| EL ÚLTIMO DE LA LISTA (Listado de
películas respecto a diferentes temáticas)
Iluminados, locos y falsarios: Predicadores (compulsivos) Los predicadores compulsivos suelen ser esos personajes polémicos y bastante equívocos que pululan en muchas cintas americanas que nos muestran la América profunda y se dan en las formas religiosas cristianas que pertenecen a iglesias poco institucionalizadas y jerarquizadas. Fundadores de iglesias hechas a su medida, van por libre y soliendo comenzar su apostolado con inocencia y sinceridad de corazón, acaban convirtiéndose en charlatanes mercantilizados y corrompidos y cuyos valores del espíritu recaban en sórdidos valores materiales. El film de referencia, donde se muestra con profundidad las grandezas (¿?) y miserias de esa gente que impelida por la fuerza (fanatizada) de la fe dedican su vida a pregonar un mensaje de Dios, es el ya clásico El fuego y la Palabra (Elmer Gantry) de Richard Brooks. Junto a esta gran película hay que añadir tal vez otras no menos grandes: La noche del cazador de Charles Laughton, donde Robert Mitchum compone un personaje de predicador escalofriante y Sangre sabia, un extraño film del gran John Huston, cuyo protagonista intenta crear con sus sermones una iglesia cristiana blasfemando de Cristo.
El predicador es pues, un fenómeno abundante en las iglesias sectarias americanas y más escaso en la Iglesia Católica contemporánea o en las Iglesias Luteranas históricas. Aunque históricamente algunos predicadores medievales muy famosos seguramente deberían de tener recursos retóricos parecidos los dominicos S. Vicente Ferrer y Savonarola-. Entre nosotros nuestras abuelas recuerdan algún cura famoso por su labia que soltaba su sermón de campanillas ante la admiración de una feligresía pasmada por su oratoria brillante en los días de Semana Santa. Todo eso ya ha acabado y hoy la mayoría de los curas católicos con sus sermones aburren hasta a las ovejas.
En el cine americano es pues más que abundante este tipo de personaje, casi siempre retratado con tintes sombríos: o bien es un convencido o inocente que cae al final en las redes de sórdidos intereses o es un cínico y avispado mercachifle que juega sin escrúpulos con la fe de la gente sencilla y necesitada. Otras veces es un fanático religioso que, con pulsiones criminales, se convierte en un verdadero peligro público.
Quizá el predicador que a un servidor siempre le ha impresionado más es el que aparece episódica pero eficazmente en Los que no perdonan (1960) de John Huston. Aquel anciano enloquecido, de abundante cabellera y guarnecido en larga gabardina, cuya figura fantasmal emergía entre el polvo y el bramido del viento de una tormenta de arena, anunciando la maldición de Dios y sembrando el odio racial contra la pobre muchacha mestiza (y guapísima, ya que era Audrey Hepburn).
El cine del Oeste es pues prolífico en este tipo de personajes. Este predicador suele ser un hombrecillo de aspecto externo débil, vestido bastante lúgubremente y con una biblia en la mano: muchas veces esa debilidad exterior disfraza una gran fuerza interna rayana en un gigantesco fanatismo.
A continuación citamos algunos de los títulos más interesantes donde aparecen predicadores más o menos fanatizados. Dejamos fuera los muchísimos títulos donde aparecen curas católicos y pastores luteranos convencionales que merecerían otro listado
José Luis Barrera. |