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SUPERMAN, EL CÓMIC por Enric Albero Moltó

Superman, del papel al cine

En Junio de 1938, el dibujante Joe Shuster y el guionista Jerry Siegel, después de recorrer un sinfín de editoriales, consiguen ver publicada en Action Comics la primera tira cómica del superhéroe que crearon en 1933: Superman. Dejando de lado las semejanzas existentes entre la génesis del alter ego de Clark Kent y del personaje aparecido en la novela Gladiator, escrita por Philip Wylie en 1930, las aventuras del kryptonita fueron un rotundo éxito de público, alcanzando el millón de ejemplares mensuales.

En poco tiempo las viñetas de Shuster empezaron a cobrar relevancia. Así, en 1939 ya aparecían en las tiras diarias de los periódicos y meses más tarde en una sección a color publicada en el dominical. La ascensión mediática fue inexorable: en 1940 George Lowther le dedica un serial radiofónico en el que Clayton 'Bud' Collier daba voz tanto a Superman como a Clark Kent. En el 42 el mismo Lowther, al tiempo que producía el serial para la Mutual, escribe la primera novela sobre Superman. Entre 1941 y 1943 los hermanos Fleischer realizan una serie de dibujos animados para los Famous Studios, empleando, de nuevo, al actor que intervino en la radio. A finales de los 40, Sam Katzman produjo para la Columbia dos series de quince episodios, interpretados por Kirk Alyn (Superman) y Noel Nelly (Lois Lane) y dirigidos por Spencer G. Benett y Thomas Carr. En 1951, Robert Maxwell contrata a Carr y a Lee Sholem para que dirijan 26 tele-filmes sobre Superman, cuyo guión se encarga de redactar él mismo. El proyecto terminó con la creación del primer largometraje sobre el hombre de acero; los telefilmes llegaron a la TV en 1953, permitiendo la continuidad del personaje, pues a causa de estas nuevas entregas se pudieron producir las nuevas series que Whitney Ellsworth presentaría en la cadena ABC a finales del 53. Los nuevos episodios los protagonizaba un George Reeves a todo color (1954), que dirigió los tres últimos, y acabarían de emitirse en 1957. En 1966, Robert Benton y David Newman, guionistas de Superman (Richard Donner, 1978), llevaron a Broadway un musical sobre el superhéroe que alcanzó las 129 representaciones, constatándose como uno de los éxitos de la temporada. El triunfo teatral fue aprovechado por la CBS, que ese mismo año lanzó una nueva serie de dibujos titulados, The new adventures of Superman. Ya en el 73 los derechos fueron adquiridos por la Hanna-Barbera que creó la serie Super Friends, que reunía a los superhéroes más famosos por aquel entonces. A finales de los 70 Superman llegó al mundo de las superproducciones.... pero no adelantemos acontecimientos.

Superman: detrás del cómic

En la tierra de las oportunidades, una especie de trasunto de cierto centro comercial en su semana fantástica, los de fuera siempre fueron bienvenidos; y en caso contrario, no era necesario que los futuros huéspedes de América percibieran cierta hostilidad ante su llegada. Si Estados Unidos nació como una encrucijada de diferentes culturas (italianos, irlandeses, ingleses, franceses, holandeses, africanos, etc.) erigiéndose como una suerte de melting-pot paradigmático, las cosas cambiaron desde el momento en que todas aquellas colonias, una vez finiquitadas las consiguientes masacres (ya diría que inherentes a todo proceso 'pacífico'), formaron un todo excesivamente homogéneo, semilla del imperio que hoy vivimos. Una vez sentadas las bases del nuevo continente, que culminarían con aquel falaz "América para los americanos" (¿nadie recuerda que viven en reservas?), aquellos que pisaban suelo patrio debían poseer ciertas cualidades que les permitieran residir con alguna garantía (por ejemplo, los científicos expulsados de la Alemania nazi... y los científicos nazis huidos tras su derrota). Así pues, las bases arancelarias se mostraban implacables ante aquellos menos afortunados que, de conseguir poner un píe en las costas de Florida una vez hubieran huido de los tiburones, de la debilidad de sus balsas y de la dureza de los guardacostas, veían como la vida prometida no resultaba tan dulce como el caramelo que los satélites, los libros y las revistas, les habían vendido.

