| CERCA DEL CIELO (películas
estrenadas que son buenas aunque no llegan a la categoría de obras maestras)
Larbre de les cireres de Marc Recha. (Consultar SIN PERDÓN del nº 2 de EN CADENA DOS)
Mi nombre es Joe de Ken Loach. (Consultar SIN PERDÓN del nº 2 de EN CADENA DOS)
Abril (Abril). Nacionalidad: Italia, Francia, 1998. Argumento guión y dirección: Nanni Moretti. Interpretes: Nanni Moretti, Silvio Orlando, Pietro Moretti, Agatta Apicella Moretti, Luchetti. Como ocurre con las páginas de un diario, donde un día se habla del cielo y al siguiente se escribe sobre la tierra, Abril es como un retazo de la vida cotidiana de un hombre inquieto, inconformista, tierno e ingenuo como es su director el italiano Nanni Moretti. He aquí un ejemplo claro de cine comprometido y lleno de sensatez que a la vez rehuye planteamientos trascendentes y serios discursos. La última película de Moretti es una deliciosa bocanada de aire fresco en medio de tantos filmes de ensombrecidas imágenes y severísimos mensajes. Casi sin darnos cuenta el cineasta italiano se pasea por todo el panorama social, cultural y político italiano y evidencia, con una puesta en escena que parece no existir, todas las contradicciones que vive nuestro país casi vecino y por extensión, las de nuestro propio país. La situación desquiciada de Italia con sus problemas políticos ese surrealista ascenso de Berlusconi al poder, su caída y el enfrentamiento en las última elecciones con el excomunista DAlema- aparece descrita con gran sabiduría cinematográfica por este cineasta a través de graciosos diálogos de él con la imagen de la pantalla de televisión. Abril recuerda bastante el film de Federico Fellini 8 ½ en el sentido de aquí también Nanni Moretti anda en la duda vacilante de rodar un film musical ¡sobre la pastelería!. Pero a la vez su personaje que es él mismo- anda inmerso en la preocupación y la ilusión de tener su primer hijo. Entre sus hipocondrías, neuras e ingenuidades, parece un Woody Allen mediterráneo. Pero hay un modo diferente en Moretti más claro, más optimista y nada enfermizo- de enfrentarse al mundo. Solamente la extraña y graciosa selección de películas que nos cita es una muestra. La misma opción que al final decide realizar, el dedicarse a lo que para él parece más importante, que es criar a su hijo, nos indica ese sentido vitalista que posee. Abril parece también la continuación de su anterior film Caro diario (que a este comentarista le complació más) y repite ese estilo propio suyo del uso de una planificación ligera y distendida que hace pasar al espectador de un lugar a otro y de una situación a otra sin solución de continuidad y simultáneamente con una gran naturalidad. El cine de Nanni Moretti posee además un ritmo ligero que incita como lo hace su propio autor en pantalla- cosntantemente a la danza. Es por ello que encontremos totalmente consecuente la secuencia del número musical de los pasteleros dentro del film. Abril es finalmente algo tan gratificante y delicioso como ese paseo en vespa que Nani Moretti se dio en Caro diario y que aquí vuelve a repetir. CINE. DOCUMENTO HISTÓRICO. José Luis Barrera.
Amigos y vecinos (Your friends & neighbours). Nacionalidad: Norteamericana, 1998. Argumento, guión y dirección: Neil LaBute. Interpretes: Jason Patric, Amy Brenneman, Aaron Eckhart, Catherine Keener, Nastassja Kinski, Ben Stiller. Estamos ante un film polémico y claramente molesto para un público que en general trata de divertirse, endulzarse o simplemente dejarse llevar por la vulgaridad más absoluta. Nada de eso, pues, tiene que ver este film, lejano, y en la distancia, con obras como Algo pasa con Mary o Very bad things. El film de LaBute ni es complaciente, ni salvajemente engañoso. Hace unos días el equipo de redacción comentábamos en una acalorada reunión, sobre la importancia que los diálogos no "reales" tuvieron en el cine clásico americano. Algunos defendían los diálogos "naturales" frente a lo artificioso de aquella forma de hablar. Este film dejará, en ese sentido, a todos contentos. En el film de LaBute se llama -de forma muy realista- a las cosas por su nombre. No hay misericordia en esta nada amable, y si dolorosa, reflexión sobre las relaciones personales y sobre el sexo. Hay un personaje en el film que muestra la (gran) diferencia existente entre este título y otros "políticamente incorrectos". Es concretamente el del médico (¿ginecólogo?) fascista, obseso. La forma de presentarlo, definirlo con una serie de trazos (su "juego" con el feto en el hospital momento reforzado por el final) le confiere un carácter desagradable, terrorífico en las antípodas del trazo grueso y fácil de dos personajes semejantes: el amigo fascista, dominador de Very bad things o el marine homosexual de Los padrinos del novio. Cuando en Amigos y vecinos cuenta "el polvo de su vida" asistimos a uno de los momentos más espeluznantes del cine actual. El horror se instala en la pantalla ante la declaración mecánica, fría, que realiza el personaje de un acto deplorable. Una secuencia más de las muchas excelentes que jalonan esta historia de hombres y mujeres desilusionados, solos, incapacitados para encontrarse y donde abundan los reproches, las traiciones, los deseos insatisfechos. La palabra amistad (o vecindad) en el film de LaBute es como una bofetada lanzada al espectador.
