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ENTRE DOS FUEGOS (película con momentos logrados, con cierto interés pero que no llegan a la categoría de buenas)

 

Los años bárbaros de F. Colomo.

Todo lo que toca Colomo lo convierte en comedia. No estaría mal si los resultados estuvieran siempre a la altura del empeño (comedias eran las italianas, y terriblemente duras Todos a casa o La gran guerra). Aquí se queda a medio camino. La cosa comienza mal y termina peor. Una pena. Ciertas escenas a pesar de su carácter idea son excelentes (la del mar), otras sencillamente lamentables. Algunos no le perdonaran a Colomo que haya convertidos en graciosos los terribles años 40 de nuestro país. Para nosotros el problema es otro como la falta de equilibrio de su film. HISTORIA DE ESPAÑA. AÑOS 40. En el número cero de EN CADENA DOS apareció un análisis más extenso de la película.


Barrio, de Fernando León de Aranoa.

Lleva poco tiempo en las carteleras y ya ha merecido elogios muy favorables, tal vez debido a la especial consideración que buena parte de la crítica guarda con nuestros jóvenes realizadores. Una actitud defendible en tanto que espoleadora de carreras incipientes, pero algo peligrosa si insiste en sobrevalorar filmes que no pasan de aceptables y en ver virtudes allí donde tan sólo se dan ajustes imprescindibles, porque pueden confundir a sus autores impidiéndoles percatarse de los comprensibles defectos de sus creaciones y, en consecuencia, corregirlos en los sucesivos trabajos.

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Tal peligro amenaza ya al joven Fernando León. Su segunda película da cuenta de las peripecias juveniles - individuales y compartidas - vividas por tres amigos en plena calígine veraniega y en el escenario que les propicia el barrio periférico al que pertenecen. Valiéndose del montaje alternado, el realizador nos ofrece en sucesivas escenas, servidas a modo de ráfagas, un relato fragmentario en clave realista. Sin embargo, es al articular las peripecias que dan cuerpo a la trama donde el film evidencia sus principales fallos y no sólo por el hecho de que, en esta historia a tres bandas, no se guarde simetría en las proporciones y se obvien prácticamente las circunstancias familiares de uno de los protagonistas, Rai, precisamente aquel que, por su carácter más indómito, ejerce cierto liderazgo sobre los restantes y con su actuación temeraria precipita la tragedia final.

Y es que, en este relato de pretendida denuncia social las piezas van encajando para no dejar ninguna salida a los personajes, condenados inexorablemente a la desesperanza. Pero es justamente ahí donde los contenidos naufragan. Al querer mostrar el lado más duro de la realidad, se fuerzan las peripecias hasta el límite propiciando la incoherencia de las situaciones que terminan por no ser creíbles y obteniendo con ello el efecto contrario al que supuestamente se perseguía.

Desde esa forzada incoherencia, el espectador asiste asombrado al robo de trofeos en una tienda que, pese a su buena apariencia, no cuenta con ninguna alarma de seguridad; observa atónito cómo un joven vendedor de pizzas puede mantener su puesto de trabajo pese a que entrega los encargos tarde, mal y fríos; ve pasmado que la joven hermana de uno de los protagonistas practica el sexo dentro de un coche - en condición de qué nunca lo sabremos - ante la misma puerta de su finca y, lo que es más, comprueba cómo el relato destruye las expectativas que previamente le había creado: al mostrar la torreta de vigilancia de un centro penitenciario mientras, primero, el padre de Mano, y después, el propio muchacho descienden del autobús, se le remite a la situación de preso del añorado hermano mayor y no a la del heroinómano terminal que resulta ser. Fallos de guión todos que convierten el entramado narrativo de la película en un engranaje chirriante cuyas piezas se mueven con dificultad sin conseguir atrapar al espectador. Y es que sólo el buen cine es capaz de articular universos creíbles donde los elementos del relato, en conjunción perfecta, fluyen adueñándose del espectador hasta el momento en que la luz de la sala lo devuelve a la realidad. MARGINACIÓN. JUVENTUD.

Antonia del Rey Reguillo.


Los miserables de Bille August

Un film que recrea una adaptación literaria de la novela homónima de Victor Hugo. Tiene las características del folletín y del melodrama. El personaje de Jean Valjean, un convicto que es interpretado por el actor irlandés Liam Neeson, encarna al héroe que se esfuerza por redimirse. Es sinónimo de bondad a toda prueba. A través de su persecución podemos comprobar la injusticia de las leyes y la vanalidad de los funcionarios. Su oponente es el excarcelero Javert, interpretado por el actor australiano Geoffrey Rush, que ahora es inspector de policía. Si aquel encarna el bien, éste es la figura del mal y no cejara en perseguirlo a pesar de las múltiples pruebas de que se haya redimido. La película es un poco de terror, un poco policiaca y siempre melodramática. Provoca la piedad de los espectadores respecto al exconvicto y el rechazo del policía. No acabamos de entender bien por qué esa ferocidad persecutoria, esa maldad, el esfuerzo del funcionario que pone por encima de las personas el cumplimiento de la ley, sin pararse a analizar la circunstancias que llevaron a delinquir a la víctima, ni la adecuación de la ley al delito: el sueño de la razón produce monstruos. MARGINACIÓN. ADAPTACIÓN LITERARIA.

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Daniel Arenas


Un crimen perfecto de A. Davis

Una película escasamente relevante del gran Hitchcock parece ser el (equivoco) punto de arranque de este film de Davis, realizador entre otras varias películas (de escaso interés) de la muy amena El fugitivo, inspirada a su vez en la celebre serie de televisión. El film de Hitchcock al igual que este de Davis se inspiran en una obra teatral de Frederick Knott. Davis, y ese es un tanto a su favor, ha dejado a un lado a Hitch. Hay que agradecérselo también. Hitch es mucho Hitch aunque Crimen perfecto sea uno de sus films de menor interés. Por cierto se rodó en relieve aunque prácticamente en ningún sitio se vio así. En realidad sólo poseía dos efectos para el sistema. El más preciso el de las tijeras defensa-asesinas dirigidas hacia el espectador. Una broma de Hitch. Al parecer en Valencia, en el certamen Cinema Jove de hace dos años, se recuperó una copia en ese sistema. Un dato para la historia.

El film de Davis ha optado por airear la acción. También se agradece. Los personajes se mueven por distintos escenarios. Tampoco existen salas de juicios. Las accione se resuelven entre los tres actores culpables en mayor o menor medida de ciertas actuaciones. Son el marido tiburón de finanzas y prendado del dinero de su mujer, el amante de la mujer (ídem de ídem) y la mujer adultera. Un mundo opresor que ahoga a los personajes. Mundo de mentiras continuadas. Una buena fotografía, una cámara que "deja ver" lo que ocurre, algo a lo que los directores actuales no nos tienen acostumbrados, y unos actores sólidos son el condimento de un film que se deja ver. Entre los actores sobresale esa "comepantallas" que es Gwyneth Paltrow. Otro detalle importante: en la película tienen mucha importancia los gestos y las miradas. Un hecho que el cine actual no prodiga preocupado exclusivamente en ceñirse al guión y dejar que los actores reciten. No se si eso de las miradas será el (escondido) homenaje a Hitch, el rey de las miradas en cine. Por cierto el final de la película, probablemente, en su pretendida ambigüedad hubiera hecho las delicias del maestro. ADAPTACIÓN.

Mr. Arkadin


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