V Festival de música de cine Ciudad de Úbeda (3): el espíritu de Úbeda

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Deslizamientos progresivos del placer
Texto y fotos Sabín

Para el que llega a Úbeda como novato, como es el caso de este cronista, lo primero que sorprende es la diferencia entre dos ciudades: la moderna (idéntica a cualquier población más o menos grande de nuestro país) y el casco antiguo, con una conservación envidiable y con un sabio uso por parte de la organización, que tiene montada su sede permanente en el Hospital de Santiago, una construcción que ha transformado sus orígenes sanitarios en las afueras de la muralla en un espacio en el casco antiguo destinado a la mayoría de las actividades del festival: exposiciones, conferencias, tienda de venta de CDs y DVDs y, por supuesto, los conciertos que han dado fama al encuentro de Úbeda.

Hospital de Santiago

Como  sucede en la mayoría de festivales, la primera jornada, y más por la mañana, fue algo caótica, hasta el punto de encontrarnos con una sala de prensa que algunos no sabían dónde se encontraba (finalmente la hay y funciona correctamente) y un departamento de prensa que se vio desbordado entre otros motivos por la ausencia de una de sus piezas clave por motivos familiares.

Con todo, buena voluntad, predisposición a solucionar los problemas y una buena dosis de paciencia por parte de los periodistas desplazados al festival permitieron que a lo largo de la jornada se fueran resolviendo detalles tan necesarios como tener las acreditaciones a punto, obtener las entradas para los conciertos y la carpeta con documentación para los asistentes.

Colette Delerue y Angela Saiz (de la revista 'Rosebud, banda sonora')

Colette Delerue

La jornada matinal comenzó con la mesa redonda de Colette Delerue, la viuda del inolvidable autor de muchas de las bandas sonoras de François Truffaut, junto a ella Robert Townson, el boss de Varèse Sarabande. El objetivo de la misma era rendir homenaje a Georges Delerue y, de paso, presentar una caja con 6 CDs que ha editado Universal Francia, incluyendo entre los temas elegidos algunos inéditos hasta ahora.

Amena, como todas, pero quizá una mesa desaprovechada por dos motivos: en primer lugar, porque se rinde un flaco favor al ganador del Oscar por Un pequeño romance si se programa su mesa como el primer acto del congreso, el jueves 16 de julio a las 10 de la mañana; y segundo, porque se programó antes incluso de la recepción oficial del Ayuntamiento de Úbeda y cuando muchos de los congresistas aún no habían aparecido por la ciudad.

No obstante, Colette reveló anécdotas de su marido, algunas tan curiosas como aquélla que aludía al cambio del tema principal de Un hombre para la eternidad, realizado en el mismo estudio, en una mañana, tras comprobar el compositor que su pieza original no gustaba ni al director ni al productor, por lo que improvisó un nuevo tema al piano, los trasladó a los músicos reunidos en el estudio… y esa misma tarde comenzaron a grabar.

Marcelino Sanchez, alcalde de Úbeda, y Patrick Doyle

El espíritu de Úbeda

El segundo acto de la mañana fue la recepción oficial a cargo de Marcelino Sánchez Ruiz (alcalde de Úbeda), David Doncell (director del festival) y Patrick Doyle (presidente de honor).

Fue un acto sencillo, más dirigido a la prensa que al público y a los congresistas (insistimos, durante la mañana había pocos), en el que sobre todo se destacó la importancia que ha adquirido el encuentro en las cuatro ediciones anteriores, hasta el punto de convertirse en una cita obligada del calendario internacional.

Fue Marcelino Sánchez quien resumió en una frase que viene siendo el eslogan de los congresistas desde la primera edición: "el espíritu de Úbeda, ese lugar de encuentro, de intercambio, donde todos comparten y todos disfrutan de la música de cine y de la ciudad".

La mesa con los cinco compositores y el director español

Jóvenes, aunque sobradamente preparados

La última sesión de la maratoniana mañana fue la mesa redonda sobre el futuro de la composición cinematográfica en España: cinco jóvenes que acaban de llegar al mundo de largometraje junto a un director que acaba de estrenar su primer filme de animación con gran éxito.

