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CERCA DEL CIELO (películas estrenadas que son buenas aunque no llegan a la categoría de obras maestras)

 

A los que aman de Isabel Coixet. (Consultar SIN PERDÓN del nº 1 de EN CADENA DOS)

 

Alice y Martin de André Téchiné

 

Uno de los más hermosos y arriesgados films de Téchiné. Con un planteamiento que exige la elipsis continua se ofrece una gran lección de cine. Dos horas y diez minutos de las más intensas que se han podido ver en una pantalla. Todo es válido (lo real, la obsesión por el pasado, lo imaginado y presentido) para acercarnos a una historia dolorosa donde el amor y el dolor se unen para lograr la redención de un individuo carcomido por la culpa. Martin es un ser que tiene todo para triunfar pero se siente ahogado por un sentimiento de culpa (el haber matado al padre), cuyo estallido va a coincidir con el mismo momento que sabe va a ser padre. Un momento no demasiado afortunado al incluir un forzado (¿por qué no se mostró en el momento justo? ¿Por qué no se ha eliminado? El espectador ha intuido ya, por múltiples detalles, ese hecho) flash back explicativo, algo que rechina más en un film que es sugerencia plena.

 

Obra física en la que el espectador debe poner mucho de su parte para construir el puzzle que cierre las idas y venidas de los personajes, sus odios y amores, huidas, dolores y ansias. Seres encerrados en un ambiente claustrofóbico (llámese ciudad provinciana, familia), de donde quieren salir. Luchan para ser, encontrarse. Es preciso salir hacia adelante, aunque no se sepa muy bien lo que van a encontrar al final de su camino. Pueden vencer o fracasar, pero eso da igual. Al fin y al cabo ésta es una historia de fracasos y de amores, de cariños bien o mal entendidos, de errores y de logros. Todos los temas (la vida en un múltiple abanico de posibilidades) aparecen el film punteados por la historia del atormentado "Ricardo III" shakesperiano. No es casual la cita sino un (hecho) referente que engloba a todos los personajes en su errático caminar.

 

Película incomoda y difícil para el espectador y quizás para el crítico enseñado a "alimentarse" de cine vulgar. Aquí, Téchiné, exige del espectador algo más que la simple visión de las imágenes. Hay que descubrir las "claves", llegar a comprender las actuaciones de los seres en el reflejo de la vida que es el film. Excelentemente concebido Alice y Martin al vivir una relación amorosa, que en muchos momentos semeja una relación materno-filial. Al fin y al cabo Martin se refugia en Alice para encontrar a la amante y a la madre de la que fue apartado cuando era niño. Una madre por otra parte lejana, escasamente preocupada por su hijo (papel que interpreta Carmen Maura). Excepcionales, pues, Alice y Martin en cuanto a "vivencia" de personajes y en cuanto a interpretación.

 

No hay condena para ninguno de los seres que habitan el film. Lo grande de Téchiné es que observados a todos ellos con gran objetividad, admite (y, hasta, disculpa) sus formas de actuar. La objetividad es precisa para que el espectador pueda acercarse a los personajes y entenderlos en sus, a veces, imprevisibles actuaciones. Gran importancia tiene la naturaleza, el agua sobre todo, que está presente a lo largo del relato equiparable a la cadencia de un tango (alusión hecha por Alice y que se concreta en el imaginario-real tango bailado en la calle mientras los coches - el mundo - pasa rozando a los bailarines).

 

Pocas veces una película tan larga ha sido "tan" rápida en su resolución. El corte brusco que se señala en su comienzo (un prologo que nos conduce a una continuación de diez años después) es la forma establecida para todo el relato. Saltamos bruscamente de un momento a otro, que se sitúa más allá del tiempo. Hay que adelantar siempre en la sucesión de una historia en la que todo está medido (los cuervos comiendo el animal muerto, los carteles que hablan de la campaña política del hermanastro de Martín, el desafío de Martin a "la nieve" o su negación a no morir en el agua, el final brusco pero exacto, la luz "estallando" sobre Martin a la puerta de la casa de la playa del S. de España en la que habita...) y en la que no se encuentra ningún elemento innecesario. Pocos films como este pueden convertirse en saltos de tiempos generalizados. La cortedad de las escenas se "precipita" con unos cuidados movimientos de cámara utilizados incluso como montaje.

 

Un bello e importante film. Sin duda uno de los mejores y más complejos del año que esta acabándose. Téchiné se afirma, a cada película que hace como uno de los grandes realizadores del momento actual. FAMILIA. CULPABILIDAD. MORAL.

Adolfo Bellido

 

L’arbre de les cireres de Marc Recha

"Les possibilitats d’expressió i escriptura són infinites,

s’amplifiquen d’una manera quasi insultant" M.R.

 

El primer llargmetratge de Marc Recha ens sorprengué, de bon començament, per la gosadia de les seues propostes: fotografia en blanc i negre, absència de diàlegs, veu en off que recitava el text quasi complet d’Oceanografia del tedi d’Eugeni d’Ors. Després, ens fascinà per la qualitat del resultat. arbol.jpg (16377 bytes)

 

El cielo sube (1991) és, encara avui, una de las majors rareres que ens han oferit les pantalles valencianes en molts anys. Un exercici de fascinació visual i sonora només comparable - per posar dos exemples també pròxims i recents - a Ojala, Val del Omar (1994), de Cristina Esteban, i a Tren de sombras (1997) de José Luís Guerín. Resulta difícil trobar títols tan obertament abocats a l’experimentació i al risc formal; tan despreocupats per la possible carrera comercial de la pel.lícula.

