LA GRAN MENTIRA (películas alabadas por la crítica y ensalzadas por el público que no son más que auténticos camelos envueltos en un -falso- cine de calidad)
Muertos de risa. Nacionalidad: Española, 1998. Dirección: Alex de la Iglesia. Argumento y guión: Alex de la iglesia y Jorge Guerricaechevarria. Intérpretes: Santiago Segura, El Gran Wyoming, Alex Ángulo, Alfonso Lussón, Carla Hidalgo, Sancho Gracia, María Asquerino El título define al fin. En sentido opuesto. Cara a la historia es cierto. Respecto al espectador (al menos a muchos) es un sopor (una muerte) de aburrimiento. Los medios mediáticos mandan y ellos han dicho que el film es excelente. En realidad el dogma es una confabulación provocado por una auténtica (y exagerada) campaña promocional. Todo se puede comprar. Hasta el apoyo crítico. En eso el dinero (la propaganda que se invierte en tal o cual medio) tiene mucha culpa.
Film insuficiente cuando no inútil. Los chistes se repiten una y otra vez. Pero parecen ser siempre el mismo. Los dos cómicos-paliza terminan por ser inaguantables. Sus chistes (y su historia de amor y odio) son una paliza constante al sentido común. Quedaría el mensaje de la película. La historia en otro sentido. Leída (se necesita cara) en clave de revisión de una época. Todo queda en algo tan insuficiente como pobre. Probablemente incluso se vea esa revisión (o quede) como nostálgica. Triste o alegremente, pero nostálgica. La idea es revisar a través de unos auténticos payasos la historia de la transición. De la nuestra. Los payasos forman parte de un medio, la televisión. De esa forma Muertos de risa plantea (sin quererlo) un curioso giro: el volverse sobre si mismo. La televisión promociona a unos "cantamañanas" (como ha promocionado a tantos y tantos). La película hace lo mismo. Promociona lo nimio y lo ridículo. Crítica (inexistente) y mensaje se dan la mano. Lo que "viven" los personajes (y hemos vivido nosotros) y a lo que asistimos son la misma cosa. O sea un engaño. El sacar (o imitar) programas conocidos de la tele de los últimos años, el mostrar (o reconstruir) momentos desagradable de nuestra historia no tiene otro sentido que ir asistiendo a una historia de "tortazos" (compruébese en la revisión de la -frustrada- secuencia del 23-F). La repetida representación del payaso listo y del payaso torpe que son también el espectáculo. Que quizás seamos nosotros mismos.
Los actores hacen de si mismos. Ambos forman parte de la propia idea original. Ellos son también promociones mediáticas. Seres encumbrados por la pequeña pantalla, por sus payasadas tras las que desean mostrarse de una determinada forma. Aquí siguen manteniéndola. El espectador no perdonaría que Santiago Segura fuera otra cosa que Santiago Segura. Lo mismo de El Gran Wyoming. Al parecer los dos personajes se inspiran (en la no muy destacable) en La extraña pareja. Lo que ocurre es que allí estaban Lemmon y Matthau. Y aquí...
Hábil campaña publicitaria. Pobre película. Se quiere seguir proclamando que Alex de la Iglesia es uno de nuestros genios particulares. En un mundo mediocre todo es admisible. Hasta eso. Lo único claro es que él como algún otro sabe venderse. Y bien. Ese es el resultado final del film. Su triste realidad. La primera semana rompió todos los récord de taquilla. Actualmente multiplica (prácticamente) por 10 el número de espectadores con respecto a esa excelente película española llamada Solas. Un ejemplo claro de lo que gusta a los espectadores. La inversión de papeles a lo mejor tiene lugar. ¿Quién es el payaso "listo"? ¿Cuál o cuales el tonto? Quizá, en ese sentido, la película se vuelva contra el (los) propio (s) espectador (es). ¿Se puede adivinar quien es realmente el qué recibe las bofetadas? TRANSICIÓN ESPAÑOLA. LA TELEVISIÓN.- Mr. Arkadin.
La vida es bella (La vita è bella). Nacionalidad: Italiana, 1997. Dirección: Roberto Benigni. Argumento y guión: Vicenzo Cerami y Roberto Benigni. Intérpretes: Roberto Benigni, Nicoletta Braschi, Giustino Durano, Marisa Paredes (Ver comentario en EN CADENA DOS nº 5)
|