XXXI Mostra de Valencia (7): en busca de la palmera perdida

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¿Qué es el cine de acción y aventura?

La Palmera de Oro, premio al cine de aventuras, pero... ¿a qué se denomina acción y a qué se denomina aventura? Este año, como se sabe por activa y pasiva, la Mostra de Valencia se dedica a la acción y a la aventura. Pero uno se pregunta ¿a qué se denomina acción y a qué se denomina aventura? Quizá eso se refiere a todo. O a nada.

Los ejemplos en esta extraña Mostra se multiplican. Así, Álex de la Iglesia, alborozado proclamó, como dijimos en un inicio, que el cine es acción. Ni añadió que no sólo es eso. Suponemos que una de sus flamantes subdirectoras, Iciar Bollaín no opinará lo mismo. Aunque, claro, a lo mejor alguno de sus filmes pueda entrar en esa extraña categoría. No sabemos si el último que ha realizado (Háblame de la lluvia) entrará en esa cajón, optando por indagar en el metalenguaje. Un filme que ha sido preseleccionado por la Academia de Cine para los Oscar. La película será probablemente buena, pero lo que está claro es que el público en general la desconoce. Sólo se ha visto (por motivos relacionados con ajustarse a las normas exigidas para poder ser incluida entre las nominadas para la preselección) en una ciudad, Salamanca, y luego en la inauguración de la Seminci. Lo que estamos (casi) seguros es que el cargo de Iciar poco ha tenido que ver en ello… ¿O es que alguien piensa lo contrario?

Centrémonos en la Mostra, en su consideración de persecuciones, mamporros y lindezas mil, echemos un vistazo a las películas proyectadas en la sección ¿oficial? de tal original temática para ver si son claros exponentes de tal denominación. La duda razonable nos asalta ante títulos escasamente dignos (o indignos) de tal honor como Téte de turc, Victorio, La lisèire, Perifèric o El caso Farewell. En algún título, como éste último citado, puedan considerarse como tal por su inscripción en el género de espías, como lo serían otros de corte policiaco/detectivesco, caso de En el centro de la tormenta.

Compárense los filmes vistos en esta sección oficial con los presentados en la Mostra de filmes clásicos (de Los vikingos a Río sin retorno) y se comprenderá la diferencia. Aunque, claro, en esta sección se haya incluido con calzador el estupendo Senderos de gloria, quizá el título quisiera ser una especie de asentamiento por el que desea caminar el festival. Crudo lo tiene.

12 paces without head de Sven Taddicken

12 paces without head de Sven Taddicken
Cine de piratas a la alemana

Éste es uno de los filmes que claramente pertenecerían a la temática del festival. La historia de unos piratas del siglo XIV, que al grito de ¡Viva Frisia! intentan luchar contra la liga Hanseática.

Sorprende el filme en sí mismo, las razones que han llevado a su realización. ¿Por qué un país sin prácticamente historia en este tipo de películas, se ha enfrentado, en pleno siglo XXI a ello?

Brevemente indicaremos que la Liga Hanseática fue una federación de ciudades del Norte de Alemania y de comerciantes alemanes que utilizaban las rutas del mar Báltico, los Países Bajos, Noruega, Suecia, Inglaterra, incluso Finlandia y Dinamarca. Se originó en el siglo XII en una ciudad alemana situada a orillas del Báltico, que se convertiría en centro para los mercaderes de Sajonia y Westfalia. Desde allí comerciaban con otras poblaciones marítimas más alejadas. Con la ayuda de los vikingos establecieron sucursales, incluso, en tierras rusas. Con la inclusión en la liga de la ciudad de Hamburgo, se consiguió tener el monopolio de la mayoría del comercio marítimo. Las alianzas de la liga llegaron a alcanzar a más de ciento cincuenta ciudades.

Colonos germanos bajo la supervisión de la liga fundaron ciudades hanseáticas como Tallin o Riga.

En el siglo XIV, los mercaderes de la Liga llegaban a intervenir en el poder económico y militar de la política imperial, llegando incluso a guerrear contra Dinamarca y, por supuesto, contra la piratería y muy en especial contra una hermandad de corsarios cuya finalidad era atacar a la reina Margarita I de Dinamarca. La Liga estuvo gobernada por delegados de las ciudades miembros que decidían por consenso. Ciudades como Lübeck, Bremen y Hamburgo seguían en el siglo XX bajo la denominación de ciudades hanseáticas. La llegada de Hitler al poder anuló los privilegios de las tres ciudades.

Hace pocos años, en la ciudad de Lübeck se crea una organización que vuelve a tomar el nombre de Liga Hanseática con el objetivo de mantener vivo el espíritu de la antigua organización. Se trata de constituir la federación de las ciudades más grandes del mundo para contribuir a la unificación económica, política, social y cultural. Las distintas ciudades europeas miembros de la Hansa realizan actividades y encuentros anuales, propiciados por las nuevas incorporaciones de países a la Unidad Europea.

Por lo que se refiere a Frisia, nos figuramos que ese grito de libertario de los corsarios se refiere a la región alemana correspondiente a lo que hoy es la Baja Sajonia, concretamente en la zona costera de Alemania cercana al mar del Norte. Una región antigua ya conocida por los historiadores romanos y en la que se establecería la corona de Frisia. Un reino que desapareció en 785 con la invasión de Carlomagno al pasar a manos de los francos.

Con esta pinta, ¿de verdad los responsables de la película están preocupados por la Historia con mayúsculas?

Nos ha parecido interesante dar esos datos históricos para centrar un filme cuyos intereses, incluso comerciales, se muestran poco claros. ¿Qué intenta el filme con sus repetidos gritos libertarios? ¿Es acaso un guiño contra una confederación que anula el poderío de un país o de alguna de sus zonas ante la unión de Europa? Demasiado quizás para esta historia de piratas seguidores de unos determinados, y muy personales, ideales. O quizás no.

