| CUANDO RUGE LA MARABUNTA (Editorial)
(El largo y cálido verano ) Cinematográficamente el verano ha sido una auténtica travesía en el desierto. Sudor, polvo y hierro hemos ido dejando atrás un panorama marcado por vulgaridades y terrores de la peor especie, canalizados a través de grandes productoras y fuertes campañas promocionales. Sólo así se puede entender que cositas como La momia o Matrix e incluso (la más que mediocre) La guerra de las galaxias: episodio 1: La amenaza fantasma puedan barrer en un mercado, en el que se impone sobre todo la presencia de los espectadores jóvenes. La verdad es que ante tanto efecto digital, falta de imaginación, guiones chapuceros y actores con cara de dibujo animado, uno prefiere aquellos films tan ingenuos de serie Z que nos llegaban. Sus efectos especiales eran de juzgado de guardia, pero no escondían bajo sus pobres ambiciones ninguna aviesa intención. Ni siquiera pedían el aplauso. Simplemente eran lo que eran: un conjunto de ingenuidades. Seriales simples de un continuara sin que llegase nunca el final. Eran frescos productos con fecha de caducidad sin cumplirse, mucho más dignos que estos clones que nos llegan con fecha de caducidad ya pasada.
El verano, sin prácticamente oasis que nos hiciera posible el repostar en el camino, ha sido un desierto del que tan solo han emergido unas diminutas plantas. Por un lado ha imperado ese torpe cine comercial del que hablamos más arriba, por otro han aparecido una serie de obras sobre jóvenes (dentro de cualquier género) que aparentemente prologan una invasión de este tipo de cine. Tanto da la presencia de versiones ocultas de Bonnie and Clyde como modernas adaptaciones de (la perversa obra, según dice la propaganda) Las amistades peligrosas . En medio de edenes sin rumbo y de ocultas intenciones, se esconden los ridículos sentimentalismos de los enamoradizos humanos (gente normal) de las actuales princesas, es decir de las reinas del celuloide. Lo que ocurre es que esas reinas se puede decir que no existen. No abundan, son estrellas de baja categoría. Un estrellato de eclipses totales sucesivos. Si algo de este cine de jóvenes, de diferentes países y problemas, puede ser salvado hoy de la quema es, con todos los peros del mundo Desde que os fuisteis de David Schwimmer, un tan prometedor director como vulgar, por no decir pésimo, actor. Película que además suena a, ¡como no! remake de otras obras más solventes.
Y hasta el cine erótico (arropado por la moda Kubrick) o pseudopornográfico parece esconder (otra vez) ocultas intenciones con el fin de llegar a los espectadores de cualquier sala cinematográfica. Pero si eso es lo que pretenden films como Romance o Post Coitum, animal triste , ambas francesas y dirigidas por mujeres, lo mejor es dar la espalda y salir corriendo lo más lejos posible del sitio donde se proyectan (aunque algunos aplaudan sus paupérrimos y, lo que es peor, soporíferos resultados). Pero es que la nueva moda, como ha demostrado el festival de Venecia que acaba de celebrarse, es un cine pornográfico (más bien pseudo) torpe que invade las pantallas “comerciales” (no las especializadas) del mundo civilizado en busca de atolondrados espectadores. Plantear la más elemental de las mentiras como caza y captura de un público despistado.
La abundancia del cine español en este verano interminable, y aun sigue coleando en estos primeros días de septiembre, tampoco significa enfrentarnos a ningún cine de calidad. Está claro que amigos y conocidos, críticos de diferentes medios que quieren llegar a la dirección, y hasta aquellos que buscan el reconocimiento de impensables y emprendedores productores, desde sus arriesgadas (en realidad conformistas) e incomprensibles propuestas, van a aplaudir o al menos admitir los intragables productos con las que jóvenes y no tan jóvenes realizadores patrios (o de las patrias, como dirá un viejo, escarmentado y dolorido Berlanga) nos han obsequiado este verano, con la única finalidad de hacerlo aun más tórrido y dificultoso. Si decimos que lo menos malo es la poco fina Lisboa de Antonio Hernández (donde lo peor es Carmen Maura haciendo de Carmen Maura), quedaría todo dicho ante tal avalancha de buenas pero frustrantes intenciones ( Me llamó Sara ), de propuestas equivocadas (desde Sí quiero hasta Rewind ), de cine teatral o radiado ( Pepe Guindo de Iborra) o enfrentarnos a las claras limitaciones de realizadores que fueron ensalzados en sus (más que discutibles) primeras obras y que ahora en su segunda se muestran todavía en peor forma. Es el caso de Miguel Albaladejo (Manolito Gafotas) . Pero peor es la defensa de los realizadores que cada vez, dicen, realizan obras más terminadas y complejas. Los grades del mañana. Es el caso de Barroso y sus lobos de Washington aplaudidos hacia la saciedad, cuando no es más que un film tan tópico como frustrado. A los títulos anteriormente citados podría añadirse la simple corrección de Colomo (un realizador listo como él solo) en Cuarteto de la Habana , la vulgaridad existente en La sombra de Caín (Paco Lucio), Se buscan Fullmontis (Alex Calvo Sotelo) o en coproducciones tales como Cosas que olvide recordar (Enrique Oliver) o Golpe de estadio (vulgar muestra de un director del que se esperaba mucho más, Sergio Cabrera).
Las pequeñas risas suecas de Eva y Adam tampoco tenían la fuerza suficiente para airearnos y salir del ambiente asfixiante en el que nos movíamos, y parece nos seguimos moviendo, y no sólo como antídoto de un cine de terror tan endeble como el (re) presentado por Carrie2 o Virus . Menos mal que el irregular Carpenter ofreció una (pequeña eso si) lección irónica del mito vampírico en la más que digna Vampiros , donde al menos hay un director y unos actores que saben lo que es el oficio.
