LA NOVIA CADAVER  
 
Título orginal: Tim Burton's corpse bride
País, Año:

EE.UU., 2005

Dirección: Tim Burton, Mike Johnson
Intérpretes: Johnny Depp (voz), Helena Bonham Carter (voz), Emily Watson (voz), Tracey Ullman (voz), Paul Whitehouse (voz), Joanna Lumley (voz), Albert Finney (voz), Richard E. Grant (voz), Christopher Lee (voz), Michael Gough (voz)
Guión: John August, Caroline Thompson, Pamela Pettler
Producción: Tim Burton y Allison Abbate
Fotografía: Pete Kozachik
Música: Danny Elfman
Montaje: Jonathan Lucas y Chris Lebenzon
Duración: 76 minutos
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando los muertos… resucitan

¿No han tenido el placer todavía de conocer a su conciencia? Vean, vean… La novia cadáver y averiguarán qué forma tiene. Si, no crean que me lo estoy inventando o que deliro y que no sé si estoy viva o muerta o a ratos viva y a ratos muerta… Es que es un gusano… ¿Asustados? No creo. Total, si no sabíamos cómo era hasta ahora, es mejor que nos lo presenten que seguir con la incógnita.

Entre este mundo y el que se esconde debajo de nuestros pies se desarrolla el último filme animado del especialista en películas tétricas para niños y no tan niños, Tim Burton. Una vez más, sin querer poner limitaciones físicas a nuestra imaginación, nos ha dado un paseo por aquellos lugares que no creíamos poder visitar por ahora y que, sin embargo, son más acogedores que el mundo ¿real?

Un novio indeciso, una novia encorsetada, unos padres severos, otros esperando ascender a una mejor clase social, un varón aprovechado y una novia muerta en medio de todos ellos, forman el elenco de protagonistas de la película. Unos actores, por otra parte, que encarnan a Johnny Deep, Emily Watson, Helena Bonham Carter, Christopher Lee y Tracey Ullman.

Ambientada en un pueblecito europeo en el siglo XIX, cuenta la historia de Victor (Johnny Depp), un joven que se va a casar con Victoria (Emily Watson), a quien no conoce, por culpa de un matrimonio concertado y que, sin saber cómo, es llevado de repente al infierno, donde se casa con una misteriosa Novia Cadáver (Helena Bonham Carter), mientras Victoria espera en el mundo de los vivos. A pesar de que la tierra de los muertos resulta ser más colorista que su estricta educación victoriana, Victor aprende que no hay nada en este mundo, ni en el siguiente, que pueda separarle de su único y verdadero amor.

La diferencia entre ambas vidas salta a la vista. La negritud entre la que viven los que todavía tienen carne es tan triste y cruel que es lógico que aquello que desconocemos y en parte, tememos, esté cargado de cubos de pintura. Mientras que los muertos bailan jazz al ritmo que marcan las cabezas y las piernas que salen y entran con brío de su posición inicial; arriba, se ensaya cómo un novio debe decir los votos entre las paredes frías de un castillo que, poco a poco, se derrumba por la tristeza.

Por otra parte, habría que resaltar la impecable banda sonora creada por Danny Elfman, el habitual colaborador de Tim Burton, quien una vez más, trabaja con una partitura fiel a su estilo. Un compositor que, si bien puede parecer que siempre utiliza la misma estructura musical (como la profusa utilización del coro), lo hace tan ajustado al “ideario” de los filmes de Burton, que ni siquiera importa.

En definitiva, se trata de una forma sutil y bella de describir una historia de amor sin límites, donde los esqueletos, aunque carezcan de corazón, tienen más capacidad de amar y de razonar que los que todavía conservan sus órganos.

Una película que pretende mostrar con frialdad que lo desconocido no tiene por qué ser peor que lo que conocemos y que, en definitiva, para eliminar cualquier prejuicio que pudiéramos tener de “los otros”, primero hay que saber cómo son.

Un trabajo que Tim Burton ha logrado comprimir en 76 minutos, eliminando cualquier escena que pudiera resultar innecesaria… evitando así que el espectador pueda dudar entre quedarse sentado o abandonar la sala.

Anaïs Pérez Figueras