Sitges, Festival de cine fantástico de Cataluña (2): días de inauguración

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Comienzos difíciles
Escribe Ferran Ramírez

Rec 2El Festival de cine de Sitges abrió sus puertas con un primer día que no transmitía la euforia festivalera de una inauguración. Las calles estaban tranquilas, no se amontonaron colas en las proyecciones y todo fluía con una pasmosa naturalidad. Quedaba claro que la decisión de este año del certamen de abrir sus jornadas dedicadas al celuloide en un jueves quizás no era la mejor opción para un público que tiene sus obligaciones.

Hay que decir también que la profusión de carteles, anuncios y demás marketing promocional convenientemente repartido por toda la ciudad evidenciaba el día en que nos encontrábamos.

Pero el verdadero punto fuerte de este día que fue el que demostraba la notoriedad de una inauguración fue la omnipresencia de Rec 2. Las emisoras de radio locales sólo hablaban de la rueda de prensa matutina que habían dado sus creadores y demás implicados. Los folletos de la película parecían cubrir las calles de Sitges y los tres pases que dominaron la jornada agotaron sus aforos.

Quedaba claro que la apertura del festival con la segunda parte de la aclamada película sí había sido un acierto en la diana. Y así, con los nuevos zombis que siguen encerrados en ese edificio malsano del barrio barcelonés del Eixample, arrancó el certamen.

Rec 2

La muerte, al acecho

Por supuesto, todo aficionado al género, y al filme seminal de Paco Plaza y Jaume Balagueró, le rondaba por la cabeza la misma incógnita: ¿La fórmula que ofrecía la primera parte se mantendrá en pie para repetirla en un segundo filme y no agotarla rápidamente? O más fácil todavía… ¿Merecerá la pena una secuela en los tiempo que corren?

La respuesta no puede ser más difusa. Sí y no. Sí, porque sus responsables demuestran tener un sentido de la tensión innato e inspirado que eleva a la máxima potencia el terror hasta el punto de dejar sin aliento, y sin tregua, al espectador, en un torbellino enfermizo de muertes e ingeniosos recursos visuales. No, porque su guión se justifica por momentos y algunas soluciones argumentales chirrían sobremanera, pero aportan nuevos elementos a una trama que, de por sí, podría haberse quedado obsoleta en su primera parte.

Jaume Balagueró y Paco Plaza Rec 2 es una vorágine que lleva al espectador a un infierno aún más abrupto que el que ofrecía su predecesora, pero se mueve entre el equilibrio de unas ideas desarrolladas magníficamente, que aquí no desvelaremos para motivar al espectador a pisar la sala de cine y vivir la experiencia partiendo del desconocimiento de su nueva trama, y otros apuntes que se solventan de la forma más ramplona, aunque se entienda a la perfección que quizás son necesarios para el soporte de un metraje al que quizás le sobren algunos elementos. Con todo, Rec 2 demuestra la buena mano de dos cineastas que saben lo que hacen, saben lo que quieren, y sobre todo, saben cómo transmitirlo.

Sólo cabe esperar que la tercera parte de Rec, pues ya han anunciado sus intenciones de repetir experiencia, no acabe por hundir el producto en una serie de esas que decae su calidad en cuanto el número que las acompaña crece.

Por supuesto, el resto de filmes del día quedaron totalmente empañados por la poderosa aura que rodeaba a Rec 2. Pero hubo otro filme durante la jornada que supuso toda una sorpresa. ¿Su título? Los últimos días del mundo.

Los últimos días del mundo 

Una cinta intimista francesa dentro de la competición oficial que no tendría nada de fantástico a primera vista. Su tratamiento, pausado y reflexivo a la vez que humorístico. Sus actores, verdaderos estandartes del cine francés, Matthieu Amalric, Karin Viard y Catherine Frot y una aparición especial de Sergi López, quien últimamente parece encajar en cualquier papel que se le preste. Sus directores, una pareja de hermanos ilustres, Jean-Marie y Arnaud Larrieu, a quienes urge dar a conocer en nuestro país.