Se abre la temporada cinematográfica. Caminaremos a la caza y captura de lo mejor, aunque a barbor y estribor no se encuentre nada más que repeticiones de lo mismo tanto en el cine español como en el extranjero. Polanski ( La novena puerta ) mezclando cosas de sus anteriores películas al igual que Berlanga en ese batiburrillo fallero que es Paris-Tombuctú o Aranda buscando sus viejas glorias perdidas en viejas historias de Celos (permitiéndose incluso hacer bromas a costa de determinados críticos que no vieron las escondidas bondades de sus últimos-temibles films) salidos de amantes intrusos pero que prefiero, por supuesto, a las mujeres turcas libertaria sin un rumbo marcado. Todo se abre lleno de festivales por aquí y por allá. Desfilarán uno tras otro: Venecia, S. Sebastián, Mostra de Valencia, Sitges, Valladolid. En ellos se mostrará lo mejor de ahora que no quiere decir que sea lo mejor de siempre. Y, por supuesto, con impaciencia y temor, esperamos la llegada del ritual funerario-amatorio de Kubrick, que no se sabe muy bien de que murió si de pesar por el cine o por no poder poner en marcha sus proyectos más queridos o simplemente porque decidió morirse de aburrimiento, cansancio o edad. Kubrick adapta, ahora, una novela de un autor vienés, médico y amigo de Freud, Arthur Schnitzler, quien al menos había sido adaptado en dos ocasiones anteriores por Ophuls padre (Max) al cine ( La ronde y Liebelei ). Con todo el respecto para los Kubrickianos estoy seguro (menda) que el elegante Ophuls nos hubiera dado una lección de cine (y humildad) superior a la del superhombre de la nueva era. Es simplemente mi conjetura o mi muestra de amor hacia uno de los realizadores más grandes del cine, el citado Max Ophuls.
Sigue el calor. Nada ha cambiado. El sol se ocultó unos momentos pero no llegó el film del mundo a pesar de las cábalas de los excelsos sabelotodos. Los profetas del caos siguen dándonos la tabarra con el fin del mundo (como máximo de un pequeño sitio del Universo llamado Tierra). No hay que alarmarse. Las cosas que ocurren son las de ayer y anteayer: volcanes que abren sus entrañas, terremotos destructores, inundaciones, tornados. Es decir las fuerzas de la naturaleza imposibles de ser amaestradas, Mientras otros dolores con más posibilidad de enderezarse, siguen siendo el cáncer de este cansado mundo: terrorismo, guerra y exterminio del que no es o piensa como nosotros aquí o allí. Pasó en muchos lugares antes que en Kosovo y vuelve a pasar en Timor. Pero en Kosovo el mundo (civilizado y bondadoso) dijo basta, mientras había pasado cantidad en otros lugares y vuelto la espalda a lo que ocurría en otros sitios perdido en el mapa. Lo volverá a hacer. De hecho ahora mismo. Lugares por los que no se tiene ningún interés. Es indiferente que se maten entre ellos, en esos lugares pedidos, ya que al fin y al cabo deben ser casi salvajes. En Kosovo eran europeos malos y los buenos (con la ayuda del séptimo de caballería) acudieron presurosos a poner paz y orden. No consiguieron más que pasar el problema al otro bando. Allí, en los Balcanes, los europeos occidentales parecen olvidar que ellos son los culpables de esas guerras. En su momento optaron por partir Yugoslavia (Alemania a la cabeza con el permiso de USA ), al ser el único país que se negaba a ser europeísta y cerrarse como un paréntesis entre los buenos de siempre y los que ahora, recién convertidos, se pasaban a su órbita (Hungría, Bulgaria, República Checa....). Todos en amor y concordia abrazando (o esperando) la inclusión en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea. En este número podréis encontrar un breve resumen sobre algunas de las películas que hablan de esa guerra.
El cine y el mundo caminando hacia el nuevo siglo parecen seguir repitiendo, pues, la insulsez que nos aprieta y duele. Una humanidad inhumana que parece no distinguir lo brillante de lo oscuro. La luz del proyector quizás de vida a grandes momentos. De momento la nueva temporada se pone en marcha y los nuevos monstruos fílmicos, como una Norma Desmond, cualquiera salida de El crepúsculo de los dioses , tratan de proclamar su inmortalidad en la tira de celuloide. Difícil que lo consigan ante su mediocridad profetizada en este largo y cálido verano. Mientras tanto nosotros estamos nuevamente aquí, con nuestro cartel de libertad por delante. Seguiremos ejerciendo nuestra crítica libre sin estar sujetos a los dictámenes propagandísticos de las casas productoras, distribuidoras o exhibidoras. El día que no podamos seguir cumpliéndolo nuestro compromiso nos marcharemos con la música a otra parte. Eso si, en nuestro EN CADENA DOS trataremos día a día de lograr una revista más ágil, introducir nuevas secciones que puedan servir de mayor relajo para los lectores. A partir del número de octubre (este curso desearíamos estar siempre en la red hacia la mitad del mes) daremos el pistoletazo de salida para el nuevo curso intentando alcanzar una mayor comunicación con nuestros lectores. Un apartado- concurso y una página en la que podréis dar vuestras opiniones sobre una determinada película, serán algunas de nuestras propuestas. Trataremos de prepararnos debidamente para alcanzar el nuevo milenio contactando con todos vosotros en la tercera fase. |