 

 

L’arbre de les cireres, que tot just s’acaba d’estrenar és una proposta menys arriscada i, al meu parer, de menys qualitat que aquell primer treball de Recha. L’espectador se n’adona, de seguida, de quines són les regles d’aquesta reposada narració, situada en un poblet perdut de la Vall de Gallinera; es familiaritza ràpidament amb l’estructura fragmentària que encadena escenes, llocs i personatges com si volguera posar davant dels nostres ulls les desordenades peces d’un gran trencaclosques. Junt a l’estructura fragmentària cal parlar d’altres dos trets caracteritzadors: l’economia dels enquadraments - no puc deixar d’esmentar l’escena de la mort d’un dels personatges, més emotiva, potser, perquè el cinema actual ens dóna molt poques oportunitats ja de contemplar la mort natural, quotidiana, irremeiable. I l’exquisida banda sonora que recull de manera admirable tots els sons: el vent, l’aigua, els gossos, els motors dels cotxes, els ocells, la ràdio, les cançons dels xiquets, les branques de les oliveres... Com si la Vall, grissa i plutjosa, respirara en cada pla.

 

Malgrat els indubtables encerts, el resultat em sembla un retrat idealitzat i anacrònic d’un espai - d’un paisatge- i d’una manera de viure.

 

Idealitzat per l’excessiu ordre final en què cada peça encaixa amb (innecessària?) precisió: el lladre - que en cap moment ha estat un element de suspense- es descobert per la policia; la picaresca del carter passa desapercebuda; i totes les relaciones dels personatges recobren l’harmonia momentàniament pertorbada... Inclús l’off que punteja la narració sembla una llicència poètica una mica forçada.

 

Anacrònic, potser per la pròpia insistència del calendari en fer-nos saber el moment dels esdeveniments: del novembre de 1994 al gener de 1995. Em pregunto si no seria més creïble tot - la gent, les nits al bar, les cases, els carrers - situat alguns anys abans. I per què Recha va decidir aproximar-nos-els tant... XIQUETS. VIDA RURAL.

Pilar Alfonso.

 

Estación central de Brasil de Walter Salles (Consultar SIN PERDÓN del nº 1 de EN CADENA DOS)

 

Mi nombre es Joe de Ken Loach.

 

Aclamada en Cannes y Valladolid, donde el film fue premiado, Mi nombre es Joe, representa la vuelta de Ken Loach al vivero del que se han nutrido sus mejores películas. Tras los intentos fallidos de Tierra y libertad y, sobre todo, La canción de Carla, en esta película el director británico vuelve sobre los ambientes y situaciones que mejor conoce y de los que más brillantes resultados ha obtenido: la realidad socioeconómica y política de su país.

 

Sin embargo, hay un punto de inflexión entre esta películas y las anteriores: sin renunciar a ser el testimonio y la voz de los que luchan en los márgenes de la sociedad para no ser definitivamente expulsados de ella, la historia que aquí nos cuenta Loach adopta un tono lírico en el que encontramos los que, a mi juicio, son los mejores momentos de su cine. La historia de amor entre Joe y Sarah, casi siempre reprimida, muchas veces avergonzada, e irremediablemente turbulenta, ofrece más y mejores datos sobre la marginalidad de los personajes que las más cruentas escenas con las que nos obsequia el autor, sea la drogadición de Sabine o el efectista suicidio final de Liam.

 

Así, el poder de sugerencia de algunos momentos, como la tímida invitación de Joe para que Sarah le acompañe a la bolera, o la despedida a la puerta de ésta cuando vuelven de su primera salida, contrasta con la manera rutinaria con la que se nos ofrece toda la trama de prostitución y tráfico de drogas que acompaña a la historia de Joe y Sarah. Apoyado en el perfecto trabajo de Peter Mullan y Louis Goodall, los cuales demuestran una capacidad para los matices portentosa, al tiempo que se mantienen alejados de todo asomo de histrionismo, el director es capaz de hacer un retrato psicológico de la marginalidad mucho más efectivo que la simple enumeración de catástrofes que en otras ocasiones nos ha ofrecido. El verdadero cine asoma en los silencios, las miradas incapaces de sostener las del otro (como la de Joe cuando se reconcilia con Sarah), la alegría que teme manifestarse... Todo ello queda resumido en la escena en que Joe regala a Sarah los pendientes y el anillo. La cámara, por primera vez, se detiene y se abre a un plano general: estamos ante el momento cumbre del amor de Joe. Pero esa paz levemente sugerida se ve cuestionada por el hecho de que la escena se desarrolle en un puente bajo el que fluye el río, preciosa metáfora de la endeblez de las bases sobre las que se asienta la historia de los protagonistas.

 

Al final, lejos de salvar a los personajes, el director los abandona a un futuro incierto: Joe ha vuelto a beber, con lo que eso significa para un ex-alcohólico, al tiempo que sus problemas con el traficante de drogas no es probable que hayan acabado. Sarah, consciente de todo ello, parece asumir el destino y lo espera, se vuelve, asciende un pequeño desnivel para situarse a su altura, y lo acompaña sin mirarlo y sin hablarle. Parecen más bien dos presos que caminan hacia la ejecución (la escena se desarrolla en un cementerio) antes que dos enamorados confiados en su futuro.

Marcial Moreno


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