Editorial mayo 2023

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Que veinticinco años no es nada

El Paraninfo de la Universidad Laboral de Cheste
Paraninfo de la Universidad Laboral de Cheste

Corría el año 1998 cuando la revista de cine Encadenados, antaño boletín del Cineclub de la Universidad laboral de Cheste –impresa en papel desde sus orígenes–, saltó a las redes como una de las pioneras de la información sobre cine en Internet.

Se cumplen ahora veinticinco años de aquel salto, y lo conmemoramos con uno nuevo a otra plataforma más dinámica, más capaz. El crecimiento en visitas y lectores únicos ha sido sostenido a lo largo de todos estos años, y el viejo formato ya no daba más de sí.

Muchas cosas han cambiado, y otras no: algunos seguimos la estela de aquel viejo cine club del que fuimos alumnos, siempre de la mano de Adolfo Bellido y su factotum, Sabín. Otros han ido uniéndose por el camino, en esta especie de road movie coral que tiene como único destino el disfrute de la cinematografía.

En este sentido, nuestro director emérito nos sorprendió hace poco con el rescate de los archivos televisivos de un documental excepcional, La vida cinematográfica en Cheste, producido por RTVE y accesible online, en el que se da cuenta de los inicios del mencionado cine club y del programa educativo que le iba aparejado.

Quienes tengan el interés de visionarlo, descubrirán a un Adolfo Bellido insultantemente joven, y como siempre, apasionado por la cinematografía; pero sobre todo podrán admirarse del interés y la capacidad de un alumnado que apenas se entretenía con otra pantalla que no fuera la del gran Paraninfo de la Universidad Laboral. Los tiempos eran más sosegados, más lento el proceso de enseñanza y aprendizaje… pero quizá también por ello este último resultaba muchísimo más profundo y fructífero.

Hay quien, sin embargo, se ha sorprendido desagradablemente porque en el documental todo eran chicos. Tiene sus motivos para la indignación, sin duda, pero el calado de tal indignación debe ser el mismo que el de quien se enfada por los jerséis de cuello alto o por los pantalones de campana o porque los profesores ¡fumen! en las aulas sin azoramiento o remilgo: el de quejarse de un pasado ya incorregible por lo remoto.

Todo esto era signo de unos tiempos que ya han sido superados: los de la segregación por sexo –las universidades laborales no eran una excepción, y mientras que Cheste era masculina, Zaragoza era femenina–, los de alumnado interno residente, los del profesorado implicado hasta la médula y exento de toda exigencia pedagógica que no fuera el acompañamiento, la tutorización y educación pura, los del análisis minucioso del cine de autor, los de la libertad académica dentro de los muros brutalistas de Moreno Barberá frente al aire viciado de fuera, en la prisión social del tardofranquismo.

Sin duda, tanto Cheste como nuestro país han sufrido cambios radicales. Algunos han sido para bien, y otros no tanto. Nos congratulamos, simplemente, de que allí se nos diera la oportunidad de nacer y crecer, para llegar hasta donde estamos hoy, en esta nueva plataforma.

Así cantó Zaratustra        

Pero para cambios radicales, desde luego, los políticos. Hace apenas dos días nos acostamos con un vuelco electoral que tiene resonancias de eterno retorno: retorno al bipartidismo, a la polarización, a la hermenéutica sociológica sobre si ha habido voto de castigo o con la nariz tapada… en una palabra, a la convulsión constante que conduce al desánimo y al desafecto por la política.

No es este lugar para valorar los resultados, ni muchísimo menos; pero cabría preguntarse si lo que se ha ponderado en cada caso es la gestión de munícipes y presidentes autonómicos o simplemente se ha considerado que su trasero es el mejor lugar para atizarle una buena patada a la Jefatura de Gobierno y sus socios. Si esto es así no cabe culpar a la ciudadanía, que puede votar con la cabeza, las entrañas o lo que mejor le parezca mientras tenga el inalienable derecho a hacerlo… sino a quienes se empeñan en encabronarla o a plantear plebiscitos y adhesiones maniqueas y acríticas.

No responsabilicemos en exclusiva a los políticos tampoco: suele decirse que cada país tiene la clase política que se merece, y que esta no es sino un reflejo de la sociedad a la que representa. Si me lo permiten, yo voy a enmendar el adagio: en realidad los políticos son la imagen y semejanza de lo que ellos creen que la ciudadanía representa… pero si aciertan o no, los resultados cantan, como en Eurovisión.

El Paraninfo de la Universidad Laboral de Cheste, con capacidad para 5000 espectadores y sin columnas.

