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ENTRE DOS FUEGOS (película con momentos logrados, con cierto interés pero que no llegan a la categoría de buenas)

 

El abuelo. Nacionalidad: Española, 1998. Dirección: José Luis Garci. Guión: Garci y Horacio Valcárcel. Argumento: novela de Pérez Galdós. Intérpretes: Fernando Fernán-Gómez, Cayetana Guillén Cuervo, Rafael Alonso, Agustín González, Cristina Cruz

(Consultar SIN PERDÓN del nº 2 de EN CADENA DOS)

 

Barrio. Nacionalidad. Española, 1988. Argumento, guión y dirección: Fernando León de Aranoa. Intérpretes: Críspulo Cabezas, Timy, Eloy Yebra, Alicia Sánchez, Chete Lera, Paco Algora.

(Consultar SIN PERDÓN del nº 1 de EN CADENA DOS)

 

La cena de los idiotas. Nacionalidad: Francia, 1999.- Argumento, guión y dirección: Francis Veber. Intérpretes: Thierry Lhermitte, Jacques Vileret, Francis Huster

La cena de los idiotas es una comedia francesa que trata del enfrentamiento entre un rico y triunfador marchante de arte y un pobre hombre, funcionario de hacienda y algo simple (un idiota) que ha sido invitado a una cena donde los demás miembros tienen también que invitar a otros idiotas para competir por el premio de la idiotez.

¡He aquí el ejemplo de una comedia modélica por la casi perfecta urdimbre de su guión y la encarnadura brillante de sus actores, para ser consumida e inmediatamente ser olvidada! Pieza teatral de rotundo éxito en Francia (varios años en cartel) y exportada incluso a otros países. Creo que en Barcelona ha sido representada con relativo éxito y la industria del cine de Hollywood, guiada por el buen olfato comercial de Steven Spielberg, ha comprado los derechos para poder hacer una versión a la americana. Pero no hay para tanto: La cena de los idiotas es un film que, realizado con cierta dignidad y salpicado de situaciones que provocan la sonrisa, se reduce a una pieza teatral simplemente bien filmada.

En realidad, La cena de los idiotas recuerda demasiado a teatro filmado. Se ha intentado precisamente escapar de los límites de un solo decorado –el lujoso y confortable piso de uno de los protagonistas- con algunas escapadas al exterior que hacen la función de cambio de secuencias. Un prólogo que despista, donde se presenta a uno de los idiotas invitados a la cena -a la que el espectador nunca asiste-, un ejecutivo que busca la relajación lanzando boomerangs en un parque. Después se presenta al verdadero protagonista, otro idiota que se dedica a construir en sus ratos libres maquetas con cerillas de madera. A partir de este momento es cuando arranca el film, cuajado de tópicos de comedia, malentendidos y situaciones más o menos verosímiles y donde no faltan los chistes fáciles sobre maridos cornudos.

El meollo de todo el film pretende mostrarnos la verdadera idiotez de los triunfadores en la vida, personajes aburridos que andan buscando hacer escarnio de los otros los currantes y simples de espíritu. Al final la broma se vuelve contra ellos: son los listillos los que salen malparados y la crueldad de reírse de los infelices se transforma en la risotada de estos últimos. A pesar de ello uno parece quedarse con un mensaje más o menos moralizante y reaccionario: los tontos son los buenos y los listos son los malos. Hay que sospechar de la inteligencia porque ésta anda muy cerca del mal.

El film se sustenta en la actuación de unos actores que en el país vecino deben ser muy conocidos por su vis cómica, como son los actores que encarnan al anfitrión o a su invitado, el hombre simplón. Actores que por otra parte están muy convincentes y hacen una comedia agradable. Sus ochenta minutos de duración hacen aún más que ésta sea más gratificante.

José Luis Barrera

 

Enemigo público (Enemy of the state). Nacionalidad: Norteamericana, 1998. Dirección: Tony Scott. Argumento y guión: David Marconi. Intérpretes: Will Smith, Gene Hackman, Jon Voigft, Gabriel Byrne, Jason Robards

Parece de obligada referencia, cuando se acude al estreno de alguna película de Tony Scott, recordar a su más famoso hermano, Ridley, autor de dos cintas magistrales, Blade Runner y Alien y de otros filmes más bien polémicos como Thelma y Louise ó 1492. Y lo digo porque da la sensación que lo que anda perdiendo la filmografía de este último (ingenio, interés) lo anda recuperando muy lentamente el primero.

