| AMANECE QUE NO ES POCO (Relación
de películas que con un poco de suerte pueden llegar a entretener)
American history X (American History X). Nacionalidad: Norteamericana, 1998. Dirección y fotografía: Tony Kaye. Argumento y guión: David McKenna. Intérpretes: Edward Norton, Edward Furlong, Fairuza Balk
Otra caso de confusión de teoría con práctica. O lo que es mismo buenas intenciones con buenas películas. ¿De qué se trata? Simplemente de denunciar la existencia de movimientos peligrosos (cercanos al nazismo) en Estados Unidos. O aquí o en Pekin. Tanto da. También se intenta explicar como funcionan los métodos de actuación o de captación de adeptos. Eso es ya otro cantar. En ese sentido (reflexión incluida del protagonista) estamos ante un planteamiento muy pobre. Esquemático al máximo tanto en situaciones como en personajes. No hay ningún problema en el film para llegar a una tesis determinada. Cualquier sistema es bueno. Se saca, por las buenas, personajes cuando hacen falta. Un recurso como mínimo discutible. Válido para un guionista pero inútil para el desarrollo de los acontecimientos. Ocurre por ejemplo, aquí en la aparición final del padre o en la presencia del personaje que trabaja con el protagonista en la cárcel. Es el promotor de su cambio. Una especie de (asombroso) "hermanito" de la caridad. Todo demasiado simple. Entre este film o cualquier otro "típico" y "tópico" sobre la violencia callejera no hay demasiada diferencia. Citaré por ejemplo el no muy lejano (y flojo) Chicos de barrio de Singleton.
Los personajes principales también dejan mucho que desear. El hermano pequeño, que adopta la violencia por seguir a su idolo-hermano, es imposible de seguir en su forma de actuar. Un simple mirón aterrorizado (parece) al ver donde ha llegado su hermano. Luego resulta que no, que en realidad le sigue, imita. Al final, por eso de la tesis, se le "obliga" a morir. Si seguimos con los personajes llegaríamos a algunos todavía más inconcretos como la madre, la hermana "demócrata", el jefe nazi, el (otro "hermano de la caridad") profesor o (¿que hace ahí?) Elliot Gould...
La realización tampoco va mucho más allá. Su mayor contribución (pedante, ridícula) es mostrar los recuerdos en blanco y negro. Para remate mucha, demasiada, cámara lenta.
Con todos los peros del mundo cualquiera de las dos películas que Costa Gavras realizó sobre el fascismo americano (El sendero de la traición y -sobre todo- La caja de música) son muy, muy superiores a esta limitada lección. Con frecuencia se olvida que la tesis, simplemente una tesis, no es una buena película. VIOLENCIA. FASCISMO ACTUAL. Mr. Arkadin
Hillary y Jackie. Nacionalidad: Inglesa, 1998. Dirección: Anand Tucker. Guión: Frank Cottrell-Boyce. Argumento: libro de Hillary y Piers du Pré. Intérpretes: Emily Watson, Rachell Griffiths, James Frain, David Morresey
Otro film de escaso atractivo. Cursi y lacrimógeno. Facilón en su forma, en la manera de construir los personajes. Parece que nos encontramos ante una sucesión de "anuncios" publicitarios. Se trata como en Shine de contar la historia (real) de un virtuoso de la música. Hemos citado a Shine porque éste tiene con aquel muchos puntos de contacto. En la comparación el film de Tucker saldría peor parado. Ahora se cambia un personaje masculino por otro femenino. Es la narración de la vida de Jacqueline de Pré una violonchelista. Debido a una esclerosis múltiple tuvo que estar en una silla de ruedas desde los 28 años hasta su muerte a los 42. Su amor por la música, sus triunfos en los conciertos (salvo el de Edward Elgar son grabaciones de Caroline Dale), las relaciones con su hermana, su matrimonio con el pianista Daniel Barenboim, su enfermedad... Todo forma parte de un calidoscopio no demasiado interesante donde hasta lo escabroso (tocado con sutilidad, al igual que todo) tiene su parte. Quizá hubiera sido mejor centrarse sobre un punto, dar un enfoque a una historia troceada en demasiado pedazos.