Soberbia la interpretación de todos los personajes. Comedida y exacta la realización. Entre sus muchos momentos quisiera destacar uno, que se repite como motivo recurrente a lo largo de todo el film: la conversación (en una plano repetido y con un diálogo prácticamente semejante) que va manteniendo la secretaria de una galería de arte (el personaje de la lesbiana interpretado por Nastassja Kinski) con cada uno de los personajes (y por separado) de la película. Ante ese sensacional momento el espectador (que vuelve a ver lo mismo una y otra vez) se siente desorientado y un poco estafado. Problemas de entendimiento. Un film estimable, sin concesiones, que habla sobre la insatisfacción, la soledad y la angustia de este fin de siglo. RELACIONES HUMANAS. SEXOLOGIA. INCOMUNICACIÓN. Adolfo Bellido.
El Espejo. Irán, 1997. Director: Yafar Panahi. Guión: Yafar Panahi. Intérpretes: Mina Mohammad Jani y Kazem Mochdehi. Una niña de unos cinco años no encuentra a su madre a la salida del colegio y decide ir a buscarla ella sola a través de las calles de Teherán. Cuando llevamos algo más de media hora siguiendo sus avatares, la niña mira a la cámara y decide no seguir interpretando. Sin atender a los ruegos del director abandona el rodaje y opta por volver a su casa. Aprovechando que todavía lleva el micrófono entre sus ropas, los cineastas acuerdan seguir rodando a escondidas. Nos encontramos así con una reedición de la primera parte de la película. Sin embargo algo ha cambiado: Ahora no es el director quien manda sobre el rodaje, sino que se transforma en una pieza más al dictado de la vorágine que constituyen las calles de Teherán. Los perfectos encuadres y la depuración del sonido y los diálogos han dejado paso imágenes furtivas que a duras penas se captan, llegando incluso a perderse durante varios minutos. El sonido mismo se disocia de la imagen y en algunos momentos llega a desaparecer. El azar gobierna la película; la realidad aflora por encima de la ficción, y la película no puede sino ponerse al servicio de ella, hasta quedar atrapada por sus caprichosos designios. Pero curiosamente lo que vemos en la segunda parte no hace otra cosa que confirmar lo que hemos visto en la primera: los mismos ambientes, similar caos, personajes casi idénticos, interpretaciones que se descubren como reflejos de la vida real, diálogos que revelan los mismos problemas e inquietudes. ¿Dónde está la realidad y dónde la ficción? ¿Es todo real? ¿Es la ficción cinematográfica una depuración de la realidad siempre sometida a ella? ¿O, por el contrario, es todo ficticio? ¿Será la segunda parte una vuelta de tuerca en la apariencia de realidad sobre la que se asienta el ser mismo del cine, apariencia que en última instancia acaba revelándose siempre mendaz? ¿Y si tal vez fuera la mentira sublimada el único medio que tiene el cine de hablar, finalmente, de la realidad, la constancia de no poder escapar a ella? Todas estas preguntas y muchas más nos asaltan tras la contemplación de El espejo: un lección de cine, un viaje a sus orígenes, un paseo por el nacimiento y significado del sonoro, un discurso sobre la textualidad y su referencia, un prodigio de técnica, un portento en el tratamiento del tiempo y el ritmo cinematográfico, un mosaico de una ciudad increíble, una denuncia, una declaración de amor, una reflexión, una película que desde espacios impensables habla de nuestra vida. Una obra maestra. INFANCIA. CINE. Marcial Moreno |