestro en encajar las escenas de acción (como avalan La profecía, Superman, Atmósfera cero, Arma letal o Casino Royale), sino que también ha probado en el campo de la dirección con títulos como Decisión crítica y US Marshals.

(Nota entre paréntesis: ¿hemos hablado ya de la gran cantidad de técnicos que en los últimos años acceden al campo de la dirección porque se les supone poco conflictivos con los ejecutivos? Si no lo han leído ya, aprovechen ahora para echar un vistazo a la reflexión incluida en el primer episodio de Las crónicas de Narnia.)

Salt, una mujer de armas tomar

Y entonces llega la hora de la verdad: los ejecutivos no se deciden por la versión a estrenar en cines, por lo que someten la película a sucesivos preestrenos, mientras Phillip Noyce se afana en rodar finales alternativos y distintas formas de ajustar las cuentas a los malos de turno que, como en los viejos tiempos, vuelen a ser los pérfidos rusos.

Al final, como era de prever, los ejecutivos optan por la versión más mascadita para el público de estas superproducciones: para evitar dos clímax consecutivos, Salt se carga al jefe de los rusos malos media hora antes del final de la función, para concentrarse en los últimos minutos en los tres grandes objetivos que debe cumplir: salvar al presidente de los Estados Unidos; evitar una guerra mundial por el lanzamiento de misiles norteamericanos contra la Meca y Teherán; y, de paso, aún estando detenida, matar al nuevo malo sorpresa ―el giro final ya es obligado en este tipo de cine―, gracias a unas esposas unidas por una cadena bastante más larga de lo habitual o no habría justa venganza final.

¿Resultado?

La generosa taquilla confirma que Columbia Pictures ya tiene su propia franquicia y se rumorea que está a la búsqueda de un libreto “original” para una segunda entrega (la participación de Angelina Jolie dependerá de las nuevas bocas que tenga que alimentar dentro de un par de años). Pero ni siquiera con el éxito en cines acaba la voracidad de los ejecutivos, que se las ingenian para encontrar nuevas fórmulas con que sacar jugo a su criatura.

Así que no esperan ni a las secuelas ni a las ediciones especiales en Blu-ray. Y el lumbreras de turno (que seguramente tiene los ojos rasgados, porque la Columbia hace años que pertenece a los nipones de Sony) vuelve a tener la genial idea: deciden ofrecer un DVD que no sólo incluye la versión vista en cines y el imprescindible director’s cut (como si Phillip Noyce tuviera criterio para decidir cuál es su versión), sino que además incluyen una “versión ampliada” que seguramente es obra de los propios ejecutivos, ya que mezcla la matanza de rusos media hora antes del final y la fuga final in extremis de Salt desde un helicóptero en marcha, con algún plano de la presunta versión del director. Es decir, la tercera versión ofrece un poco de cada… para todos los públicos, vamos.

En conclusión: Salt es el perfecto ejemplo de la época que nos ha tocado vivir, con las indecisiones y el “todo vale” de los ejecutivos de las majors norteamericanas y, al final, es el público el que decide qué se estrena, una decisión de “la mayoría” oscura que, como es lógico, sirve para contentar a la mayoría gris con un producto a juego con su destinatario.

Pero hay un nuevo problema…

¿Alguien nota alguna similitud con el Javier Bardem de No es país para viejos?

No hay salida

Y es que el público no tiene memoria. Si la tuviera recordaría que la historia de Salt ni siquiera es original.

Hace casi cuarenta años, en plena guerra fría y con la crisis de Cuba en los informativos de actualidad, John Frankenheimer rodó un thriller político en el que se planteaba la posibilidad de que los rusos infiltraran “agentes dormidos” en las altas esferas del gobierno de los Estados Unidos. Unos agentes que reaccionarían en un momento dado a una clave y se activarían para cumplir su misión, aunque fuera muchos años después. Hablamos de El mensajero del miedo (The Manchurian candidate), uno de los grandes éxitos de su director y también de un Frank Sinatra en el cenit de su carrera, que era quien manejaba los hilos de la producción en la sombra.

La trama, saqueada sin ningún rubor (y sin pagar) por el “original” guión de Salt, podría haber caído en el olvido y el plagio perpetrado por Kurt Wimmer igual pasaba desapercibido… excepto por dos pequeños detalles.

Primero: mediada la década de los setenta, un Donald Siegel en horas bajas fusiló la idea en un film de acción con un Charles Bronson también en horas bajas (y que ya comenzaba a teñirse las canas para sus filmes del justiciero fascistoide de turno). El resultado fue un título hoy casi olvidado, Teléfono, que este cronista recuerda como un estimable thriller de acción y que quizá habría que revisar hoy para ver qué tal se conserva. Un thriller cuya única novedad era puntualizar que la activación de los “agentes dormidos” se realizaba a través de unas palabras clave pronunciadas, cómo no, a través de una llamada telefónica.

