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ÁBRETE DE OREJAS

 

MIGHTY JERRY YOUNG

(A propósito de Mulan, Pequeños guerreros y la música de Jerry Goldsmith)

En un año en que muchos ya dan como favorito para el Oscar a la Mejor Banda Sonora en Film Dramático a John Williams por Salvar al soldado Ryan, su eterno rival en el corazón (y la discografía) de los amantes de los soundtracks, Jerry Goldsmith, ha realizado dos de las pocas elecciones acertadas de su carrera en la última década: fichar por Walt Disney y volver a trabajar con el tándem Joe Dante & Steven Spielberg. Fruto de estas elecciones surge sus dos últimos trabajos editados: Mulan y Pequeños guerreros.

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Jerry Goldsmith

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Quizá a los menos habituados a su música suene exagerado hablar de tal falta de acierto, pero lo cierto es que en los últimos años la mayor parte de sus trabajos se debían disfrutar en CD, porque la película era insufrible (baste recordar para ello títulos como Decisión crítica, Reacción en cadena, U.S. Marshalls o Star Trek: primer contacto) y, paradójicamente, su disfrute en la cadena musical era desilusionante: primero, porque la mayor parte de sus trabajos los edita la empresa Varese Sarabande, que tiene por norma sacar al mercado compactos cuya duración no excede de treinta minutos (porque en Estados Unidos se compran los derechos por bloques de quince minutos), con lo que gran parte de la música queda fuera de la edición discográfica oficial (¡ya llegarán las piratas, promocionales, especiales y cualquier otra versión, ya!). Y segundo, porque cada vez más Goldsmith compone pensando en las imágenes y sus partituras funcionan mucho mejor cuando se ven en la película: no escribe música para vender discos, sólo para acompañar a las imágenes. Resultado: la música queda "coja" en muchas ocasiones cuando se escucha por separado.

Sol naciente

 

De Mulan, la película, poco sabemos, salvo que es la nueva propuesta anual de los "clásicos Disney". Quienes la han visto allá en su país de origen (Florida, se entiende, no vayáis a pensar que hablamos de dibujos nipones) dicen que se trata del trabajo más serio de la factoría en los últimos años... aunque alabanzas de este tipo ya habíamos escuchado de Salvar al soldado Ryan y cuando hemos podido verla la cosa cambia mucho, sobre todo porque concluida la media hora inicial (que no tiene por qué aparecer en el film ya que el soldado Ryan no estuvo en el desembarco y, por tanto, no puede "recordar" lo allí sucedido) el film es mucho más discursivo y be-li-cis-ta de lo que nos habían vendido.

Sobre la banda sonora del nuevo Disney, señalar que sigue las pautas marcadas por el tándem Alan Menken & Howard Ashman (creadores de La sirenita, La bella y la bestia, Aladdin y Pocahontas), es decir, canciones que hacen avanzar la narración, una de las cuales sirve para extraer una versión pop ("Reflection") que se venderá correctamente en las listas de éxitos... aunque en sus primeras audiciones no resulta tan pegadiza como "A whole new world" (de Aladdin) o "Beauty and the beast" (de La bella y la bestia). El resto, variaciones sobre uno o dos temas principales y música incidental con amplia orquestación.


¡Estoy vivo!

 

Salvadas las formalidades del sello Disney, el CD nos muestra un trabajo variado de un Goldsmith en plena forma. Comienza precisamente con una "Suite" donde se recogen algunos de los motivos más significativos de la partitura, lo que permite apreciar que al menos tres o cuatro temas tendrán peso específico en la obra (aquí no hay tantos problemas con la edición –Disney vende bien- y el CD sobrepasa los cincuenta minutos de duración).