La verdad es que hasta ahora Tony Scott no ha sido una gran cineasta. Proveniente como su hermano de las tareas de la publicidad, todo lo que ha filmado es bastante adocenado y ha buscado descaradamente el éxito comercial. Incluso su film más ambicioso, El ansia, es una especie de empanada mental con ganas de "epatar", a base de reflexiones metafísicas, a cierto sector del público.

La pequeña novedad que nos trae entonces Enemigo público es que al menos es un film cuyo entramado narrativo está bastante bien construido: su desarrollo dramático tiene una buena estructura y tensión en sus miembros, de modo que el film cumple bastante bien la sencilla y a veces escasa condición que este tipo de cine debe tener: distraer y divertir al personal. Y lo consigue dosificando con sabiduría los distintos elementos del relato: la intriga, el tema de actualidad como es la vigilancia electrónica, el poder absoluto del estado, los políticos corruptos, etc., etc. Un discurso algo light y tópico como es la denuncia del valor de la conciencia y la intimidad individual vulnerado por los poderes del estado, que recuerda las ideas de George Orwell y la culpabilidad no asumida conscientemente al estilo del Hitchcock de Con la muerte en los talones vertebra el mensaje del film.

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La lástima es que a Scott se le va la mano en el uso de otros elementos de los que también estaba sobrado en otras películas suyas (Amor a quemarropa): las escenas de violencia rodadas con sobreabundancia de sangre y al modo de Tarantino y la planificación de las escenas de persecución, cuando no gratuitas sí montadas al estilo de los videoclips publicitarios en los que él y su famoso hermano son tan expertos.

La otra baza segura con la que juega Tony Scott es la elección de un buen reparto de actores para encarnar a los distintos y dispares personajes del film. En Enemigo público vemos a actores soberbios y veteranos (Jason Robards que aparece al inicio de la película, sin luego salir en los títulos de crédito John Voight en el papel del villano, como ya viene siendo habitual en él o Gene Hackman que está como siempre, soberbio y que además parece retomar el personaje que interpretó hace veinte años en La conversación de Francis Ford Coppola. (Hay incluso dentro de Enemigo público una especie de cita-homenaje que rememora la escena de las escuchas con micrófonos en una plaza). Y junto a estos actores, los otros más jóvenes muy bien situados en sus papeles, en especial Will Smith, abandonado su rol de gracioso. MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

José Luis Barrera.

 

El extranjero loco (Gadjo Dilo). Nacionalidad: Francesa, 1997. Dirección: Tony Gatlif. Argumento y guión: Gatlif, Kits Hilaire y Jacques Maigre. Intérpretes: Romain Duris, Rona Hartner, Izidor Serban, Florin Moldovan,

(Consultar SIN PERDÓN del nº 3 de EN CADENA DOS)

 

Más fuerte que su destino (Dangerous Beauty). Nacionalidad: Norteamericana, 1997. Dirección: Marshall Herskovitz. Guión: Jeannine Dominy. Argumento: novela de Margaret Rosenthal. Intérpretes: Catherine McCormack, Rufus Sewell, Jacqueline Bisset

Una película de época con todos los pros y contra que eso supone. Por un lado una producción cuidada en cuanto ambientación, decorado, vestuario. Por otro un tono moroso, un romanticismo "de mode" y un "toque" a algo ya sabido, aunque aquí se rompa una lanza en favor de la mujer dispuesta a luchar por "la vida", es decir estamos ante un film (y nada mojigato) feminista... Además existe una buena fotografía (quizás en ocasiones "muy bella") y la decoración corre a cargo de Gabriella Pescucci (Oscar a la mejor ambientación por la extraordinaria La edad de la inocencia). La música, otro dato a favor, es de George Fenton y la historia (producción Fox en cuyos menesteres se encuentra el director Edward Zwick antes de "recabar" en Estado de sitio) se desarrolla en la Venecia del siglo XVI. Un retrato de una época más serio de lo que normalmente ofrecen este tipo de producciones.

Trágico destino el de unas mujeres obligadas a casarse por deber, olvidando la razón (y placeres) de la vida. Inteligencia es símbolo de admiración y de belleza pero en esa época es algo a lo que sólo pueden aspirar las cortesanas. El alegato final (tan bonito como falso) de la protagonista es el mensaje de liberación contra la opresión y el oscurantismo. Lastima que se dé dentro de esa tónica cinéfila tan al uso, estilo Espartaco o El club de los poetas muertos. Hay una clara diferencia, no obstante, entre aquellos finales y éste, aquí es una defensa de la vida, del placer frente al terror y el dolor que presenta la Inquisición.

