Vida y muerte en un almacén (2)

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No podemos mirar para otro lado: película que deja mal cuerpo

vida-y-muerte-en-un-almacen-0Película muy interesante gracias a la dirección de Aysha Rafaele y Joseph Bullman, y a un guion muy bien trabado de Helen Black y el propio Bullman. Tiene la duración adecuada y las actuaciones de Aimee-Ffion Edwards, Poppy Lee Friar, Craig Parkinson, Aled ap Steffan, Darren Evans y Sion Danien Young, entre otros, son bastante buenas. Además, su desarrollo es ágil y entretenido.

Es película para la televisión y, a mi modo de ver, es una cinta imprescindible, una denuncia cabal contra todas esas empresas de ventas por Internet tipo Amazon, y tantas más que andan por ahí y que me alegra no conocer.

Filme que apuesta por el formato <falso documental que introduce la cámara en los eternos pasillos de paquetes de estas empresas y nos acerca a esos siervos del comercio on line, a dramas y situaciones sin duda reales, obligados a una eficiencia fatal para su vida psicológica y física.

Explotación de las muy duras. Trabajadores con número y vigilancia continua hasta del tiempo que tardan en ir al baño, que es tiempo perdido para la empresa, todo lo cual hace que parezcan más reclusos de un presidio o de un campo de concentración que trabajadores con derechos.

Los derechos son prácticamente cero, no está bien vista la sindicación, las bajas por enfermedad son improbables, charlar con un compañero en esos kilométricos pasillos de bultos donde la soledad y el cansancio campan está prohibido porque afecta a la colecta de paquetes. Los trabajadores, para que no fiscalicen el tiempo en ir al baño van provistos de recipientes para orinar durante el tiempo de trabajo: ¡no hay un minuto que perder! Pues, además, para colmo, los lavabos están muy lejos.

La trama es sencilla y a la vez escandalosamente cruel. Una joven, Megan, una jefecilla de almacén con el coco bien comido por las consignas de la empresa que pretende alzaprimar los resultados por encima de todo, presiona a una colega y antigua amiga, una chica embarazada, para que aumente su tasa de recogida de paquetes, lo que deriva en consecuencias muy malas para ella y para la criatura que lleva en su vientre.

Lo peor es que está basada en hechos reales. En estas empresas hay que aumentar la tasa de recogida de paquetes por jornada, hasta 125 mínimo, y los jefes hacen una presión inmisericorde para conseguir los objetivos.

Esto puede recordar a George Orwell y la eterna vigilancia del Gran Hermano o a Huxley encarnado en los empleados alfa o beta, dependiendo del color de su chaleco y de su fanatismo por la empresa y por los objetivos a cumplir. Los que mandan, que a su vez son mandados y, sobre todo, la mano de obra esclava que, en condiciones insalubres y riesgosas para la salud, debe colocar paquetería en sus carros de trabajo para que el comprador reciba, en un tiempo récord como sabemos, la jodida porquería que haya comprado.

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Una radiografía de lo que es trabajar en estos almacenes, lo cual se extiende también a los repartidores y trabajadores alienados y sin respiro, en un trabajo rutinario y estúpido, para meramente sobrevivir y poder pagar el alquiler de una modesta vivienda y la energía eléctrica cuyo consumo habrán de controlar mucho, pues el exiguo salario no les alcanza.

La película deja mal cuerpo, peor, te deja fatal. Porque lo que vemos son hechos ciertos que no queremos ver, pero que sabemos que es así.

Personalmente, por un problema con Amazon que ahora no es del caso, y aunque no era yo un gran comprador on line ni mucho menos, decidí hacer algo que me encanta y que propongo a todo el que vea es cinta: comprar en las tiendas de barrio. Todo cuanto necesitamos está a unos metros de casa y un dependiente, él o ella, nos atiende amablemente, rostro humano, nos aconseja y nos lo agradece. El precio, prácticamente el mismo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz