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CERCA DEL CIELO (películas estrenadas que son buenas aunque no llegan a la categoría de obras maestras)

 

A los que aman de Isabel Coixet.

Un título tan hermoso como los dos anteriores de esta directora sirve como homenaje, punto de partida, centro y guía de esta excelente película. Al igual que anteriormente hiciese nos habla de sentimientos, de círculos (¿le sonará eso a Medem?) que de manera perfecta van cerrando unas vidas. Ambientada en un lugar del espacio y del tiempo suficientemente indeterminado trata de conseguir (y lo consigue) un film abstracto y a la vez universal. La película, desde una estructura romántica, reflexiona sobre la búsqueda personal, la realización del ser humano. Los que hayan querido ver en este film una obra cercana a la de Henry James o a la de E. Warthon, autora de La edad de la inocencia, se equivocan. Su estilo va hacia otra parte muy diferente. Concretamente se emparenta más directamente con la literatura de Sthendal o de Von Kleist, por lo que no es extraño ver vagar por la pantalla el espíritu de algunos títulos de estos autores, llevados al cine en obras tan magistrales como Vanina Vanini (Rosellini), La marquesa de O (Rohmer) o El príncipe de Hamburgo (Bellochio).

Verdad y mentira se funden en los personajes y en la propia (arriesgada) narración del protagonista. Se funden los recuerdos con lo que se quiso fuera o con aquello que se intuye. Coixet, a pesar de sus miradas hacia lo que conoce y siente como propio, crea una propia realidad hecha de ensueños y de engaños a los que los personajes necesitan acogerse para poder seguir viviendo.

El inteligente uso de las elipsis, la presencia de una fotografía simplemente increíble, la composición de todos los momentos del film en forma de cuadros vivientes, bordea la producción con un tono inusual y raro para estos tiempos que vivimos. Casi nada, una mujer que no renuncia a "ser culta", que admite desde su humildad, "beber" de los lugares en los que ha mirado para construir su obra (¡cuanto deberían aprender los muchos Ulloas que alberga el mundo cinematográfico español sobre la gran lección de humildad y cine que hay en las imágenes de Coixet!). Una mujer que sin renunciar a la creación admite su propia cultura graduada en otras miradas.

A los que aman puede resultar fría, distante como forma de acercarnos a lo que allí se narra carece premeditadamente de la pasión que genera una subjetividad que obliga a "quemarnos" con la historia. Su frialdad está en función de un enjuiciamiento de los hechos, de una lenta, pausada reflexión sobre aquello que se dice, no, por otra parte, tan lejano a Cosas que nunca te dije. Y es que en este mundo de relaciones las cosas (en el ayer y hoy) no han cambiado tanto.

Film literario si se quiere pero nunca literatura contra cine. No, el todo presentado es de una rara justeza, tiene el delicioso sabor de un vino de reserva, de cultivado producto con sabor a tierra y cielo, cuidado hasta en el más mínimo detalla. Película llena de sensibilidad (¡que aprenda la señora Campion a tocar las teclas sensibles y profundas que no alcanzo en aquel extravagante El piano!), de amor y de dolor. Cine de miradas, de reflexiones, de juegos con el tiempo y el espacio. ¡Que bien construido aquel instante en el que se recorre (al unir tiempos) todo el camino que muestra la curación de Matilde niña!. Película sobre el aprendizaje, la búsqueda del "otro", el sin sentido de los sentimientos imposibles (uno ama a uno, que a su vez lo hace a otro que quiere al de más allá, y el de más allá...). También reflexión sobre los diferentes tipos de amor. Sobre lo que es y representa. Sobre ataduras y liberaciones.

Estamos cerca de una obra maestra. El problema de no reconocer su categoría, su gran categoría, es posible al pensar que lo ha hecho una joven mujer, que, además, en el colmo de los colmos, es una intelectual. Algo imperdonable en un mundo vulgar donde lo que domina es la grosería o el falso empalago.

Dignidad de seres que tratan de encontrar una respuesta a unas preguntas que quizás no tienen contestación. De momento miran al cielo y descubren que las nubes envían mensajes siempre diferentes. ¡Que gran galería de personajes! Ese médico que piensa que la verdadera curación está en la mente, que sigue hasta el fin buscando una respuesta a sus preguntas o su hermano castrado para evitar la bestialidad del amor o aquella monja que piensa en la realidad de otros (de los) amores o de una niña que cree necesario enjaular (como hicieron con Melanie en Los pájaros de Hitchcock) a los seres que ama o una mujer que "gana" a los hombres, Valeria otro personaje inolvidable ("yo olvidaré, dirá en una de las última escenas, pero tu siempre seguirás pensado en tu culpa y en el rostro que nunca has poseído") en este raro, complejo film.

Secuencias, escenas se suceden de manera precisa, desde el sentido de la sugerencia. La insinuada violación (brutal) de una niña, el gesto de Valeria, con rabia, volviendo a ponerse el pelo en su lugar como forma de reafirmar su libertad frente al hombre que osa, desde una caricia, llevarlo detrás de su oreja, o ese plano que muestra el roce de una mano sobre otra, o aquella sonrisa de una niña desde su cama o, en fin, la granada cayendo sobre la tierra. Cuanta sapiencia hay en todas esas imágenes y en el resto del film.

Cielo y tierra fundiéndose en los planos. La lluvia, el día, la oscuridad, el sol se juntan afirmando una cruel y a la vez necesaria existencia. Un espejo trasladándose por el campo, unos trazos oscuros que forman un cortejo fúnebre (¿El séptimo sello?), los espejos señalando un mundo de traiciones, de mentiras, la lucha de sexos enfrentándose en duelos constantes, una tormenta (símbolo de tantas tormentas interiores) restallando a lo lejos. Un árbol, en fin, sólo en el centro de un paisaje desolado, unos pájaros que vuelan ante la estampida humana, unas cartas de amor inexistentes en su existencia. Cuantas emociones desde la emoción de una sensibilidad desbordante.

Una, sin duda, de las películas más hermosas, más tristes, más cinematográficas que nos ha dado el cine español en los últimos años. No renuncio a decir que A los que aman será un título imprescindible para la historia del cine español. El tiempo lo asentará en el maravilloso lugar que le corresponde.

Isabel Coixet puede estar orgullosa. Quizás la "sensibilidad" actual no pueda reconocer la sabiduría que hay en sus imágenes ¿Cómo es posible, de no ser así, que nadie se haya preocupado de seleccionar la película para algún festival, que no esté presente en ningún Certamen? Y es que entre esta obra de Coixet y Los amantes del Circulo Polar o Barrio hay la misma diferencia que puede existir entre aquella pretendida tercera vía del cine español (o la comedia actual heredera de aquella) y el cine, por ejemplo, de Patino. Lo decimos por eso, por su presencia y/o ausencia en cualquier certamen. Una gozada estética y reflexiva. Espero que por bien de todos Coixet siga, contracorriente, haciendo cine y contándonos muchas, muchas más historias, aunque algunas de ellas sean cosas que ya nos dijera en otra ocasión. De todas manera estoy seguro que en su próximo y esperado título tenga aun que decirnos otras muchas, muchas cosas que aun "nunca nos ha dicho". ARTE.

Adolfo Bellido.


Estación central de Brasil de W. Salles

Hay ocasiones pocas, en las que al apagarse las luces y comenzar a fluir los fotogramas ante nuestros ojos, reconocemos que aquello que estamos viendo es verdadero cine. Con este film (junto a Secretos del corazón y El ladrón fueron las tres películas nominadas al Oscar a la mejor película extranjera del pasado año, que tenían a niños como protagonistas. Ninguna de ellas, como sabemos, se llevó el galardón) nos encontramos ante una de esas ocasiones.

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A primera vista la película puede entenderse como un relato sobre la situación difícil y en muchos casos atroz en la que viven los desheredados de viejo y nuevo cuño en Brasil. Este planteamiento está presente en la película y escenas tan escalofriantes como el asesinato del ratero, o la expulsión de Josué de la estación por los mismos guardianes que espantaban a un famélico perro, no dejan lugar a dudas y valen por sí mismas más que muchos películas dedicadas a demostrarnos lo obvio. Sin embargo con ser eso mucho, la película transciende ese planteamiento intentando llevarnos a las raíces íntimas desde las que brota la situación y con ello a las vías por las podrá ser superada.

En este sentido el arranque del film es magistral: en un andén vacío vemos agolparse, de pronto, a los que viajan en el tren que acaba de llegar, pero sólo vemos su pies. A partir de ese instante asistimos a una interminable sucesión de seres que van y vienen, que pasan sin detenerse y sin mirarse y que conforman un conglomerado impersonal y caótico de gentes de las que nada sabemos pero todo intuimos.

Sin embargo la cámara no se resigna a mostrarnos a esta masa indefinida y busca a los personajes principales. Es así como conocemos a Dora (¡que actriz tan fantástica!), dedicada a escribir las cartas que le encargan aquellos que no saben leer ni escribir, personajes que aparecen brevemente en la pantalla. Pronuncian sólo un par de frases pero sugieren por si solas toda una historia. Primeramente vemos solamente las manos de Dora (su trabajo es rutinario e impersonal), más tarde su rostro con mirada esquiva. Posteriormente conoceremos su moral degradada cuando arroje a la basura alguna de las cartas en las se encierran las últimas esperanzas de los que pagaron por escribirlas. Conocemos también a Josoué y a su madre, quienes se aferran a la tenue ilusión de un padre al que el niño aún no conoce. Vemos fugazmente a otros personajes a los que la cámara se acerca con ternura, les persigue mientras puede, lucha con la multitud para rescatarlos y presentárnoslos.

Al morir la madre (una secuencia espléndidamente rodada) tendremos la excusa para seguir la pista de ese niño y de su ocasional madre adoptiva en un viaje que es sobre todo hacia si mismos, al encuentro del otro, al reconocimiento de su capacidad para amar. Poco a poco las miradas de Josué y Dora se van cruzando, se encuentran y acaban recreándose en la del otro. El surgimiento de la afectividad significa la quiebra de lo que representa la estación de Río, y así, Dora es capaz de escribir de nuevo las cartas que le encargan, pero mirando, ahora, a los ojos de los que se las dictan, viviendo en cierta manera sus problemas, anhelos y esperanzas.

Al final Josué no encuentra a su padre, pero sí un lugar en el que reconocerse. Allí recupera la peonza perdida en el momento de morir su madre. Dora vuelve a Río pero ya no es misma: se pinta los labios, desea gustar, atraer miradas; es capaz incluso de escribir una carta propia, lo que es tanto como reconocer la validez de toda su existencia pasada, de sí misma como persona.

La pregunta que queda abierta se refiere al futuro de estos personajes y con ellos al de Brasil en su conjunto. La respuesta que la película nos da es positiva, pero no porque crea ver indicios en la realidad que fundamenta el optimismo, sino como una apuesta, como una opción moral. A pesar de los fracasos, de las dificultades que sin duda existen y existirán, el realizador nos presenta a Josué (quien tras cada decepción se aleja hacia la luz) y a los que como él todavía conservan la esperanza (una esperanza laica nos repite el director quizás de una forma reiterada) como los artífices de un cambio de situación.

Una película, en fin, que nos reconcilia en primer lugar con ser humano, y secundariamente con el cine. INFANCIA. VISIÓN DE UN PAÍS.

Marcial Moreno


Tango de Carlos Saura.

Bella indagación sobre el mundo de la imaginación, de la creación artística. Impecable la fotografía, la escenografía, la música, la interpretación. La luz, explotando, como captación de un mundo. Insinúa más que muestra, dibuja más que refuerza. La historia de un país. El recuerdo se junta al juego que plantea la relación entre la vida y el arte, la verdad y la mentira, lo vivido y soñado. Un Saura diferente, pletórico. Para algunos la mejor película de su director. El film fue analizado más ampliamente en el número cero de EN CADENA DOS (octubre, 1997). ARTE, MÚSICA, HISTORIA, TEATRO, CINE.


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