Sin embargo, las añagazas pseudo-políticas y, siempre, publicitarias han permitido que un país poco dado a las aclaraciones consiga venderse como ejemplo de libertad y justicia, imagen ciertamente denostada últimamente que, no obstante, magnifica la voluntad de aquellos que pierden sus sandalias en la carrera por escapar de regímenes ominosos (pero también fervientemente marginados) o de países desfavorecidos en el reparto de los conciertos mundiales, para llegar a la tierra prometida.

Y dentro de estas estrategias propagandísticas, conservadoras hasta la médula, pues sus exhibiciones distan mucho de concluir en el amparo de los desfavorecidos, y se acercan demasiado a la necesidad de ofrecer un reflejo contundente de un país compacto, reside el mito de Superman. La figura de Superman amaga dos metáforas de amplio valor hermenéutico: la primera hace referencia a la cualidad de inmigrante modelo del niño de Krypton, la segunda radica en su generación como trasunto de la figura de Jesucristo (observación tomada del libro de Coma, Javier y Gubern, Román: Los cómics en Hollywood. Una mitología del siglo. P&J, 1988).

Superman representa al allegado ideal, individuo venido de tierra extranjera que, sin embargo, logra adaptarse maravillosamente a las pautas de conducta que se adivinan propias del lugar al que ha llegado. Pero no sólo logra imbricarse en un modus vivendi, sino que también, y debido a su estatus, se eleva como la figura que ha de defenderlo (recordemos que el lema de Superman es "justice, freedom and American way of life"). Así pues, el personaje se torna ídolo y sus aventuras ejemplo para aquellos que las leen, las capacidades del héroe son asumidas por sus lectores que entienden a América como un país donde todos podemos progresar si tenemos el suficiente tesón para enfrentarnos a nuestras adversidades.

La segunda consideración, la figura de la kryptonita como epifanía del Nazareno, no deja lugar a dudas. Al saber de Coma y Gubern: Superman "procede de un lugar superior a la tierra y de una raza más avanzada que la terrestre. Aparece misteriosamente en la vida de un matrimonio sin hijos, que le cuida y le educa en un ambiente familiar modesto. El muchacho asombra con sus maravillas en el marco de la pequeña población.

Tras la muerte de su padre, decide abandonar el hogar para lanzarse a la vida pública y consagrarse a la ayuda de los necesitados y a la defensa de los oprimidos. Se retira a meditar a un paraje deshabitado. Se comunica con su verdadero padre, que le habla de su misión. Tiene una doble personalidad, como hijo de dos diferentes progenitores (el extraterrestre y el terrestre). En el papel de hijo primero, que es el papel real, goza de capacidad para realizar numerosos hechos sobrenaturales que los terrícolas califican como milagros. Es célibe, pero en su condición de ciudadano de nuestro planeta, se ve atraído hacía determinada mujer.

Extraterrestre hecho terrestre y, emblemáticamente dios hecho hombre, Superman representa, a través de su biografía vertebral, un claro trasplante de la tradición religiosa cristiana."

Ahora bien, la gravedad del asunto trasciende ambas metáforas para combinarlas y establecer una idea de mayor profundidad: ¿no hay mejor inmigrante que el hijo de dios?