En la mesa estuvieron Aritz Villodas (recién editado el CD de No me pidas que te bese porque te besaré, y apenas horas antes de obtener el premio Jerry Goldsmith al compositor revelación del año… como comentamos en otro artículo de esta sección), Sergio de la Puente (acompañado del director de El lince perdido, ambos satisfechos por el resultado de una experiencia que ya tiene en marcha continuación animada con un tema totalmente distinto… y en 3D), Fernando Velázquez (cuyas sabias palabras sirvieron para demostrar que el éxito de El orfanato no fue un accidente, sino fruto de su excelente preparación como músico), Alfons Conde (quien presumió, quizá en exceso, de su experiencia americana y de lo bien que funciona como industria incluso en el terreno musical… hasta el punto de ser los descubridores de un cuarteto de cuerda suyo que aquí, en la vieja y culta Europa, nunca hemos sabido apreciar) y Alejandro Vivas (quizá la gran sorpresa del año, gracias a su espectacular trabajo con La conjura de El Escorial).

La mesa en el Hospital de Santiago, un espacio de gran atractivo y buena sonoridadCinco nombres, cinco formas de enfrentarse a un proyecto, cinco trayectorias (aunque todos han coqueteado con el cortometraje antes o después de acceder al largo) y algunas frases lapidarias que hablan, y mucho, de la realidad del panorama cinematográfico español. He aquí alguna de ellas.

"Debo destacar el desconocimiento entre técnicos y gente del equipo del proceso de creación y grabación de una banda sonora, incluso había algunos que pensaban que la música ya estaba grabada sólo tras oír algún sampler de muestra" (Alejandro Vivas).

"A mí me divierte que me pongan condiciones, los retos. Cada peli es una aventura y he hecho más de veinte cortos por los que mi madre se quejaba muchas veces, porque no sólo no me pagaban sino que ni siquiera me daban una copia una vez acabado" (Fernando Velázquez).

"Al director no lo veo como el dueño, sin como el coordinador. Me gusta contactar con todo el equipo para empaparme de la película. Pero no es preciso que el director sepa de música, sino que sepa explicar lo que quiere de cada uno, en este caso del compositor" (Sergio de la Puente).

"En los Estados Unidos hay una figura infravalorada, que es la del orquestador, y la mayoría de ellos son grandes compositores, lo que pasa es que no quieren meterse en discusiones con el director, el productor y los demás. De hecho, hay compositores que silban un tema, lo graban en un cassette y del resto ya se ocupa un equipo de orquestadores" (Alfons Conde).

Wataru Hokoyama

Wataru Hokoyama

Considerado hoy en día como uno de los reyes de la composición para los videojuegos, gracias al éxito de Resident Evil 5 y de su partitura para Afrika, un juego de Play Station 3, la intervención de Hokoyama sirvió sobre todo para demostrar que con cierta buena presencia, algo de valentía, pequeñas mentiras y una buena ración de suerte, casi cualquiera puede triunfar en la meca del cine.

Discípulo de Christopher Young, que estaba presente en la sala y estuvo también presente en las dos ocasiones en que ha sido premiado, su verdadero amor es la música de cine, porque creció escuchando las grandes grabaciones sinfónicas de los ochenta y los noventa (no olvidemos que nació en 1974).

La premura de tiempo y algunos desajustes técnicos impidieron que su música fuera escuchada con imágenes (apenas cuatro o cinco fotos de Afrika), problema que se solucionó con nota en el resto de participantes, comenzando por Claudio Simonetti, ya que la organización ha intentado en todo momento ilustrar cada invitado con algunos fragmentos de sus partituras, hábilmente montados e ilustrados con escenas de cada filme… una iniciativa que hay que valorar por el esfuerzo de documentación que supone.