Para acabar de arreglarlo, no terminábamos de pasar la resaca de la extenuante campaña cuando al presidente del Gobierno se le ocurrió convocar de nuevo elecciones para finales de julio, en plena canícula y descanso estival. No se les ocurra pensar que digo «descanso» porque la gente tenga vacaciones –hay muchas familias que no pueden permitirse unos míseros días– sino porque las Cortes solían cerrar durante esos meses y los políticos dejaban de darnos la murga con sus broncas infantiles. Ya ni a eso podemos aspirar. Si no queríamos caldo tendremos dos tazas… bien calientes.

El retorno del Harri

También parece eterno en su retornar el incombustible Indiana Jones, icónico personaje interpretado por Harrison Ford, al que ha vuelto a dar vida con 80 años. Jones sacó su látigo en el recientemente concluido Festival de Cannes y el recibimiento fue, aunque desigual, mayoritariamente positivo.

También retorna a Cannes Almodóvar, que presentó nada menos que un western –aunque con temática amorosa, como era de esperar–, y parece que también se llevó una gran ovación del público. Extraña forma de vida viene a sumarse a ese nuevo estilo deconstructivo del cowboy que ya iniciara Brokeback mountain y continuase –bien que sui generisEl poder del perro. Pero para llevar a cabo esa tarea el manchego ha tenido bastante con 31 minutos. A pesar de su brevedad, a Carlos Boyero parece, sin embargo, habérsele hecho eterno.

El festival encumbró a Justine Triet, directora que ya presentaba su primer largo en Cannes –La batalla de Solferino, hace exactamente una década–, por su Anatomía de una caída. Jonathan Glazer, director de Under the skin, obtuvo por su parte el gran premio del jurado por The zone of interest, que narra la vida de Rudolf Höss y su familia en torno al campo de exterminio de Auschwitz. Todas parecen películas muy interesantes; esperemos que no tarden en estrenarse para poder emitir nuestro veredicto.

Cartel del Festival de Cannes 2023.

Baúl subrogado

Retorna La vida de Brian, esta vez a los escenarios teatrales británicos. John Cleese, autor de la obra original y su adaptación, ha decidido ser el primero en oponerse a la autocensura, del mismo modo que fue el primero en decir «mierda» en TV.

Cleese, que renunció a la medalla de la Orden del Imperio Británico porque no necesitaba una chapa de latón que justificara lo evidente –que es todo un caballero–, se ha negado a eliminar la famosísima escena de Loretta, que todos sospechábamos no se podría rodar hoy día.

Parece que hasta los actores le sugirieron que era mejor prescindir del gag, porque según ellos los tiempos –como ya hemos sugerido antes– han cambiado radicalmente, y ya no es de recibo hacer chistes sobre según qué cosas. Pero Cleese se ha opuesto en redondo: La vida de Brian sufrió el acoso clerical en los 80 y no se va a arrugar frente a los nuevos clérigos de los 20. Cleese podrá presumir también de ser el primero en mandar a la mierda a dos extremos ideológicos opuestos que se enfrentan a una misma obra.

Los eternos que ya no retornarán

En mayo nos dejó Tina Turner. La denominada reina del Rock era sobre todo conocida por su faceta musical, pero también tuvo su relación con el cine: casi todo el mundo la recuerda por ser una de las protagonistas de la tercera entrega de la saga de Mad Max –Más allá de la cúpula del trueno–, o porque su vida junto a Ike Turner fue llevada a la gran pantalla en 1993. Allí Lawrence Fishburne le dio la réplica a Angela Basset, que interpretaba a Tina, en uno de los papeles más desagradables que pueda encarnar un actor: cónyuge maltratador y adicto. La cantante puso su voz para las numerosas intervenciones musicales que coregrafió Basset.

Pero Turner también interpretó a la «reina ácida» en el musical Tommy de Ken Russell, tan pronto como en 1975, y a la alcaldesa de la película El último gran héroe, de John McTiernan, en 1993.

También nos dejó Antonio Gala, cuyas obras La pasión turca, Más allá del jardín o Los buenos días perdidos fueron llevadas al cine. Gala llevaba años retirado en un monasterio, a cargo de una fundación para la creación literaria de talentos jóvenes.

Cerramos este editorial como lo hemos empezado: mencionando muros que contienen talento no para encerrarlo, sino para darle forma. Tanto en Cheste, gracias al Cine Club, como en Córdoba, de manos de Antonio Gala, este acabará por abrirse al mundo.

Esperamos poder contarlo desde esta nueva página, que al fin y al cabo sigue siendo la misma de siempre.

Escribe Ángel Vallejo

Tina Turner en la película «Mad Max: Más allá de la cúpula de trueno».