En los demás temas es fácil adivinar el sello del californiano, sobre todo en la abundante percusión (que alcanza clímax estremecedores en "La decisión de Mulan" y "El ataque de los hunos") y, cómo no, por unos fragmentos sombríos, duros, poco habituales en los productos infantiles de la casa, siendo ejemplar en este sentido el corte 9, "Blossoms", con reminiscencias del Goldsmith centrado en el misterio y terror exótico, sobre todo recuerda algunos pasajes de Congo.

Un disco correcto, que podría llevar a Goldsmith a conseguir su segundo Oscar (el primero lo consiguió en 1976 por La profecía), sobre todo si tenemos en cuenta que la Academia tiene por norma premiar a los productos Disney (un tal Alan Menken lleva un total de ocho Oscars en apenas una década, y hasta un tal Hans Zimmer ha ganado su Oscar por El rey león con una banda sonora que "homenajeaba" -¿o plagiaba?- un trabajo suyo anterior para un documental sobre Africa), aunque es un título muy inferior a su única banda sonora para dibujos animados hasta la fecha: la inolvidable El mundo secreto de la señora Brisby de Don Bluth. La única pega es que precisamente este año, un tal Hans Zimmer ha compuesto su obra magna para la superproducción de dibujos animados de la competencia: El príncipe de Egipto (de Dreamworks SKG, ya sabéis, Spielberg-Katzenberg-Geffen), un mastodóntico trabajo que será editado nada menos que en tres compact-discs.


Esa pareja feliz

 

Joe Dante es un caso curioso en el panorama norteamericano actual. Formado en el cine de "serie B" de la factoría de Roger Corman (con Hollywood Boulevard, Piraña y Aullidos), se dio a conocer gracias a su descarada imitación de Tiburón de Steven Spielberg, en un film, Piraña, con mucha más mala leche (sobre todo en su visión de los militares y sus experimentos). Curiosamente, el propio Spielberg le reclutó para un film de episodios (En los límites de la realidad) y desde entonces ha apadrinado la mayor parte de su filmografía (Gremlins, Gremlins 2, El chip prodigioso, No matarás al vecino, el episodio Mister Boo de la serie de televisión Cuentos asombrosos, y Pequeños guerreros). Tan sólo recordamos un título de Dante no producido por Spielberg, Exploradores, que curiosamente retomaba muchos de los temas de ET-El extraterrestre para elaborar (casi) una parodia de la "amistad intergaláctica", de las relaciones entre padres y los hijos (aunque sean extraterrestres) y del poder de la televisión. Hasta en sus títulos más flojos, Joe Dante siempre ha tenido una tendencia innata hacia la gamberrada, le encanta partir de estereotipos (el cine de hombres-lobo, el cine de monstruos, la ciencia ficción clásica...) para jugar con ellos y, como el que no quiere la cosa, lanzar hirientes dardos sobre las instituciones básicas de cualquier sociedad, pero principalmente la norteamericana (la familia, el ejército, la comunidad de vecinos...). En el fondo sus películas acaban siendo discursos sarcásticos sobre los mismos temas que trata su mentor, Steven Spielberg, en gran parte de su producción (Tiburón, Encuentros en la tercera fase, Always, Parque jurásico o ET), aunque éste último siempre se los tome "en serio".

Los dos títulos de serie-B que fraguaron la fama de Dante contaron con excelentes partituras del italiano Pino Donaggio, pero fue a partir de su asociación con Spielberg cuando ha contado en todas las ocasiones con el mismo músico: Jerry Goldsmith. Desde el desternillante "Gremlin Rag" (que acompaña las gamberradas de los protagonistas) a las parodias del "spaghetti-western" incluidas en No matarás al vecino (como la escena del duelo entre los vecinos), Goldsmith siempre ha ofrecido soluciones tan ingeniosas como las propias películas, donde da la impresión que disfruta tanto que hasta se permite el lujo de salir como actor (en Gremlins 2 es un espectador que cuando va a entrar al cine encarga unas palomitas y no las llega a comprar porque... ¡están llenas de gremlins!).


