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Padre,
he pecado. He visto la última película de M. Night Shyamalan. Y estoy
muy arrepentido.
Quizás
no me he sentido identificado con la historia dado que se trata de terror
cotidiano y creo pertenecer a otro tipo de entorno. No tengo una granja
con campos de trigo a las afueras de un pueblecito. La familia de la que
provengo no está compuesta por un reverendo que ha perdido la fe por la
muerte de su mujer en accidente de trafico, sus dos hijos y un hermano
falto de lucidez. Y no hago muchas tonterías sin gracia tras momentos de
tensión, porque ni me rió ni me asusto.
Shyamalan
se dedica a hacer el indio, perdón, el hindu-americano, delante de la cámara
(salir, sale, y no se trata precisamente de un cameo). Pero detrás
de la cámara es peor aún. La película es la tercera entrega de la
trilogía que comenzó con la frase de un niño: “en ocasiones veo
muertos”, continuó con “en ocasiones veo superhéroes” y
ahora con Señales, el nuevo niño, en ocasiones ve
extraterrestres. La misma película en tres versiones; su formula: un niño,
un actor de primera línea y como tema, la fantasía en medio de lo
supuestamente cotidiano. Sustos y momentos de tensión provocados como
sean, independientemente de su funcionalidad narrativa; y una sorpresa
final imposible de atar coherentemente, aunque él lo pretenda con un
resumen recordatorio de momentos puntuales, para hacer caer en la cuenta a
los más duros de mollera y enojar a todos los demás. Evidentemente, ya
no sorprende a nadie, y su declive es de lo más acusado.
La
gratuidad de sus encuadres, darían lugar a lecturas aberrantes si los tomáramos
en serio, como la repetición de planos contrapicados desde el suelo en el
primer tercio del filme, en un principio atribuibles al punto de vista de
dos perros enfermos (que están presentes), pero cuando no se encuentran
allí, uno puede pensar en la existencia de terraterrestres (en
lugar de extraterrestres), nada descabellado tampoco, porque al final
tienen cierto parecido con el gigante verde. O pensar que la hija del
personaje de Gibson es marciana por su insatisfacción con el agua (que al
final resulta ser bendita), y no es así, son señales. Torpezas como la
carencia de sutileza a la hora de mostrar cómo se puede recuperar la
confianza de un hijo, cuando desde su nacimiento había sido el favorito
de mamá: haciendo que vuelva a nacer. Encerrados en el sótano debido a
la amenaza exterior, al niño le da un ataque de asma y no dispone del
medicamento; la solución la tienen su padre, que ante la necesidad de
recuperarlo, física y afectivamente, lo acoge en su regazo y comienza a
realizar ejercicios de respiración. Visión patética la del hijo
recostado entre las piernas del padre resoplando ambos al unísono. Y por
si quedaba alguna duda de la delicadeza del realizador y su consideración
con aquellos que se despistan, y no se han dado cuenta que al final
recupera la fe, no hay nada como mostrar a Gibson con el hábito puesto.
Estamos
predestinados por la gracia de Dios, no forjamos nuestro camino ni nada de
eso, aunque para llegar a esa conclusión uno tiene que ver a los
extraterrestres, si no no se puede creer en ello, salvo que se sea un
ingenuo (como el personaje de Joaquin Phoenix). Como paralelismo a la
existencia de Dios, tenemos a los extraterrestres en los que hay gente que
cree. Los que no lo tienen tan claro lo hacen en el momento en que se
encuentran ante ellos: ver para creer. Y si pasa con estos marcianos,
puede pasar con Dios. Lo dicho, ver para creer. Y se cree, o no. Se es de
los buenos o de los malos. Y estos siempre son los raros, los extraños o
los de afuera. Vamos que si no se está contra ellos, es que eres uno de
ellos; como en la vida misma.
De
igual modo que esta crítica comienza mediante una hipotética confesión
religiosa, la película tiene como mera excusa a la desperdiciada idea de
las señales en los campos de trigo, para contar insosteniblemente la
historia de cómo un cura recupera la fe. ¡Que venga Dios y lo vea!
Israel
L. Pérez
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SEÑALES
Título
Original:
Signs
País y Año:
EE.UU., 2002
Género:
THRILLER
Dirección:
M. Night Shyamalan
Guión:
M. Night Shyamalan
Producción:
Spyglass Entertainment
Fotografía:
Tak Fujimoto
Música:
James Newton Howard
Montaje:
Barbara Tulliver
Intérpretes:
Rory Culkin, Patricia Kalember, Cherry Jones, Mel Gibson, Joaquin Phoenix,
Abigail Breslin
Distribuidora:
Buena Vista Internacional
Calificación:
Todos los públicos
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