Algunos momentos muestran el gran film que pudo ser. Son pequeños instantes llenos de verdad, sensibles, de gran fuerza. Recordemos tres: la entrada en la biblioteca de la protagonista, la cortesana-poetisa Verónica Franco, simbolizando la forma de asentarse en una determinada vida; la primera noche de amor conseguida simplemente tomando el el rostro de la protagonista, que "bebe" la felicidad del encuentro de dos cuerpos, y la lección (frente a las "dolientes" esposas venecianas) de como "actuar" con los maridos merced al simple hecho de mostrar como se "pela" y "come" un plátano (instante muy logrado que termina con una frase, "está bien", dirigida a la esposa de su amante). Muchos de esos momentos son así de notables por la gran interpretación de Catherine McCormack a la que no hace mucho veíamos en Amores en tiempos de guerra (la "granjera-soldado" que se merendaba a sus otras dos compañeras, y que había mostrado con anterioridad lo bien que le "caen" los trajes de época en Braveheart). Estamos sin duda ante una gran actriz, una "belleza peligrosa" como programa el título original de este film, con mucho cine por delante. Como dato curioso hay que citar el gran parecido que encierran algunos planos con su madre de ficción en la película, Jacqueline Bisset.

Con todos los peros un film digno, algo más de lo que se podía esperar de un recién llegado de la televisión, aunque fuera el responsable de algunos capítulos de series no demasiado malvadas como Treinta y tantos. Una película, que en este momento haga tan gran defensa de la mujer y del placer amoroso en sus múltiples facetas, es (aunque sólo fuera por eso, y hay más cosas) digna de ser recomendada. HISTORIA. LA MUJER. INQUISICIÓN. VENECIA.

Adolfo Bellido

 

El Rey de la mascaras (Bian Lian). Nacionalidad: China, 1996. Dirección: Wu Tiaming. Guión: Wei Minglun. Argumento: Chen Wengui. Interpretes: Chu Yuk, Chao Yim Yin, Zhang Riuyang

Un film bienintencionado que nos llega de una cinematografía como la china que tantos buenos films nos ha dado. Nos trasladamos ahora, como es normal en el cine de esta nacionalidad, a una época propicia para evitar problemas: a comienzos de siglo. Opera, narración popular típicamente adaptada a un patrón de cuento infantil, dioses y hombres conviviendo, historia de contadores de historias (profesionales de las marionetas) cohabitan en un film que por vía Occidente trata de llegar con facilidad y gusto a los espectadores occidentales. Un ritmo narrativo hábil es la razón principal para la huida del "regusto", la lentitud china. No es casual pues el realizador de El rey de las máscaras vivió unos años en EE. UU.

Como un director chino que se precie debe lanzar sus críticas sobre el problema (por ejemplo) de la mujer, aquí se habla de ese sentido de humillación y aplastamiento junto con otros más elocuentes como es el de la explotación infantil. Como fondo (otro recurso muy de esas nacionalidades) la relación entre dos personajes de edades distintas. Reflexión también sobre la vida y el arte.

Film insuficiente, de valor medio en una cinematografía que tantas buenas obras nos ha dado en los últimos tiempos, sirve de presentación en nuestro país de un realizador, al tiempo que señala que un cine con niños (espléndidos en sus interpretaciones) y para niños no debe ser de ínfima calidad, sino que puede ser tan válido para pequeños como para mayores. INFANCIA. LA MUJER. ARTE.

Mr. Arkadin.

 

Rounders. Nacionalidad: Norteamericana, 1998. Dirección: John Dahl. Argumento y guión: David Levien y Brian Koppelman. Interpretes: Matt Damon, Edward Norton, John Turturro, Martin Landau, John Malkovich

Película bis (como mínimo) por partida doble. Es lo que domina en el momento actual del cine. Ley de oferta y demanda, que abarca a casi todos los títulos en cartel. Intercambian género y temas, no sea que el espectador se canse, termine por descubrir el pastel. Aquel título que no se mire en otro (¡viva la originalidad) que levante la mano. Es candidato a premio. Lo mejor será callarse, habitar, en silencio, las salas oscuras de los cines, para no ponerse demasiado en entredicho. De Enemigo público a Very bad things se mantiene fiel el criterio. Esconderán más o menos el espejo en que se miran, pero es claro: surgen de otra (u otras) películas más o menos famosas. Y sin gracia. Una película del creído Dahl no podía ser menos. Ya habíamos experimentado su falsa originalidad en tonterías anteriores de carácter policiaco, a las que daba una capa de thriller clásico. La muerte golpea dos veces, La última seducción o Escondido en la memoria son algunas de sus lindezas (o descartes). Ahora no plantea en esencia un thriller, aunque elementos para ello no le faltan. La atmósfera (?) del relato no está lejos del mundo pintado por (en) los bajos fondos.