Y segundo: a comienzos de este siglo, un tal Jonathan Demme en horas bajas confirmó que, efectivamente, era hombre de una única gran película y ésta ya había sido El silencio de los corderos. Su remake oficial de The Manchurian candidate (titulado aquí La verdad sobre Charlie) contaba con la estimable aportación de Denzel Washington y una única novedad: Manchurian era aquí una corporación multinacional empeñada en dominar el mundo y, de paso, ocuparse de la presidencia de los Estados Unidos personalmente. Muy poco bagaje comparado con el título original de Frankenheimer.

Liev Schreiber también pasea su rostro por el film... ¿por qué andará siempre tan serio? ¿Ocultará algo?

Con estos precedentes, la trama urdida por Kurt Wimmer para Salt puede considerarse cualquier cosa menos original. Y más si tenemos en cuenta que no es la única fuente de inspiración.

¿Recuerdan la película que lanzó al éxito al australiano Roger Donaldson en Hollywood, junto al protagonista de ese título, un tal Kevin Costner? Hablamos de No hay salida (No way out), uno de los grandes éxitos de taquilla de 1987. En esencia era la historia de un oficial de la Marina estadounidense (aunque podría haber sido de la CIA o el FBI, como Salt) que es acusado falsamente de un asesinato del que se insinúa (falsamente) que ha sido cometido por un famoso “espía dormido” ruso del que se insinúa que es una leyenda urbana, que no existe. La carrera contrarreloj para demostrar su inocencia (lo mismito que Salt) tiene como hora límite el revelado de una foto donde se ve al (falso) asesino, que no es otro que el bueno de Kevin Costner. Finalmente llega a tiempo, salva al mundo (como Salt) y, ya en el imprescindible giro final descubrimos, efectivamente, que el bueno de Kevin es ese “inexistente” espía ruso dormido… Vamos, como el mismísimo Mister Kaplan en Con la muerte en los talones.

Original ¿verdad?

Pues no. Tampoco. La película de 1987 es un remake de El reloj asesino (The big clock), un título que, a su vez, lo han adivinado… era una adaptación de una novela del mismo título de un tal Kenneth Fearing, publicada en 1947.

En definitiva: ¿dónde está la originalidad?

En el caso de Salt, su única aportación novedosa es trasladar el clímax al octavo sótano bajo la Casa Blanca, donde el presidente de los Estados Unidos y su séquito de asesores se encierran para salvar el mundo (bueno, de momento salvarse ellos mismos). Y allí son aniquilados por el espía dormido de turno que no es otro que… bueno, eso lo dejamos que lo descubráis vosotros. Total, al final ya sabéis que viene la buena de Evelyn Salt y acaba con él.

Phillip Noyce dirigiendo a Angelina Jolie en Salt

Ah, pero ese clímax contiene uno de los “hallazgos” de guión más lamentables del último cine americano: en esa sala donde se decide el fin del mundo hay encendida una televisión (esas casualidades) donde casualmente se informa en directo que el presidente ruso no ha fallecido, todo fue una trampa hábilmente urdida por alguien que (casualidades de la vida) es un experto en venenos raros de serpientes… lo mismito que el novio asesinado de Evelyn Salt. Ergo, el malo ya sabe (casualmente) que Salt es una agente doble, o triple, o quizá es un travesti disfrazado de agente de la CIA, aunque en varios flashbacks hemos visto que de pequeña era hembra y rusa.

Inenarrable.

Lo dicho: una mezcla sin sentido, que fusila sin piedad (y sin pagar) ideas de otros, con una serie de concesiones a la galería absolutamente injustificables. Un puzzle difícil de digerir en el que, como siempre, se salvan los especialistas, las escenas de acción y el buen nivel técnico en general. Algo que es lo menos que se puede pedir a un producto tan caro como inútil.

Los brillantes ejecutivos de las multinacionales del cine deberían aprender a meterse sus grandes ideas en el único sitio donde hoy por hoy deben caberles. Y dejar el cine para los cineastas de verdad.

Atentamente…

Escribe Mister Kaplan

 Título  Salt
 Título original  Salt
 Director  Phillip Noyce
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  101 minutos
 Guión  Kurt Wimmer
 Fotografía  Robert Elswit
 Distribución  Sony Pictures Releasing de España
 Intérpretes  Angelina Jolie, Liev Schreiber, Chiwetel Ejiofor, Daniel Olbrychski, August Diehl, Hunt Block
 Fecha estreno  20/08/2010
 Página web  http://www.sonypictures.com.mx/Sony/HotSites/Mx/agentesalt/