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CUANDO RUGE LA MARABUNTA (editorial)

(Soy el pequeño diablo)

 

Estamos en la recta final de los grandes premios del cine, los mentirosos, y a veces sonrojantes Oscars de la Academia de Artes Cinematográficas de Hollywood. Lo que surgió hace años casi como un juego, hoy es un espectáculo que mueve gran cantidad de público y de dinero. Cadenas de televisión, emisoras de radio, periodistas

se encargarán (a mayor gloria del cine "comercio") de potenciar la Gala que dará a conocer los premios. Al día siguiente las películas premiadas verán subir sus ingresos en todos los sitios donde se proyectan de manera meteórica. De momento a medida que se acerca el gran momento se apresuran los exhibidores a estrenar las películas nominadas con el fin de que ese día estén en cartel, esperando el normalmente injusto veredicto (y el premio para la película que se proyecta).

 

La historia de los Oscars está llena de autenticas injusticias en la mayor parte de sus apartados. Directores como Welles o Hitchcock (y no digamos de Walsh, Lubitsch) no recibieron jamás el Oscar a la mejor dirección. Sólo cuando estaba cercana su muerte recibieron (ellos y otros compañeros) un Oscar honorífico. ¿Se puede así ocultar una gran injusticia? Y si nos referimos a títulos de películas encontraremos toda una serie de autenticas barbaridades realizadas a mayor gloria de unos intereses particulares. Película relegadas a la ignorancia en los premios, hoy se encuentran en lo mas alto de la gloria fílmica, mientras algunas, o bastantes, de las premiadas son ignorados cuando no repudiadas. ¿Se acuerda alguien, por ejemplo, de aquella "señora" que se paseaba en coche"?

 

Este año todo se ha hecho sin demasiadas sorpresas. Nada menos que tres films de guerra se enfrentan a dos de época. Y que conste que hablamos de tres films de guerra ya que La vida es bella (la pica en Flandes de este año) también puede ser considerada así. Es, de todas maneras, el pobrecito aupado a la categoría de los grandes. ¿Puede apostar alguien por ese título, que ha sido "molesto" en más de un festival, y para algunos críticos de los llamados bienpensantes? Pocas posibilidades tiene de ser premiado (¿y si salta la sorpresa como ocurrió hace años con Annie Hall de W. Allen?) salvo (pero ese es otro, o quizás éste, incomprensible cantar) en la "sección" correspondiente a las películas extranjeras. Veamos...

 

La vida es bella no es una película americana. ¿Entonces que hace entre las nominadas a la mejor película? ¿Cuál es la razón de estar entre las cinco finalistas? Simplemente el hecho de haber sido estrenada en (un hecho insólito) inglés. Una operación que quizás encierra la pronta realización de un film americano inspirado en este título o la contratación del director por la industria americana. No es un hecho raro (único en la historia de los premios) que una película extranjera se encuentre entre las premiables en algún apartado (Ingmar Bergman estuvo varias veces en la lista de los cinco mejores directores), lo que es más raro es que un film extranjero aparezca nominado en varios apartados importantes como puede el correspondiente al mejor actor, director, guionista (la misma persona Roberto Benigni), más el correspondiente a la música y el montaje. Sorprendente, pues, que un film extranjero (italiano en este caso) pueda acceder a la "friolera" de siete Oscars, ya que a los seis indicados hay que unir el que también se encuentre en la lista de las cinco mejores películas extranjeras. ¡ahí es nada!. Roberto Benigni puede - en teoría - recibir el Oscar a la mejor película y a la mejor película extranjera. ¿Cómo se entiende esto? Difícil para los espectadores europeos, fácil para el gran carnaval americano. Hace años Los emigrantes de Troell (un director que sería absorbido por la industria americana, sin que posteriormente realizase nada de interés hasta que finalmente seria ignorado. Hace tiempo que no sabemos nada de sus películas) también aparecía en las listas de la mejor película extranjera y la mejor película.