Asier, Hokoyama y Fernando, en la mesa sobre música y videojuegos

Claudio Simonetti

La mesa redonda con el líder de la primera etapa de Goblin, actual alma mater de Demonia y, en definitiva, el revolucionador del sonido del cine italiano de terror de los setenta y los ochenta, gracias a sus partituras cercanas al rock sinfónico, fue una de las menos comprensibles del certamen.

En la mesa estaban Germán Barón (que presentó la trayectoria del músico favorito de Dario Argento), José Mª Benítez (que volvió a presentar la trayectoria de Simonetti, con otras palabras, eso sí), Luis Rodríguez (quien, adivínenlo, también hizo su propia presentación del autor de Rojo oscuro, Suspiria y Zombi), junto a Gabrielle Lucantonio (autora del libro Profondo rock, centrado en la trayectoria del músico en torno al cual estaba organizada la mesa) y el propio Claudio Simonetti (brasileño de nacimiento, italiano de adopción y con un uso limitado del inglés… lo que hace más injustificable la realización de la mesa en este idioma, cuando había alternativas más lógicas, como el italiano, el portugués o incluso el español, con traducción simultánea para el propio autor y otros invitados).

Gabrielle Lucantonio, Claudio Simonetti y el libro 'Profondo rock'

Inexplicablemente, en un acto que se supone destinado a conocer la vida, la obra y la trayectoria de Simonetti, donde también estaba la autora del libro, no aparecía por ningún lado el editor de dicho libro (el incansable Juan Saiz, responsable también de la revista Rosebud banda sonora y del sello discográfico Saimel, con el que no sólo rescata clásicos de toda la vida, sino también da la oportunidad a nuevos títulos españoles de Eva Gancedo, José Nieto o el gran premiado del día, Aritz Villodas). Incomprensible por cuanto la mesa se tenía que haber ampliado o prescindir de cualquiera de los tres presentadores para dar cabida a otros protagonistas. En fin, pequeñas incongruencias de un festival que debe limar ciertas asperezas y apostar por la seriedad del trabajo, no por los amiguetes o compromisos que restan rigor a su esfuerzo, por otro lado de primer orden.

Claudio SimonettiSimonetti se mostró como un tipo afable, encantado con el éxito de su primer trabajo cinematográfico (Rojo oscuro vendió tres millones de copias y situó en el mapa a Simonetti y Goblin), que surgió, como muchas veces sucede, casi por casualidad, ya que Argento buscaba una nueva línea, alejada del sonido Morricone asociado a sus anteriores filmes, y pensó en Giorgio Gaslini, "pero éste abandonó el proyecto y se quedaron los jóvenes de Goblin, sin ninguna experiencia en cine, pero propusieron una música en la línea del rock progresivo que supuso una renovación y un gran éxito".

La segunda colaboración de ambos, Suspiria, considerada por Simonetti como su obra maestra, contó con muy pocas indicaciones de Argento, "ya que sólo nos pidió que la música sugiriera que había brujas en el ambiente". Un oportuno fragmento proyectado en el incomparable marco del Hospital de Santiago (que con la oscuridad y la impactante música de Simonetti resultaba un espacio poco adecuado para cardíacos) sirvió para comprobar que Goblin cumplió a la perfección las breves instrucciones de Darío Argento.

Aunque para marcos incomparables, el del concierto del 8 de julio, en Torino, donde diez mil personas siguieron la proyección al aire libre, de la película Rojo oscuro, en una plaza que aparece varias veces en el filme, acompañada con la interpretación en directo de la banda sonora a cargo de Simonetti y su nuevo grupo, Demonia, un espectáculo único que contó además con la presencia y el aplauso del propio Argento.

Quizá una ingeniosa alternativa para el futuro de la música de cine en recintos más allá de las salas de concierto y de las propias proyecciones… como también lo son los dos conciertos que propone Úbeda para este año: el de pequeñas piezas (a veces no cinematográficas) de los autores presentes este año (que incluso la interpretarán al piano o con otros instrumentos), concierto que se celebra el viernes 17, y el del gran concierto sinfónico del sábado 18. Ambos, en el patio del Hospital de Santiago.

Juan Francisco Álvarez, Gabrielle, Juan y Angela Saiz