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En
el espacio de unos pocos meses se han estrenado en nuestras pantallas dos
películas, Otoño en Nueva York
y Noviembre dulce, que contando
con el mismo argumento muestran una forma de entender el cine
absolutamente diferente. La primera,
Otoño en Nueva York, es un producto de marketing montado en torno a
dos estrellas (Richard Gere, Winona Ryder) que llevan el peso de la película,
despreciándose aspectos como el guión o la puesta en escena; en la
segunda película, Noviembre dulce,
al menos hay un intento de contar una historia (basado en una película
dirigida por Robert Ellis Miller en 1968) de una manera racional y con
unos personajes que se van adaptando de una forma lógica a los hechos que
se cuentan en la película, se puede seguir una evolución en ellos (no
son personajes planos); junto a la historia de la pareja, giran alrededor
una serie de personajes que desarrollan tramas secundarias, sobre todo la
historia del niño huérfano y la pareja de vecinos gay,
que sirven para ir complementando la narración: el vecino gay es
lo contrario al personaje principal, es capaz de trabajar y de tener una
vida aparte del trabajo, mientras que el niño sirve como espejo en donde
se refleja la soledad de Keanu Reeves, es alguien que desde pequeño se
encuentra como él.
También
es verdad que el resultado final se resiente, sobre todo, por dos aspectos
que emanan de la propia escritura de la película como es. Por un lado, el
golpe de guión -desde luego necesario- para justificar la actitud del
personaje interpretado por Charlize Theron pero que aboca vertiginosamente
el desenlace del filme, obligando a pasar bruscamente de la comedia al
drama; y por otro, alguna acumulación de tópicos como la descripción
del modo de vida de Keanu Reeves o el personaje del vecino gay que actúa
como confidente de la protagonista y comienza a ser un cliché en el cine
norteamericano (Mejor imposible,
La boda de mi mejor amigo), y es
que la industria del cine es capaz de domesticar cualquier atisbo de
radicalidad.
Con
todo nos encontramos con dos horas de cine que, dentro del esquema
comercial en que se mueve (tampoco pretende ser otra cosa), funciona con
cierta dignidad. Como botón de muestra sirve la escena final de la
despedida entre los protagonistas: Charlize Theron, antes de irse, le ata
los ojos a Keanu Reeves (antes hemos visto que era incapaz de moverse con
los ojos cerrados) y recorre la calle mientras ella desaparece, cuando él
se quita la venda, ella ya no está, ha sido como una visión fugaz en su
vida que le ha ayudado a "andar" solo, a desarrollarse como
persona pues Noviembre dulce es
también una historia de comprensión, de apoyo y sacrificio entre
personas, y la cámara enfoca una imagen de la ciudad mientras la cámara
se eleva entre unos árboles que enmarcan en un lateral los títulos de crédito.
Luis Tormo
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Sweet November
Nacionalidad: EE UU, 2001.
Director: Pat O'Connor
Guión: Kurt Voelker
(basado en un guión de Herman Raucher)
Director de Fotografía:
Edward Lachman
Música: Christopher Young
Producción: Elliot
Kastner, Steven Reuther, Deborah y
Erwin Stoff.
Intérpretes: Keanu Reeves,
Charlize Theron.
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