In memoriam

  05 Julio 2022

Centenario del nacimiento de Fernán-Gómez

memoriam-fernan-gomez-0El sábado 28 de agosto de 2021 se conmema el centenario del nacimiento del célebre escritor, director, actor y académico de la lengua española Fernando Fernán Gómez. Como él mismo declaró: «Hago infinidad de cosas corrientes muy mal y solo hago tres o cuatro, que no es que las haga bien, pero que me he profesionalizado en ellas». Esas cosas son interpretar, dirigir películas y escribir. Fernando es un hombre para la historia del cine y en estas modestas letras queremos rendirle homenaje.

Fernando Fernán Gómez nace en agosto de 1921 en Lima (Perú) y fallece en Madrid en 2007. Llega a España durante una gira de su madre, la actriz Carola Fernán-Gómez y su compañía teatral.

En el cine hace de todo y muy bien. Sus primeros trabajos se remontan a principios de los años 40, pero es a comienzos de los 50 cuando comienza a destacar como actor en películas como El último caballo (1950), de Neville; o Esa pareja feliz (1951), de Bardem y Berlanga.

Fernando atrapa con su palabra, sus gestos, sus movimientos; sintoniza con la cámara y conecta con los espectadores. Sus aptitudes le llevan a hacer de cómico, de señor de alta alcurnia, de ingenuo o reflexivo, de personaje mohíno o chistoso: o sea, maneja todos los registros.

Entre los años 50 y 60 dirige varios filmes, aportaciones importantes para el cine español: La vida alrededor (1959), El mundo sigue (1963) y El extraño viaje (1964).

Los años 70 son relevantes para el Fernando actor, pues trabaja con directores de primer orden: Víctor Erice, Carlos Saura, Jaime de Armiñán, Juan Estelrich o Ricardo Franco. Un cine audaz, poético y de gran calidad, al hilo de la transición democrática.

Lo vemos en: Ana y los lobos (1972), El espíritu de la colmena (1973), El amor del capitán Brando (1974), Los restos del naufragio (1978) y El anacoreta (1976), con la que gana el Oso de Plata como actor del Festival de Cine de Berlín, lo que vuelve a conseguir con Stico, de Armiñán, en 1985.

En los 80 emprende diversos proyectos, participando en películas de directores como Jaime de Armiñán, Manuel Gutiérrez Aragón o de nuevo con Berlanga, treinta años después (Moros y cristianos, 1987).

Pero el largometraje clave de este período y de toda su trayectoria es El viaje a ninguna parte (1986), un hito del cine español. Fernando la dirige y protagoniza, acompañándose de grandes intérpretes.

Nuestro personaje es de corte anarco desde los años treinta y en la transición democrática participa en las jornadas libertarias que la CNT celebra en Montjuïc en 1977. En esta línea ácrata encarna un personaje principal en Belle époque (1992), de Fernando Trueba.

También le ocupa a Fernán Gómez la literatura española (El Lazarillo y el Quijote) y trabaja en Fortunata y Jacinta (1980), de Mario Camus, y El abuelo (1998), de José Luis Garci (adaptaciones de sendas novelas de Benito Pérez Galdós). Retorna a la picaresca en su último largometraje, que dirige en colaboración con García Sánchez: Lázaro de Tormes (2001).

Sin Fernán Gómez no se puede entender el cine y el teatro españoles de la segunda mitad del siglo XX. Es una figura principal y de una enorme talla.

Como ejemplos de su trabajo, hemos escogido tres películas: el documental-entrevista de David Trueba y Luis Alegre: La silla de Fernando (2006); su mejor obra como director y actor: El viaje a ninguna parte (1986); y una gran película como intérprete: La lengua de las mariposas (1996), de José Luís Cuerda.

memoriam-fernan-gomez-3-viaje

La silla de Fernando (2006)

En este filme podemos ver hasta qué punto Fernando, sentado en una silla, es capaz de convertir una charla en algo más. Con Fernán Gómez de contertulio, la charla se convierte en una autobiografía con humor, un retrato que nos acerca a su mundo. Todo lo cual refleja este documental de 85 minutos, con David Trueba y Luis Alegre en la dirección, guion y montaje.

Fernando era agrio, de mal carácter y él mismo confiesa que se dio cuenta en un punto de su vida que le convenía fomentar ese papel de antipático, para quitarse de encima a gente pesada o petulante que en su gremio abundan.

Bien es cierto que de esta charla puede ocurrir que el protagonista resulte machista, algo engreído o superficial, sobre todo para los más jóvenes.

Pero ha de entenderse que se trata de un artista-intelectual nacido a principios del pasado siglo, ya mayor en el momento de este rodaje (84 años) y que en realidad era así.

El caso es que Trueba y Alegre, que visitaban a menudo a Fernán Gómez, viendo el caudal y nivel de plática que poseía, pensaron en compartir con el público ese tesoro para que conociéramos de primera mano al personaje que, para ellos, «era el mejor conversador que hemos conocido nunca, una persona que le daba la vuelta a cualquier argumento (…) de una inteligencia que estaba a años luz de otros que conocíamos, un personaje inigualable en el siglo XX».

Fernán Gómez aceptó la propuesta de Trueba y Alegre de hacer este documental desnudo en el que la mayor parte del tiempo está su figura en primer plano. Con la ventaja, según los autores, que al ser Fernando un actor —«probablemente el mejor actor de la historia del cine español», aseguran, manejaba a la perfección las miradas, la entonación, las pausas, el gesto, el sarcasmo, la contradicción o el humor.

memoriam-fernan-gomez-4-silla

Al emprendimiento lo denominaron película-conversación. La voz de Fernán Gómez llena la película. En lo acústico, su tono, timbre y sonoridad son vigorosos y claros. Es potenciada con inflexiones y recursos de veterano actor que proyecta, pronuncia y articula con cadencia inmejorable, natural y sin afectación.