La interpretación de ambas mujeres-hermanas es lo más destacable de este flojo (melo) drama aireado con muchos (demasiados) sones. MÚSICA. MUJER. Mr. Arkadin.
Pecker. Nacionalidad: Norteamericana, 1998. Argumento, guión y dirección: John Waters. Intérpretes: Edward Furlong, Chistina Ricci, Mary Kay Place Tavernier en su repaso al cine americano se niega a hablar de Waters. Afirma que no ha podido ver ninguna de sus películas completas. Le deben dar sarpullidos. Hace bien. Soy de los que pienso que gran parte del cine de Waters es bazofia pura. En todos los conceptos, incluido la vulgar realización de sus films. Algunos la confunden con inconformismo al igual que su proverbial mal gusto. El cine de Waters es tan vulgar como los personajes que retrata. No se la razón pero me viene a la memoria ahora, como identidad comparativa, el cine de Almodovar. Al menos el primero que realizó (Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, Entre tinieblas). Ambos comparten (hoy día el manchego camina, aparentemente, por otros derroteros) el gusto por la estupidez. ¿Cómo forma de combatirla? ¿Cómo manera de arrojar a los espectadores unas determinadas muestras humanas que pueden ser la suya propia? Pecker pertenece a la segunda etapa de Waters. Aquella en la que ha accedido a los grandes estudios o mejor a un sistema de producción reglado. La cosa funciona menos. Lo zafio se une a una producción aseada. El horror está asegurado. La galería de personajes "zombies", de monstruos de todo calibre, se sostienen demasiado mal dentro de una realización normalizada. De esa forma el film acaba por ser insoportable, repetitivo, incasable en su afán de decir lo ya dicho. El film, como alguno de los anteriores del realizador, es (simplemente) un cortometraje alargado. Aquí, por ejemplo, quedamos hartos de la insoportable pasión fotográfica del protagonista.
¿Podemos ver en la historia (descerebrada) una declaración de intenciones de Waters? Probablemente, incluso, podemos seguir la senda de su propia autobiografía. Alguien que quedó cegado por el dinero, acepto sus normas, pero que ha decidido (¿de verdad?) volver a sus comienzo, al cine basura hecho desde la basura. ¿Se da cuenta Waters de haber perdido la virginidad de los comienzos, la pureza de un torpe cine transformado en cine torpe?
La ciudad de Baltimore (también presente en varias de las películas de Lewison) tan querida por Waters es el lugar donde transcurre la acción. Donde una asombrosa y desquiciada familia (con chistes repetidos hasta la exasperación) comprueba que el dinero no hace la felicidad. O lo que es lo mismo que la sociedad adinerada es tan monstruosa como la suya. Todo dicho de forma torpe, lenta y atropellada. Sin sentido, ni ritmo... Pobre cine actual si esta cosa (como a otros de su calaña) se considera de calidad o, al (más que discutible) realizador, un gran cineasta, encima inconformista y transgresor... En realidad Waters es un torpe narrador que abandera la propia vulgaridad que nos rodea. FOTOGRAFÍA. Mr. Arkadin
Shakespeare enamorado (Shakespeare in love). Nacionalidad: Norteamericana, 1998. Dirección: John Madden. Argumento y guión: Marc Norman y Tom Stoppard. Intérpretes: Joseph Fiennes, Gwyneth Paltron, Judi Dench Seguramente y sin ninguna dificultad, los cuarenta y cinco millones de dólares que son los que han costado la producción de esta película, van a ser jugosamente amortizados, por mor del golpe de suerte que fue primeramente las nominaciones al Globo de Oro y después, los seis oscars que se llevó en el espectacular tinglado que se monta al final de marzo en Hollywood. Pero creo que no fue sólo suerte, detrás estaba la poderosa promoción que del film hizo su productora, la prepotente Miramax.
