¿Y qué tendrá que ver el amor? (3)

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Cómo encontrar el amor exitosamente

y-que-tendra-que-ver-el-amor-0Agradable película que aborda las formas de encontrar un amor duradero en los tiempos que corren. Zoe es una directora de documentales, con fobia al compromiso, y muy aficionada a las aplicaciones de citas por Internet. Pero sus búsquedas sólo le han proporcionado un largo listado de hombres bastante imperfectos y escasamente fiables, para su tribulación y la de su extravagante madre Cath, una mujer tan enérgica como cómica.

Su amigo de la infancia y vecino de toda la vida, Kaz, va a seguir el ejemplo de sus padres y ha decidido optar por un «matrimonio asistido» (de conveniencia), tras consultar a un asesor matrimonial musulmán y especializado (muy bien Asim Chaudhry), buscando entre su extenso listado de pretendientes encuentra una brillante y hermosa novia musulmana y de Pakistán.

Zoe, con un currículo en documentales a sus espaldas y apoyada por su productora, enterada de lo que va a hacer su vecino y antiguo amigo, decide a filmar el viaje de Kaz desde Londres a Lahore (Pakistán), un viaje cargado de esperanza para él, tras el cual va a casarse con una desconocida esposa, elegida con la anuencia de sus padres y abuela (importante la presencia de jerarquías según la edad).

Nuestra protagonista empieza a preguntarse si no tendría ella algo que aprender de un enfoque tan diferente al suyo para encontrar el amor. En cualquier caso, Zoe transmite una dolorosa vulnerabilidad como mujer joven, que usa su cámara como especie de amortiguador entre los hombres y sus propias e inherentes inseguridades.

Cuando Zoe decide hacer la película sobre su vecino y su presumible novia paquistaní, la cosa deviene comedia espumosa que, si bien no es la primera en explotar la cultura anglo-asiática, lo curioso es que la temática viene a chocar en el paisaje romántico y navega contra los huracanes religiosos y culturales.

Hay abundancia de observaciones mordaces sobre los prejuicios más o menos larvados, el racismo, los cambios de paradigma y el cínico emplaste en la puesta en marcha del emparejamiento, y aunque tal vez no sea el examen culturalmente más sensible (ni positivo) del matrimonio arreglado, incluso es sarcástico y crudo, es no obstante una película encantadora y divertida que aprovecha mucho la química entre sus dos estrellas principales para salir airosa. Ello con el apoyo de una Emma Thompson explosiva, intensa y alocada que da el do de pecho y vivifica y anima a la concurrencia.

Aparentemente introvertida, la joven novia que le presentaron a Kaz apenas una semana antes por Skype es una belleza oriental, en apariencia dócil y buena, pero que, como se verá, guarda alguna carta en la manga que no desvelo. En fin, que Zoe viaja cámara a cuestas, para las festividades de la boda, graba lo que se le pone por delante, enfocando hasta el mínimo detalle del festejo, entrevistando al novio, a la novia y al que se le canta, e irá descubriendo reveladoras verdades en el proceso, algunas de las cuales le sorprenden y la llenan de ansiedad, pues ella, claro, en lo más oculto de su ser y de su corazón, ama a Kaz.

La situación que traza el filme en esquema, así como en relación con los personajes es así: la chica es genuinamente inglesa, artista, dispersa en lo amoroso, insegura y ávida por asegurarse un hijo en la vida, aunque no sepa con quién o cómo (reproducción asistida o etc.). El joven es british pero de origen pakistaní, vinculado a los usos y costumbres de su familia y que, ya médico y ocupando una posición social, seguirá los designios del clan para buscar mujer.

 Ambos son vecinos de siempre, por lo cual ella, por razones diversas entre las que están sus propios e inconfesables intereses, le pide a él hacer un documental sobre el matrimonio que acaba de concertar con la joven pakistaní.

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Quizá cabe decir que hay algo más de gracia en la familia pakistaní que en la británica: padre, madre, abuela y la joven y bonita novia (Nokkita Chadha, muchacha atractiva, pero con poco recorrido en el plano interpretativo), que le ponen un color y un sabor a especia exótica a la cinta, a la vez que plantea las preguntas sobre las razones en pro y en contra del «negocio» de contraer matrimonio por recomendación o imperativo paterno.

Afirma Vidal, y no le falta razón, que esta cinta está hecha en homenaje a Cuando Harry encontró a Sally (1989), la conocida obra de Rob Reiner escrita por Nora Ephron. De hecho, este filme podría llamarse cuando Cuando Kaz encontró a Zoe.