Pero nuestro razonamiento no termina aquí, sino que pretende dar un paso adelante en la aclaración de ciertos puntos oscuros que dormitan tras el aura del hombre de acero. Desde otro punto de vista, Gubern y Coma, señalan la fuerte carga conservadora que posee el personaje creado por Shuster y Siegel: "Superman defiende el orden establecido y el capitalismo. Es beligerante contra regímenes comunistas. Lucha frente a científicos cuya encarnación del Mal proviene de que sus avances en el conocimiento hacen peligrar las creencias irracionales. Se opone al crimen como si éste surgiera de la nada sociopolítica y se debiera tan sólo a la infausta emergencia de mentes depravadas. No aprovecha sus grandes poderes para impulsar el progreso individual y social, sino para reforzar la permanencia de un Sistema contrapuesto a la justicia que el kriptoniano afirma defender. Da un respaldo cuasidivino al César, tras haber sufrido originariamente su persecución. Extiende su poder hacia el resto del planeta (fue nombrado ciudadano honorífico de todos los países miembros de las Naciones Unidas). Se autosupone máximo detentador de la verdad y supremo dictaminador de la moral. Otorga al sueño inverosímil la función de satisfacer sentimental y alienantemente al individuo. ¿Qué hace Superman para promover una sociedad más sana, más justa, más libre, si sólo actúa para reprimir cuanto la ataca en su estado actual?"

En este punto se conjugan tres aspectos claves en la idiosincrasia de Superman: en primer lugar, su condición de inmigrante, seguida de su fuerte empatía con la figura de Jesucristo y, en tercer lugar, su ferviente defensa de un sistema capitalista. Este terna ha de permitirnos establecer una serie de conclusiones inherentes, por más que ocultas, a un personaje tal vez demasiado admirado y poco analizado.

En tanto inmigrante ideal, no sólo adaptado sino defensor de un sistema, el alter ego de Kent (y Kent mismo), en virtud de sus cualidades sobredimensionadas, puede constituirse como referente para los lectores, que observan en él a un ser bondadoso con los débiles y duro con los criminales. Así pues, Superman se convierte en un icono a seguir, pues, más allá de sus capacidades, consigue triunfar en tierras lejanas y establecerse sin mayores contratiempos. Cabe recordar que fue su aura de inmigrante modelo uno de los factores que permitió que la serie vendiera un numero impensable de ejemplares.

Si a ello le sumamos una biografía divina, obtenemos, más que un allegado perfecto, al MESÍAS. Ahora bien, si a ello le sumamos la decisión férrea de defender un sistema, aún a pesar de su mal funcionamiento, sin ninguna pretensión de ofrecer un mínimo análisis de la coyuntura de la época, ¿qué obtenemos?

En primer lugar la necesidad de albergar inmigrantes con ciertas dotes 'sobrehumanas' (deportistas, científicos, etc.) que permitan que el sistema se reproduzca a partir de ciertos valores establecidos (capitalistas y conservadores). Así pues, la posible lectura efectuada por el inmigrante que encuentra en Superman el modelo de triunfo a seguir, pues el éxito es la única meta vital, se torna contraria cuando uno la analiza desde otro prisma. En lugar de ofrecerse como patrón de conducta admisible por todos, las conclusiones nos llevan a una interpretación harto reprobable: la única inmigración interesante resulta ser aquella que viene cargada de marcas de superioridad que permitan que un tipo de sistema, que jamás se pone en duda, se siga multiplicando y expandiendo. Más que una guía para el triunfo del inmigrante, se convierte en un catálogo de inmigrantes deseados.

Resulta paradójico que la mayoría de las cárceles norteamericanas se encuentren habitadas por negros, hispanos y mulatos incapaces de jugar bien al baloncesto o al football, o de no tener suficientes recursos para acceder a una universidad. No obstante, como decíamos en líneas superiores, parece que el crimen se reduce a los pequeños ladronzuelos y camellos que Superman aterroriza, ¿para cuándo la persecución de los generadores del delito?

Menos mal que existen artistas como Frank Miller que, en su Batman VS. Superman (posiblemente un nuevo proyecto cinematográfico) se encargó de presentarnos a un héroe de acero mucho más parecido a un boy-scout al servicio de la Casa Blanca que a una figura entrañable y digna de ser venerada.

Por Enric Albero Moltó

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