To the wonder (2)

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Amor de azucarillo 

to-the-wonder-1Recientemente Michael Haneke nos obsequió con una radiografía del amor en la que quedaban a la vista todas sus vísceras, sus tendones, sus huesos. Pero no por ello resultaba degradado. Más bien al contrario. Al desvelar su esqueleto se hacía humano, se comprometía con la realidad, y de ese modo obtenía el sostén con el que explicarse su persistencia.

En To the wonder, Terrence Malick también nos habla del amor, pero su perspectiva es completamente distinta. También lo es su estilo. Lo humano existe, pero como un reflejo imperfecto de lo divino, el amor de Dios, el amor en su máxima expresión. Y el estilo cambia la crudeza por la idealización, se hace vaporoso, etéreo.

La estructura de la película responde a una doble división. Por una parte la que se establece entre el amor de los hombres, que necesita ser alimentado constantemente para que perdure, y en consecuencia puede resultar efímero, y el amor de Dios, inagotable, eterno. Y por otra, ya en el ámbito de lo humano, la escisión, dolorosa, entre el amor y el desamor.

En la primera dicotomía no hay duda de cuál es la apuesta del director. El amor de los hombres, por su misma naturaleza, es imperfecto, no acaba de conseguir nunca la plenitud anhelada. En cambio su modelo representa la perfección que a aquél le falta. Y lo hace porque se sustrae a la lógica del intercambio, no espera respuesta para darse, ama infinitamente.

De esta insuficiencia del amor humano emerge la escisión entre el amor y el desamor, un desamor ausente, por su propia naturaleza incompleta, en el ámbito superior. Y cuando desciende a él, a su realidad, Malick nos cuenta el tránsito, el dolor, la finitud. Una mirada desencantada y, si así pudiera calificarse el estilo edulcorado del que se sirve, ácida hacia lo mundano.

Es una apuesta. Un tanto esquemática, es cierto, pero eso no es lo decisivo. Se podría construir con estos materiales una película interesante, pero no es el caso. Y no lo es porque Malick ha comenzado a mirarse el ombligo de un modo preocupante. En su anterior película, El árbol de la vida, conseguía transmitir una atmósfera adecuada a esa historia también religiosa que nos contaba, pero ahora parece haber degradado su modo de narrar hasta convertirlo en una caricatura de sí mismo. A fuerza de despojarse de lo superfluo ha caído en lo paródico. Su renuncia casi completa al argumento, su atención a las emociones, consigue lo contrario de lo que parece pretender, que la emoción desaparezca a los pocos minutos, cuando la sorpresa degenera en repetición.

El trazo impresionista con el que quiere articular su cine tiene unos  límites que Malick no acaba de reconocer, quizá demasiado seguro de sus fuerzas. No hay material para tantas impresiones. O para mantenerlas tan prolongadamente.

Y como consecuencia el resultado a duras penas supera la simpleza. Amar parece ser lo mismo que flotar, ese estado ingrávido al que es llevada la protagonista en el éxtasis de su enamoramiento. Cabe suponer que tales alardes acrobáticos obedecen al ansia por alcanzar esa naturaleza celestial que marca la plenitud amorosa, si bien la insistencia en subrayarlo elimina todo poder de sugerencia para caer en la más trivial monotonía.

Además el amor, cuando no es sincero y profundo, se limita a una dimensión física que resulta incompleta y, por serlo, perjudicial, destructiva. Hay que amar con el alma, no sólo con el cuerpo, pues es el alma quien nos eleva a la espiritualidad en la que radica su verdadera esencia.

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De este modo el director establece un nexo entre el verdadero amor y la naturaleza salvaje, inmaculada, representada la mayoría de las veces por el agua cristalina (y por los niños que pueblan la película, paradigma de la inocencia y fruto de un amor que, aunque físico, no concluye en lo físico). Cuando el hombre irrumpe en esa naturaleza lo hace para transformarla, lo que equivale a mancillarla. Y es ahí donde aparecen las canteras, las construcciones, la tecnología, y con todo ello la contaminación, el trasunto del desamor.

En cierto modo Malick está reproduciendo la caída del pecado original, el abandono del paraíso por el ansia de conocimiento y del correspondiente  dominio por parte del ser humano. En ese paraíso se vivía en las proximidades de Dios, y por lo tanto el amor humano se conectaba con el amor divino, pero cuando el hombre decide independizarse, dar rienda suelta su soberbia, el reflejo se diluye y su pasión cristalina se arruina.

Para expresar el desamor Malick ha echado mano de un aliado que le presta un magnífico servicio, aunque habría que decir que a su pesar. Se trata de Ben Affleck, cuya incapacidad para expresar nada viene pintiparada para este tipo incapaz de amar. Hasta su pesadez física sirve de contrapunto a la levedad (reiterada y machacona) de la protagonista. El problema viene cuando Affleck tiene que interpretar otros papeles o generar algún matiz. En ese momento pasa de ser de aliado a enemigo del director.

Algo parecido habría que decir del personaje interpretado por Javier Bardem, un sacerdote en crisis de fe. Cuentan que Malick da muy pocas instrucciones a los actores a la hora de elaborar su papel, y no cabe duda de que en este caso se nota. La perplejidad de Bardem más que con sus dudas teológicas parece tener que ver con el absurdo que le está tocando representar. Tampoco el responsable del casting ha estado ahí muy acertado.

Ahora que Malick ha caído, eso cuentan, en una vorágine creadora que contrasta con su anterior parquedad, su lenguaje se sumerge en una espiral de la que no es fácil escapar, a no ser que se opte por un giro estilístico radical. Y visto lo contento que parece estar de sí mismo no lo vemos probable.

Escribe Marcial Moreno

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Título To the wonder
Título original To the wonder
Director Terrence Malick
País y año Estados Unidos, 2012
Duración 113 minutos
Guión Terrence Malick
Fotografía Emmanuel Lubezki
Música Hanan Townshend
Distribución Vértigo Films
Intérpretes Ben Affleck (Neil), Olga Kurylenko (Marina), Rachel McAdams (Jane), Javier Bardem (padre Quintana)
Fecha estreno 12/04/2013
Página web http://www.tothewonder.es/