Sigue vivo

 

Ahora nos llega Pequeños guerreros, que vuelve a insistir en el planteamiento gamberro habitual en Dante, ofreciéndonos jugosos comentarios sobre el ejército (auténticos muñecos incapaces de razonar, sólo matan), la mujer (que tomará el mando para salir de apuros, mientras los hombres... ¡se esconden en un armario!), la televisión (un vecino prefiere cortar las ramas de un árbol para que no moleste a su parabólica) y la industria de los juguetes (los protagonistas están diseñados para matar y morir, respectivamente).

Para este cóctel con excelentes efectos especiales (y algunas deficiencias notorias en la construcción del guión, todo hay que decirlo), Goldsmith ha compuesto una partitura agradable de escuchar, aunque se echa en falta un "Ave Satani" (en la parte tétrica) o un "Gremlin Rag" (en la parte de coña) que la haga absolutamente inolvidable.

El primer corte, "La cadena de montaje", recoge el tema principal desarrollado mientras vemos los títulos de crédito sobre imágenes del ensamblado de los juguetes protagonistas. Es la única vez que esta marcha militar está desarrollada con absoluta seriedad, en un crescendo que funciona a la perfección. Pero luego llega la parodia, y Goldsmith fustiga esta marcha con punteos de una "guitarra eléctrica" y algunos efectos de aire oriental que recuerdan a su partitura de Rambo (recordemos que era aquel título en que el Stallone resolvía entuertos en Vietnam tras darse el budismo una temporada). Estos efectos "orientalizantes" se basan en tres notas que, al mismo tiempo, casi parecen un homenaje al motivo de cuatro notas utilizado como tema principal de Patton, una película que también aparece ironizada en una escena del film, con el discurso del oficial delante de la bandera de los Estados Unidos.

Para cerrar el carácter paródico, Goldsmith utiliza en muchos momentos, fragmentos de un tema tradicional, "When Johnny comes marching home", un tema que se ha asociado siempre al western y al cine bélico. Otro "himno" militar que Goldsmith parodia, aunque la operación no sea del todo original, ya que este mismo tema lo utilizó Laurie Johnson en la partitura de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, aquella demoledora sátira de Stanley Kubrick sobre la carrera armamentística y sus peligros. Con todo, Goldsmith no se limita a utilizar el tema, sino que lo integra dentro de la partitura, como parte de la misma, junto con sus temas originales, logrando una simbiosis que en pantalla funciona muy bien y que fuera, en el disco, se oye con distracción.

Una brillante orquestación, algunos momentos de tensión y el recurso continuo a variaciones de la marcha militar, rota siempre con algún efecto irónico, componen la mayor parte de los treinta minutos de una banda sonora que, como está editada por Varese Sarabande, se nos antoja corta para la cantidad de música que hay en el film. Un trabajo que sirve para recordarnos que Goldsmith sigue vivo y lleno de inventiva.


El hombre ilustrado

 

Y para demostrar que sigue siendo maravilloso, este jovencito va a regalarnos por su setenta cumpleaños una segunda visita a España, concretamente al Teatro de La Maestranza de Sevilla, para ofrecer dos conciertos. El primero, el 4 de noviembre, estará dedicado a la música de Bernard Herrmann. El segundo, el 7 de noviembre, a su propia música. Será la segunda (y probablemente la última) vez que podamos verlo dirigir en directo una orquesta sinfónica. La ocasión merece la pena, porque los que tuvimos la suerte de asistir a los dos únicos conciertos que ha ofrecido en España (también en La Maestranza, hace ahora cinco años) no pudimos por menos que contestar a la aparente frialdad del maestro con largos minutos de aplauso en compensación por su interpretación de títulos como Desafío Total, MacArthur, Patton, Poltergeist y, sobre todo, en aquella mágica noche, el estreno de Rudy y el bis con Bajo el fuego, una de sus incontestables obras maestras. Si os dais prisa aún podéis reservar entrada por fax (en el 954 22 54 08). Allí nos veremos.

 

Sabín


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