| AMANECE QUE NO ES POCO (Relación
de películas que con un poco de suerte pueden llegar a entretener)
Amores en tiempo de guerra de Leland.
Al final un letrero nos indica que la película se ha filmado en los estudios Ealing. Se supone que los interiores. Esa alusión nos hace pensar en aquellos (otros) míticos estudios ingleses. Desde allí dieron lecciones de cine varios realizadores, como por ejemplo Markendrick, en los años cuarenta- cincuenta. Hoy el cine británico tiene poco que ver con aquella etapa gloriosa. Como la mayor parte de las cinematografías tratan de salvar el tipo como pueden. Leland junto a otros cuantos realizadores quiso, hace unos años, introducir aire fresco en la producción británica. Un intento que se quedo en eso, en intento.
El retorno de Leland después de varios años es con esta película, que supone un híbrido entre el "recuerdo" y el (es mucho decir) melodrama romántico. Lo que ocurre es que los personajes (todos) no encajan en la época (esa "lanzada" de nombre -? - Prudencia), y la narración no acaba por seguir una línea clara. La historia recuerda Belle époque de Trueba, junto con otros títulos, para acabar (en el final) como -¡que más quería - Esplendor en la yerba de Kazan. Queda una reconstrucción de la época, algunos momentos logrados (la secuencia de amor entre Joe y Stella, un amor que se contiene pero que está explotando), la interpretación de todos sus personajes. Un humor ligeramente esbozado barniza las situaciones. Recordemos también la idea (más que la resolución) de las mujeres "asistiendo" desde la colina a los bombardeos sobre la lejana ciudad. Tan inútil como soportable. SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. EL CAMPO. LA MUJER. Arkadin
Mascara del zorro, La de Martin Campbell
Era de esperar el resultado final de este producto conociendo quien era el director. Poca cosa da de si esta vulgar película cómica de aventuras, de Zorro tonto, como ha dicho alguien. Realmente se encuentra más cerca de Fan-Fan el invencible (Ch. Jaque, 1952) que de El signo de el Zorro (Mamoulian, 1940). Un intento de película con mucha "caña", pero con suave (o diluida) ironía. El resultado bien mirado es irrelevante. Se trata de poner tres secuencias de peleas (semejante a las persecuciones de automóviles en Ronin, aunque ahí se contase con un guión mejor construido) en la película (principio, mitad, final), de forma que el espectador se sienta atraído por lo que ve. Lo que ocurre es que los referentes están utilizados de mala manera (¡hasta se nombra implícitamente a El conde de Montecristo, Sangre y arena de Valentino-Niblo!), mientras que la realidad y la fantasía se entremezclan sin una lógica. Por ejemplo el Zorro (y sus enemigos de ficción) se junta con Joaquín Murrieta y otros hechos históricos.
Apuntes como la presencia de un capitán de la caballería yanqui no son relevantes frente a un conjunto demasiado débil, con lagunas de lógica realmente inconcebibles. Recuerdo en este sentido:
Algunas secuencias, dignas de una mejor película, resultan al menos divertidas. Es el caso del primer duelo entre el Zorro Banderas y los soldados del gobernador o la eliminación de sus perseguidores a (y en) caballo en una secuencia posterior. Los fallos de estructura, de sentido terminan por torcer las posibilidades. Uno de ellos corresponde al personaje femenino, mal trazado ya que actúa desde su aparición de forma incomprensible para el (complaciente) sufrido espectador, al que realmente le da igual esto que aquello, mientras pueda consumir "felizmente" la incongruencia de una historia que desde el principio aparece como conocida. Realmente aquí el espectador va por delante de lo que se narra. Todo le resulta sabido.
Blade de S. Norrington (Consultar SIN PERDÓN del nº 1 de EN CADENA DOS)
Nada en la nevera de Armero (Consultar SIN PERDÓN del nº 1 de EN CADENA DOS) |