 

¿Quién es el autor de este film italiano y que proclama - en una época como la nuestra - que la vida es bella en los difíciles momentos del Holocausto? Benigni es un hombre disparatado, un bufón capaz de cantar las cuarenta (pero en tono comedido) a quien sea, ya que a continuación es capaz de (con tal de promocionar su obra o promocionarse) aguantar cualquier chaparrón (dicharachero y crítico con la Iglesia no tuvo inconveniente en acudir al Vaticano y asistir a una proyección del film en presencia del propio Papa). Benigni antes de ser "reconocido" por la Academia ya había formado parte la industria americana. Había actuado de protagonista en Bajo el peso de la ley de Jim Jarmusch y en El hijo de la pantera rosa de Blake Edward. Como director (en su país) ha realizado entre otras, las escasamente notables, Soy el pequeño diablo (1988), Johnny Palillo (1991) y el monstruo (1994). Benigni "surgió" en 1972 en su Prato natal con una adaptación libre de El rey desnudo de Eugeni Schwarz. Donde alcanzó un reconocimiento fue en sus actuaciones en teatros alternativos, en especial con Cioni Mario di Gaspare fu Lucia que puso en escena en 1975 el hermano de Bernardo Bertolluci (Giuseppe). Posteriormente Benigni se encargo de llevar a cabo una serie de programas televisivos. Su popularidad le llevo al cine primero exclusivamente como actor, después como director- actor. Este "pequeño diablo" tratará de comerse el mundo y de proclamar (eso si, bajito) que "la vida es bella", en sustitución del anterior "soy el amo del mundo" del señor (todopoderoso) Cameron.

 

Parte de la prensa norteamerica no es muy partidiaria del film de Benigni. "The Time" dice que es una farsa que trivializa el horror del Holocausto. El sentimentalismo, añade, es un tipo de fascismo: nos quita el juicio y la agudeza moral y hay que resistirlo. El film de Benigni es un buena manera, acaba, para comenzar. Por su parte en "New Yorker" se puede leer "me gustaría decir que este film es algo mas que una equivocación". Esta claro, los europeos (aparte de la escasa calidad y la discutible tesis de la película de Benigni) no podemos hablar del Holocausto. Eso parece reservado a los norteamericanos y en especial al mentiroso Spielberg, que en la presente ocasión también aparece nominado en varios apartados por su más que discutible Salvar al soldado Ryan. Tiene muchas cosas a su favor entre sus compañeros (el patriotismo, el falso antibelicismo) y algunas en contra (haber ganado hace pocos años varios Oscars entre ellos el de la mejor película). Quizás Tom Hawks sea el que tenga cerca un nuevo Oscar. Si es así, muchos nos tememos que este chico se va a creer que es uno de los grandes actores de la historia del cine. La de cosas que hay que ver... (nos gustaría que le arrebatará la estatuilla Nick Nolte)

 

El tercer film de guerra es el del huidizo Terence Malick. Mucho más interesante que el Spielberg, por supuesto. Uno de sus problemas es que Malick no es amigo de barullos. Lo suyo es entrar y salir de la industria cuando le viene en gana, y así...

 

Los films de época, esos que gustan a los académicos, pueden dar más de una sorpresa. El mediocre Elizabeth y el más que "etéreo" Shakespeare in love.

 

Entre los cinco films extranjeros hay dos (nada menos) españoles, El abuelo de Garci y Tango de Saura. Ya hemos hablado largo y tendido de ellos. Es natural su presencia. El primero es de "qualite" (como gusta a los académicos), el segundo "muy artístico". La sorpresa sería que ganara (de los cincos) el iraní. ¡Vaya bromita! De todas formas el que más claro parece tenerlo es Benigni.

 

Lo más interesante de la gran Gala este año es la existencia de un segundo (o un primer) diablo en el reparto de premios (no entre las menciones). Nada menos que el gran director Elia Kazan será quien reciba un Oscar honorífico por su carrera. Desde que se ha anunciado su galardón no dejan de aparecer críticas y loas a esa distinción. Kazan es un gran director pero su vida personal se encuentra oscurecida por su delación en la tristemente celebre caza de brujas. Hoy muchos siguen sin perdonárselo y Kazan sigue insistiendo que hizo bien (algo que afirma, incluso, en su libro de memorias). Incluso, entonces, fue capaz de rodar tres películas, que de una forma u otra, apoyaban su posición de hombre "puro" americano, capaz de denunciar a quien fuera si eso suponía "salvar" al mundo. Aquellos títulos fueron Fugitivos del terror rojo, Pánico en las calles y La ley del silencio.

 

El mayor espectáculo del mundo está a punto de comenzar. Bien mirado no es tan fiero el "león" como lo pintan, simplemente se trata de domesticar unas determinadas formas de actuación.


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