Cuando los muertos… resucitan
¿No han tenido el placer todavía de conocer a su conciencia? Vean,
vean… La novia cadáver
y averiguarán qué forma tiene. Si, no crean que me lo estoy inventando
o que deliro y que no sé si estoy viva o muerta o a ratos viva
y a ratos muerta… Es que es un gusano… ¿Asustados? No creo. Total,
si no sabíamos cómo era hasta ahora, es mejor que nos lo presenten
que seguir con la incógnita.
Entre este mundo y el que se esconde debajo de nuestros pies se
desarrolla el último filme animado del especialista en películas
tétricas para niños y no tan niños, Tim Burton. Una vez más, sin
querer poner limitaciones físicas a nuestra imaginación, nos ha
dado un paseo por aquellos lugares que no creíamos poder visitar
por ahora y que, sin embargo, son más acogedores que el mundo
¿real?
Un novio indeciso, una novia encorsetada, unos padres severos,
otros esperando ascender a una mejor clase social, un varón aprovechado
y una novia muerta en medio de todos ellos, forman el elenco de
protagonistas de la película. Unos actores, por otra parte, que
encarnan a Johnny Deep,
Emily Watson,
Helena Bonham Carter,
Christopher Lee
y Tracey Ullman.
Ambientada en un pueblecito europeo en el siglo
XIX, cuenta la historia de Victor (Johnny Depp), un joven que
se va a casar con Victoria (Emily Watson), a quien no conoce,
por culpa de un matrimonio concertado y que, sin saber cómo, es
llevado de repente al infierno, donde se casa con una misteriosa
Novia Cadáver (Helena Bonham Carter), mientras Victoria espera
en el mundo de los vivos. A pesar de que la tierra de los muertos
resulta ser más colorista que su estricta educación victoriana,
Victor aprende que no hay nada en este mundo, ni en el siguiente,
que pueda separarle de su único y verdadero amor.
La diferencia entre ambas vidas salta a la vista.
La negritud entre la que viven los que todavía tienen carne es
tan triste y cruel que es lógico que aquello que desconocemos
y en parte, tememos, esté cargado de cubos de pintura. Mientras
que los muertos bailan jazz al ritmo que marcan las cabezas y
las piernas que salen y entran con brío de su posición inicial;
arriba, se ensaya cómo un novio debe decir los votos entre las
paredes frías de un castillo que, poco a poco, se derrumba por
la tristeza.
Por otra parte, habría que resaltar la impecable banda sonora creada
por Danny Elfman, el habitual colaborador de Tim Burton, quien
una vez más, trabaja con una partitura fiel a su estilo. Un compositor
que, si bien puede parecer que siempre utiliza la misma estructura
musical (como la profusa utilización del coro), lo hace tan ajustado
al “ideario” de los filmes de Burton, que ni siquiera importa.
En definitiva, se trata de una forma sutil y
bella de describir una historia de amor sin límites, donde los
esqueletos, aunque carezcan de corazón, tienen más capacidad de
amar y de razonar que los que todavía conservan sus órganos.
Una película que pretende mostrar con frialdad
que lo desconocido no tiene por qué ser peor que lo que conocemos
y que, en definitiva, para eliminar cualquier prejuicio que pudiéramos
tener de “los otros”, primero hay que saber cómo son.
Un trabajo que Tim Burton ha logrado comprimir
en 76 minutos, eliminando cualquier escena que pudiera resultar
innecesaria… evitando así que el espectador pueda dudar entre
quedarse sentado o abandonar la sala.
Anaïs Pérez Figueras