Entre realización y guion, ya puestos a sacar punta, tenemos una historia entre una mujer joven y un director indio/pakistaní de 77 años, que además es actor y tiene una carrera como realizador irregular y un tanto errática. Tenemos en la dirección a Shekhar Kapur, que inició su carrera en Bollywood e incluso dirigió Elizabeth, ganadora de un Oscar; y tenemos un guion firmado por Jemima Khan que sigue fielmente el esquema clásico de comedia romántica, pero que sabe hacer emerger la obra y levantarla cuando parece perder fuelle, merced a elementos críticos, también gozosos y placenteros, dentro de un libreto muy bien hilado y ocurrente.

Ella es una productora de cine y televisión, y periodista británica, que escribe aquí su primer largometraje, sin duda tomando parte de sus vivencias personales. Jemima estuvo casada con un político pakistaní, se convirtió al islam y vive actualmente en Lahoré (donde curiosamente sucede parte de la acción); allí aprendió a hablar urdu y también usó ropa tradicional pakistaní.

De todo ello se deduce que la historia, sus detalles, desde los más gruesos hasta los más menudos, tienen la huella y la influencia de esta escritora que, sin duda, sabe de lo que habla, conoce el paño. Además, la película hace mucho y meritoriamente para no caer precipitadamente en lo previsible del relato.

Acompaña una bonita música de Nitin Sawhney y una fotografía esplendente: vibrante filmación llena de luz y mérito de Remi Adefarasin, que se luce. Magnífica puesta en escena y vestuario.

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A propósito, me han gustado especialmente ciertas coreografías al modo Bollywood de la boda, con bailarinas y danzas muy bien acompasadas, con un bonito colorido de vestimentas exóticas, un espectáculo muy conseguido y sinuoso.

Destaco igualmente la música sufí (los sufí son la rama mística del islam); estas escenas de unos cánticos sentidos, a veces desgarradores y muy bellos, me ha recordado al flamenco, cuyo sentimiento y profundidad hablan del amor y la pasión con singular credibilidad en momentos de la película en que la cosa viene muy a cuento.

Kapur y Khan han hecho todo lo posible para señalar las virtudes del matrimonio asistido y las deficiencias del matrimonio romántico occidental (la disparidad en las tasas de divorcio es sorprendente), pero esa sensibilidad cultural se ve socavada a lo largo del filme por la tendencia a un romance entre los dos personajes de la obra y cierta evidencia de que finalmente, lo que vale es el amor, o sea que «el amor sí tiene que ver» (aludiendo al título).

El problema de la historia es que los jóvenes protagonistas se conocen desde siempre, y se da a entender que su romance preconsciente y potencial ha tenido una historia de amistad en la infancia, los primeros besos incómodos y muchas miradas insinuantes. O sea, una trayectoria romántica que se «negaba» pero que estaba ahí, queriendo aflorar, lo que finalmente ocurre.

Cuenta con la elección de Lily James como su protagonista femenina, una bonita actriz de hoyuelos, con singular capacidad para requerir mimos y abrazos, una muchacha dulce y bonita que propaga magistralmente su encanto. A su lado está un eficaz Shazad Latif, un joven moderno y tradicional a la vez, que la secunda bien y con la cual sintoniza plenamente. Lily y Shazad tienen una química natural juntos en la pantalla, y hacen sólidas actuaciones ambos.

Y la madre de ella es nada menos que una Emma Thompson mordazmente divertida que, aunque sobreactúa un tanto, su cara ya es garantía de éxito; hace un trabajo notable al mantener las cosas ligeras y divertidas en momentos en los que probablemente no debería ser así, o sea, que provoca la risa.

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Shabana Azmi actúa como contraste de la Thompson, maravillosa como la madre de Kaz, como consuegra, serena y cálida en su mayor parte, pero severa cuando es necesario. Mientras, el comediante Asim Chaudhry tiene un cameo interesante como casamentero. Acompañando Taj Atwal, Jeff Mirza y Haqui Ali, entre otros.

Estamos ante una comedia simpática, comedia blanca que se ve venir pero que tiene su ángel, sobre la diversidad cultural en la comunidad pakistaní en Londres, y esa costumbre secular de los matrimonios concertados, que podrían entenderse como una alternativa-solución a los matrimonios occidentales que andan un tanto inciertos y desconcertados.

Sin embargo, se subraya que en este tipo de conciertos hay mucha hipocresía y no se dice todo lo que hay. De igual manera, se da, por parte de los novios, cierto sentimiento de obligatoriedad y de obediencia a los padres, que suelen ser los que «controlan» los tratos.

Así, aunque ha habido comedias románticas anteriores basadas en matrimonios de conveniencia dictados por la familia versus el poder de la atracción o del amor romántico, pocas han logrado equilibrar de manera tan satisfactoria la risa divertida con el anhelo sentimental, el sentido de pertenencia y los ángulos oscuros que conllevan.

En suma, película agradable que bordea un tema delicado con algunos movimientos hábiles, una dirección competente y un reparto y fotografía excelentes.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Imágenes Tripictures