Porque la primera sensación que uno tiene después de ver Shakespeare enamorado es la de pensar que no es para tanto. En efecto, la película de John Madden no constituye ninguna sorpresa. Se reduce a una cinta de época, donde se han mezclado con sabiduría comercial y eclecticismo artístico, todos los ingredientes conocidos para deleitar al gran público. De ahí la gran sensación que da de ser un producto light, una película tan mona como su actriz principal, la señorita Paltrow, que no se compromete con nada ni nadie y que lanza un discurso por lo demás de lo más tópico: el amor es lo más grande del mundo, el amor es la fuerza más poderosa del universo, el amor arrastra nuestras vidas y las hace felices o desdichadas según consigamos o no, el objeto de nuestros desvelos amorosos.
Es por ello que el film de Madden se nos muestre como un producto meramente comercial, muy propio del sello Miramax, productora de la Compañía Disney experta en sacar al mercado productos complacientes para todos los públicos. Porque en esta película hay de todo: escenas de espadachines, secuencias de "biopic", situaciones cómicas, erotismo romántico a la luz de las velas y tras los cortinajes, muy pocos elementos dramáticos (contra lo que era suponer, a fin de cuentas en el film se nos narran las experiencias de amor contrariado del joven Shakespeare, que darían lugar al intenso dramón mejor dicho: tragedia- de Romeo y Julieta). También la película contiene algo de crónica histórica de la época isabelina, mezclada con elementos y guiños de actualidad que hacen más cuestionable la verosimilitud de lo que se cuenta: por ejemplo, la sesión de psicoanálisis con diván incluido, en el tenderete del mago-astrólogo.
Detrás de todo este gran escaparate y brillo de pirotecnia visual está esa exaltación autocomplaciente de la cultura anglosajona y de la prepotencia sociocultural del pueblo americano, que es capaz de transformar elementos históricos ficticios los datos biográficos sobre Shakespeare son casi inexistentes- en piezas para la construcción de maquinarias propagandísticas y exaltadoras de su poder imperial. Paradójicamente uno se pregunta por qué el cine español no es capaz de explotar el inagotable y riquísimo filón de sus personajes histórico-literarios (Cervantes, por ejemplo, contemporáneo de Shakespeare murieron en la misma fecha- sería una verdadera mina de historias rocambolescas y llenas de aventura).
Quizá lo más interesante de toda la película sea la reflexión que sobre la creación artística y el mundo del teatro se hacen. Seguramente el origen de su director, experto en teatro clásico y bastante inexperto en cine -sus filmes anteriores fallidos y mediocres (Ethan Fromme y Golden Gate) lo corroboran- y la mano de Paul Stoppard, importante dramaturgo y guionista americano, han subrayado en Shakespeare enamorado los temas que giran alrededor del mundo del teatro con bastante acierto: las competencias entre compañías y autores, los apuros de los empresarios para sacar adelante una comedia, las zancadillas y trampas que se hacen entre ellos: todo fiel trasunto de lo que también ahora ocurre. Paralelamente, el film nos muestra el proceso de creación de la obra artística por parte de los artistas, con sus bloqueos y baches, con sus avances y progresos para dar, al final, lugar al nacimiento del milagro de toda obra artística: su capacidad de sublimar la realidad de la misma vida.
Y como en tantos filmes de contenido más o menos ligero, el continente de esta "oscarizada" película es bastante apabullante. Una espléndida reconstrucción de decorados y vestuarios, fotografía impecable, música apropiada y un gran plantel de actores de gancho comercial hacen esta película un producto de fácil y agradable digestión. Sin embargo y pese al Oscar de Gwyneth Paltrow actriz muy mona pero que le falta aún madurez interpretativa- los actores más jóvenes no logran ensombrecer a los personajes secundarios encarnados por actores más veteranos, cuyas interpretaciones son verdaderamente soberbias, como las de Judith Dech en el papel de la reina Isabel y la de Geoffrey Rush, interpretando a uno de los empresarios teatrales. TEATRO. HISTORIA. José Luis Barrera. |