El filme, de cualquier forma, con su envoltura de exaltación de leyendas o personajes populares que son cantados como dueños de la acción y de la aventura, no deja de ser simple y torpe. La historia, contada desde planteamientos legendarios, a sus hijos por uno de los dos corsarios, resulta plana, excesivamente parada, donde la acción no existe, estando siempre envuelta en diálogos y más diálogos. Todo el entorno suena a cine de guardarropía señalado además por pobres efectos en los que la ciudad o el puerto de Hamburgo es mostrado como un decorado de tres al cuarto.

Sobre todo Piratas de Polanski parece ser el referente en el que pretende mirarse este fin. Le falta el toque irónico que el director de Repulsión quiso imprimir a su película, escasamente distinguida. No sólo, también el cine clásico de piratas o de aventuras, que va desde Robín de los bosques o El temible burlón intenta reflejarse en esta historia de amistad hermanada hasta más allá de la muerte. Y de sacrificio personal.

Se intenta que los personajes vayan más allá del tópico, se erijan en héroes de leyenda, pero la realidad es que no lo consiguen por un guión que se permite los mayores delirios, infinitad de trucos, donde los personajes aparecen, se mueven, actúan desde el mayor de los convencionalismos.

Película que supone un esfuerzo vano, dentro de una historia que, jugando al doble sentido, se esfuma, convirtiéndose en una nadería que se hunde sin remedio en el sinsentido de su falta de vitalidad y de acción, escamoteada por medio de continuadas y fallidas elipsis.

Ni siquiera como vuelta a un género tan querido como olvidado, puede sacar del sopor un filme plúmbeo e inútil. Nos queda el regusto de lo que pudo ser, y la sorpresa (o no) de su oculto significado final. Dardo, desde luego, era mucho más directo como héroe ladino y libertario en El halcón y la flecha que los dos (anti) héroes de este filme (protagonistas, al parecer, cantados en un sinfín de leyendas germanas) tan obtusos como carentes de empatía.

La Lisière de Geraldine Bajard

La Lisière de Geraldine Bajard
Empanada a la francesa

Un joven y tímido médico, bastante tonto por otra parte, se convierte en titular en un extraño pueblo en el que parecen acumularse diversos elementos (torpemente) fantásticos y desconcertantes. Allí hay una comunidad que habita una urbanización (moderna) siempre en construcción, bastante misteriosa. ¿Nos movemos en el campo de lo metafórico dentro de una existencia cerrada, dominada por la noche, y donde los intereses económicos aparecen como fundamentales en la narración?

Quién sabe en esta historia como contada en voz baja, de secretos sin fin, juramentos, sucesos que quedan encerrados entre los habitantes de tan siniestro como poco apetecible lugar.

El médico moviéndose entre dos mundos es una especie de victima absurda y propiciatoria en las manos de los futuros herederos de tan enigmático lugar. Nos referimos claro está a unos absurdos y repelentes jovenzuelos (ellas y ellos) que se presentan como terroríficos dueños del bosque y del entorno, donde se dedican a unos juegos tan incomprensibles como inútiles, para los que toman como cebo a sus jóvenes compañeras.

La directora decía en la rueda de prensa que al realizar el filme pensó en La invasión de los ladrones de cuerpos. Lo que demuestra que alguien, sobre todo cuando realiza una primera película, como en este caso, puede mostrar sus preferencia y espolvorear con el aroma de ellas su obra, sin que la haga fresca, ni sabrosa, porque la realidad es lo opuesto. Tan poco afortunada, como inútil y estúpida en grado absoluto.

Un bosque tenebroso, una casa a un lado (la del médico), la urbanización a otro, una carreta atravesando el bosque, con los jóvenes como sus dueños, una señal de tráfico donde se indica la presencia de una mujer y donde las niñas o las jóvenes son lanzadas por sus compañeras como vulgares busconas, las muertes rituales, el silencio de unos y de otros… son algunas de las propuestas tan inútiles como rebuscadas de este filme.

No nos movemos solamente entre el mundo de Don Siegel. Si sólo fuera eso. En realidad ese mundo es el menos reflejado, ya que otras referencias son mucho más claras. Citemos el intento de copiar la atmósfera de ciertas películas de Shyamalan, el trazado de unos personajes y una sociedad (el pueblo y sus silencios) típicamente chabrolianos, sin olvidar la relación de estos jóvenes con los niños-jóvenes de las distintas versiones de El pueblo de los malditos e, incluso, la alusión a los monstruosos seres, futuros verdugos del mundo, de La cinta blanca.

Poco se puede decir de este filme sin rumbo, sin clase, sin el más mínimo interés, lastrado por el dibujo del protagonista, una especie de pelele, cuya forma de ser manejado por el mundo al que ha sido arrojado, está en función de su propio personaje, mal concebido y trazado. Risibles todas las secuencias donde el doctor (de noche) es llamado para atender, de imposibles males, a las jovencitas que desean seducirle. Y no digamos de la secuencia en que es conducido por una de ellas hasta el punto que, incluso, cenan en un restaurante del pueblo en el que habitan.

Ejemplo claro de la escasa lógica narrativa que utiliza esta vulgar, falsa e incongruente película, indigna de haber tomado múltiples y distinguidas referencias. Debía haberse quedado tan sólo en un vulgar recuerdo de la escasamente presentable saga de Crepúsculo.

Escribe Adolfo Bellido

Geraldine Bajard: nóvel directora francesa con importante empanada mental causada por una mala digestión de sus títulos favoritos