El bis, aquí, de cualquier modo, va por otra parte. Se unen, entre otros títulos (los que nos llevarías a tris o mas) El rey del juego, y El buscavidas. El primero lo filmo Norman Jewison aunque lo comenzase nada menos que Sam Peckinpah en uno de sus mejores momentos. El otro es un Robert Rossen en estado de gracia. El resultado final de la peli de Dahl hace agua. Queda un extraño regusto ácido por lo que pudo ser y no es. Muchas historias se superponen en el caminar de la historia madre. Historias y personajes con interés. Pero de idea, sólo de idea. Ahí está el juego tomando como profesión, como forma de vida. Un personaje (Turturro) que juega para poder pagar el colegio de sus hijos(los buenos colegios, se supone), los jueces profesores que se reúnen las noches (¿de los viernes?) para jugar (¡en los departamentos de Universidad!) amigables partidas de carta, policías simpáticos (y duros cuanto se ponen) que matan su aburrimiento con interminables partidas de carta, un final amigable pero no feliz. Hay quien de más... Pues si, no queda ahí la cosa. Unir la mafia rusa, al campeonato ¡mundial! (en USA lógicamente) de póker, y tendréis una empanada mental de mucho cuidado.

Dahl no sabe como dar sentido a lo que tiene en sus manos. Hay ideas, pero no una línea conductora. Todo, erróneamente, se ve desde la barrera, sin calor. Da igual las partidas (álgidas) del comienzo y del final que las del medio. Todo tiene el mismo tono. Nada sube, ni baje en un film monocorde, donde todo se desarrolla con cara de póker, como el juego. Los variopintos ases escondidos en la manga se ocultan también al espectador. Al final todo, al espectador (película incluida) le suena a gran farol. Esperamos mucho y el globo se desinfla. Nos han tomado miserablemente el pelo.

Fría como una partida sin alma, jugadores matemáticos en vez de tahúres, niños angelicales con cara de no se sabe qué, tratando de vendernos su (falsa) calidad de jugadores. ¿Es que alguien puede creerse a un jugador de póker como Matt Damon sin un mal whisky que echarse al coleto? ¿Es que alguien puede suponer que a un tahúr del póker lo único que le preocupe es ganar el torneo mundial de la especialidad? Pocas partidas de póker parece haber jugado Dahl y sus huestes.

El final abierto es un camelo como el resto (antes se sacan de la "manga" un ridículo flashback donde se nos dice -? - que el protagonista ya venció en una partida al campeón del mundo. O sea que ahora va a por uvas). La interpretación inexistente es tan plana como todo el film. Pulcro e indigesto. Para remate desde el principio se "condena" al único personaje vivo de esta historia, el tramposo y delictivo Edward Norton. Como no es de buen trigal el buenecito de Damon decide dejarle abandonado a su triste suerte. Ejemplo de que no ha comprendido nada el muchachito de oro del cine americano (¡otro que se lo ha creído!). Lo suyo es eso: ir de angelito bueno por todas partes. Ganar en el juego para redimir almas pecadoras. Pero nosotros seguimos añorando la película que hubiera sido con Norton de protagonista. Un actor, además, con toda la barba y no los "niñatos" Ryan

Que el aburrido señor Dahl (el film ha sido un fracaso comercial de órdago) vuelva a mostrarnos a la señora Fiorentino haciendo de mujer fatal. Al menos sus películas serían más "visibles". JUEGO.

Mr. Arkadin

 

Mulan. Nacionalidad: USA, 1998. Dirección: Barry Cook y Tony Bancroft. Guión: Rita Hsiaso, Chistopher Sanders, Philip Lazebnik, Raymond Singer y Eugenia Bostwick. Argumento: Robert D. San Souci. Personajes de dibujos animados.

(Consultar SIN PERDÓN del nº 2 de EN CADENA DOS)

 

El show de Truman (The Truman show). Nacionalidad: USA, 1998. Dirección: Peter Weir. Argumemto y guión: Andrew Niccol. Intérpretes. Jim Carey, Laura Linney, Natascha McElhone, Ed Harris.

(Consultar SIN PERDÓN del nº 2 de EN CADENA DOS)

 


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