Los últimos días del mundo no sería ningún filme fantástico de no ser por su argumento, pues, progresivamente, describe, como su título indica, una sociedad, la nuestra, en la que las mil y una crisis que nos azotan concluyen en el Apocalipsis. Pero lo hace a través de la historia de Robinson, un hombre que abandona a su mujer consumido por la pasión a la que le lleva una joven de Biarritz. Emprenderá un viaje sin retorno a través de territorio ibérico -Sanfermines y Montserrat incluidos en el trayecto- en el que todo empezará a perder sentido, puesto que un extraño virus (el equivalente rabiosamente mortal de la gripe nueva) y los conflictos en los que estamos sumidos asolan el planeta. Ante esta muerte inminente, los protagonistas se liberaran de todas sus capas de prejuicios, vergüenzas y desdichas para encontrarse con ellos mismos y con los demás. El amor, el sexo, el cariño y todo el espectro de emociones humanas será lo que prevalezca en los últimos días de sus vidas, y del mundo entero.

Los últimos días del mundo

Emocionante y trascendente, el filme traza un retrato robot de nuestro modus vivendi, de todo lo que somos, lo que hemos perdido, y lo que podemos recuperar mediante la libertad de pensamiento.

Una secuencia que recuerda a la mítica orgía de Eyes wide shut (¿homenaje directo a Kubrick, quizás?) y un ritmo propio del cine francés en mejor estado de gracia componen un filme maravilloso.

Lo que empieza como una cinta francesa más de rupturas y desarreglos humanos acaba por convertirse en un tratado sobre la naturaleza humana a través de un viaje que no sólo hará su protagonista sino que lo harán todos los personajes, cada uno a su modo. Algunos encontrarán la libertad final en el suicidio o en el asesinato, otros encontrarán su salvación en los brazos ajenos de quienes una vez les había amado, pero el camino hacia la muerte a través de la vida queda cristalizado en esta magnífica obra.

Yatterman

Takashi, por partida doble

El segundo día se consagró, entre otros, al imaginario de Takashi Miike. Se presentaron sus dos últimas obras.

La primera, lo decimos ya aún arriesgándonos a ser temerarios por tratarse de la jornada segunda del certamen, es la película freak (bueno, la palabra realmente no le hace suficiente justicia) del festival, Yatterman. Hacía tiempo que no se veía tamaña cantidad de elementos, personajes y situaciones que se acercan a la nitroglicerina visual. Eso sí, para crear un cóctel molotov de ingente desvergüenza hay que tener una imaginación desbordante. Es el caso de Miike, aunque su película no se la deseemos ni a nuestros peores enemigos.

Se trata de la adaptación de una serie animada que mezcla superhéroes con histeria colectiva y chistes gruesos. Sólo es apta para fanáticos de la cultura nipona en su estado más extremo y alucinado, que se deja llevar por el alucinógeno mundo del dibujo radical. Turboperros, chanquetes voladores, cybercalameres, megarobots de cocina y así hasta un sinfín de objetos imposibles se dan cita en esta excitada explosión de referencias.

Crows 2

Miike también paseó su Crows 2, continuación de un filme que ya fue exhibido en Sitges el pasado año y que ha sido todo un blockbuster en su país de origen. También basado en un cómic archipopular en los lares nipones, Miike prometió una segunda parte de la cinta que había reventado las taquillas. Por fin, trae su secuela rollercoaster. Entretenimiento asegurado, mamporros a raudales, violencia desenfrenada y un planteamiento radical hacen de esta cinta una obra más estimable de lo que cabía esperar.

El instituto Suzuran vuelve a ser el escenario donde se desarrolla la acción de esta secuela. Dos bandas de estudiantes juveniles se enfrentarán en una lucha que nada tiene que ver con las peleas de los patios de colegio. El conflicto llegará al belicismo extremo desembocando en un grandguignol pasmoso.

Un montaje alambicado, unos personajes rebosantes de glamour a lo japo, estética punk-rock demoledora y una potencia visual difícil de superar hacen que Crows 2 sea una propuesta, si bien no excelente, meritoria por la radicalidad de lo que plantea.

Si bien Yatterman sólo es apta para el incorruptible consumista de material nipón de altos voltios, Crows 2 puede ser vista sin que ello suponga una pasión cristiana, lacerante y extremadamente cansina. Es una cinta que sólo propone una diversión basada en el paroxismo, pero consigue exaltarlo hasta llevarlo a un nivel de espectacularidad muy bien aprovechado.

Yatterman