Cuenta vivencias, relatos y opiniones, aflora su honda cultura, los valores que reverberan y su noble experiencia artística, envuelta zumbonamente en sarcasmo.

Que si «yo soy maniqueo» —y lo argumenta—, que si hay unos que «son buenos y otros que son más malos» —y lo razona—, el Fernando políticamente incorrecto, como corresponde a un ser lúcido, en fin, una cinta que te obliga a pensar. Como dice Oti Rodríguez, esta obra es «muchísimo más que una silla, (…) planos fijos en el sentido literal, contemplativo y fascinado de la palabra».

Hubo que elegir entre más de veinte horas de grabación, lo cual también es mérito de sus directores, sobre todo porque luego había que seleccionar y montar las escenas para que pareciera un continuum con sentido, atractivo y con sensación de verismo y espontaneidad.

Monólogo con fuerza que vierte conocimiento por doquier, recuerdos sobre el Madrid sitiado y hambriento de la Guerra Civil, el infortunio de una posguerra mísera, el mundo bohemio; historias de un joven trasnochador, bebiendo más de la cuenta porque le gustaba beber; su amor por la lectura, su fervor por Víctor Hugo o por Luís Buñuel, que para él fue el más grande.

También reflexiona sobre la mentalidad hispana, sobre la pandémica envidia que más que envidia es «menosprecio de la excelencia». Aquí queda la cosa.

  

El viaje a ninguna parte (1986)

Plena posguerra y puro franquismo. Un grupo de cómicos van de un lado para otro, hay amores y desamores, hay parentesco, dolorosas separaciones y felices reencuentros. Entremezclándose con todo, el trabajo de actores y actrices que buscan sobrevivir.

Es el mejor filme que dirigió Fernán Gómez, contempla este entrañable universo con una acertada mezcla de afecto y sátira. Estructurada con gran habilidad y con un reparto de lujo, supera felizmente su larga duración sin cansar en ningún momento.

Magistral dirección y guion de Fernán Gómez que adapta una novela de su autoría. Cuenta con lo más granado de los actores y actrices del momento: José Sacristán, el propio Fernando, Juan Diego, Mª Luisa Ponte, Gabino Diego, Agustín González, Óscar Ladoire, Simón Andreu y más, todos excelentes.

Gran comedia de Fernán Gómez en su labor de director y actor, y el reparto está a su altura, lo cual contribuyó a darle mayor énfasis y excelencia, si cabe, al filme.

Tragicomedia al más puro estilo español que narra con autenticidad y buenas dosis de humor, lo que fue el teatro itinerante, que el propio Fernando vivió de manera directa. «Un ácido, divertido e hiriente relato de aroma autobiográfico» (Martínez) y el más penetrante y lúcido retrato de la derrota en tiempos de posguerra que se ha visto en nuestro cine.

Elaboradas y largas escenas soportadas por unos geniales actores a los cuales Fernando, como él mismo declara, más que dirigirlos, los dejaba hacer.

Una oda al oficio de los «cómicos», personas que en aquellos entonces buscaban apaciguar el hambre con lo que sabían hacer, ya fuera bien o regular. Porque en esos tiempos, aspirar a la gloria sonaba a broma de mal gusto. Profesionales derrotados a los que el cine, los nuevos tiempos y la indiferencia del público, los habían dejado tocados de muerte.

  

La lengua de las mariposas (1999)

Se desarrolla la historia en 1936. Don Gregorio (Fernán Gómez) es un maestro de pueblo y libre pensador que enseña a Moncho con enorme consagración y paciencia sus conocimientos sobre literatura, naturaleza y hasta de las mujeres.

Pero late de fondo la política fatídica y el enfrentamiento fratricida, la cual hace acto de presencia cuando Don Gregorio es agredido por ser visto como enemigo del régimen fascista. Es de esta manera como entre el niño y el sabio preceptor se abre una brecha, fruto del contexto que los rodea; o sea, el maestro es marginado de forma expeditiva.

Excelente dirección de José Luis Cuerda y maravillosa interpretación de Fernán Gómez.

Película encantadora, humanista, intimista, idílica, costumbrista y emocionante; y también cruda en toda su extensión; de cómo el protagonista pasa de ser un sabio y respetado hombre a sujeto odiado por ser o parecer contrario a Franco. Como apunta Haro Tecglen: «es una obra durísima, triste y sin embargo llena de entusiasmo y de futuro. Una película de niños republicanos».

Sin olvidar un final que se queda en la retina y en la memoria, un final de cine bueno y capacidad para conmover.

memoriam-fernan-gomez-6-lengua

Cerrando

Cuando falleció, Fernando hizo su última puesta en escena y muchos personajes del cine y en general de las artes, desfilaron por el Teatro Español, donde estaba la capilla ardiente, a despedirlo. Cuentan que más de uno salía diciendo que no parecía un velatorio sino una representación.

Poco después, su cuerpo era incinerado en el cementerio de la Almudena, en una ceremonia reservada para los más íntimos, entre ellos su viuda, la actriz Emma Cohen.

En esa despedida no faltaron los aplausos, incluso algún que otro brindis con vino tinto y tango, como a él le gustaba.

Delante, su féretro cubierto con la bandera anarquista sobre la que se veía su medalla de la Real Academia de la Lengua.

Personalidades de todo tipo estuvieron, pero ante todo el público que aplaudió su teatro, leyó sus textos y vio sus películas. Esas obras ya forman parte de la memoria y la historia del arte en español.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

Más información:
Centenario de Fernando Fernán Gómez 
La silla de Fernando

memoriam-fernan-gomez-1